Comenzaba Fabio Jiménez su temporada lejos de Las Ventas. 15 de agosto, cuarto compromiso de esta temporada y el primero allende las exigencias y las responsabilidades propias de Madrid. Cosas del toreo, que está como está. Venía a anunciar el cartel cinco novillos; uno para el rejoneador Martín Ferrer y el resto para el propio Fabio y Diego Bastos, por este orden. El caso es que para el rejoneador se enlotaron dos novillos, los de menos cuajo, y Bastos vino a preceder a Jiménez por aquello de la antigüedad en debutar con picadores.
Los esfuerzos de Madrid vinieron a ser recompensados por los vecinos de Jiménez, a quien obligaron a saludar una fuerte ovación antes de abrirse de capa. Y fue ahí, desde los primeros pasajes de capote, cuando el novillo de Lora Sangrán ya punteaba arriba los engaños. Desde entonces, aquel defecto acompañaría la lidia de un novillo que aunó prontitud, nobleza y cierta exigencia. Consiguió la firmeza y el temple de Jiménez limar aquel terminar por las alturas del novillo con la mano derecha, mas no con la izquierda. Surgieron momentos de aplomo y poso en tandas en redondo reposadas y templadas. Hubo una rotunda, de gran hondura y profundidad. También de reunión. Supo dar pronto Fabio con las alturas, las distancias y el sitio que pedía aquel pitón derecho, que nunca fue ninguna maravilla y vino a parecer, por momentos, hasta bueno en las manos del riojano.
Sin terminar de imponerse a aquel complicado pitón izquierdo, Jiménez acertó esta vez con los aceros y paseó el doble trofeo que le abría la puerta grande de su plaza.

El sexto, con el hierro de Pincha, acortó viajes y protestó en la muleta de Jiménez. Algún pasaje de buen gusto salpicó un trasteo que se alargó en el tiempo, careciendo de contenido y desluciéndose entre la penumbra propia de las nueve y diez de la tarde.
Hizo segundo y, por lo tanto, primero para la lidia a pie un novillo muy rematado que se aplaudió de salida. Jugó con él bien los brazos y bajó las manos Diego Bastos en su saludo a la verónica. Un natural suelto fue todo el balance al alza del trasteo de Bastos en su primero. La falta de fuerzas del animal, cuando no su falta de recorrido o la defectuosa colocación del novillero, llevaron al traste cualquier atisbo de lucimiento. Además, se atascó con los aceros.
Como quinto se corrió un novillo de exquisito temple y ritmo soñado. Toreó por momentos a placer Bastos, aunque sin la rotundidad y la reunión que exigían las circunstancias. El mal uso del descabello acabó con toda posibilidad de triunfo.
Abrió plaza, tal y como estaba previsto, el caballero Martín Ferrer para protagonizar una actuación tediosa por lo duradera en el tiempo y también por la falta de ajuste durante toda la lidia. Pecó el jinete de dejarse tropezar la montura por un novillo de gran duración y superior nobleza. Sobraron capotazos por parte de sus auxiliadores y el excesivo uso de las espuelas.
Cosas del destino, el otro novillo para rejones, el que no recogía el cartel, cayó fulminado en el primer tercio, lo que vino a aligerar el devenir de una tarde que duró demasiado para la poca historia que albergó.
Plaza de toros de Alfaro. Novillada mixta.
Media plaza en tarde muy agradable.
Novillos de Lora Sangrán y uno, corrido en sexto lugar de Pincha. Desiguales de presentación; con cuajo y remate los de la lidia a pie y con menos presencia los destinados para rejones. Noble y de gran duración el primero. El cayó fulminado. Parado y sin mucho recorrido el segundo. Deslucido y exigente el tercero. De gran temple y ritmo el quinto. Deslucido el sexto.
El rejoneador Martín Ferrer, vuelta al ruedo y saludos en el que se inutilizó durante la lidia.
Diego Bastos palmas tras aviso y vuelta tras aviso
Fabio Jiménez: dos orejas tras aviso y silencio tras aviso.


