Pedro José Sáez Alfaro ejerció como profesor en colegio Santo Tomás de Aquino y Cristo Rey de Zaragoza entre 1968 y 1972, fue director del colegio público de Bolueta entre 1975 y 1978. En La Rioja fue uno de los profesores de Lengua y Literatura «más queridos» por los alumnos del instituto D’Elhuyar de Logroño.
Este martes, varias dotaciones de la Policía Nacional llegaban hasta el número 9 de la calle Pepe Blanco confirmando tiempo después la la muerte del exprofesor y poeta reconocido en La Rioja.
«Fue el mejor profesor de Lengua que he tenido nunca, y no solo lo digo yo. Todos mis compañeros estamos consternados por su muerte», explica Maite, jefa a día de hoy de la secretaría del centro y alumna del fallecido.
Todos coinciden en que tenía mucha paciencia al explicar, «se notaba que era totalmente vocacional, le encantaba enseñar y eso se notaba». Pese a su «corpulencia y vozarrón», calaba hondo entre sus alumnos: «Varios de mis compañeros estudiaron Filología porque Pedro les había trasmitido toda la verdad de la asignatura. Era realmente bueno».
Su andadura en el instituto logroñés terminó el día que se jubiló, el 31 de agosto de 2005. «Cuando yo llegué era el secretario y profesor de Lengua y Literatura», señala Abilio Jorge Torres, actual director del centro y profesor de Geografía e Historia. «Éramos vecinos de la zona y me lo encontraba mucho en el supermercado. Siempre me preguntaba por cómo iban las cosas en el instituto, seguía muy involucrado».
Además de buen profesor, sus compañeros señalan que era un muy buen secretario, ya que «lo tenía todo muy bien trabajado y controlado». Destacan de él que era un hombre polifacético, «tan pronto te sorprendía con profundos trabajos de investigación acerca de su pueblo, Cornago, como con grandes poemas que él mismo escribía. También daba masajes, estaba muy metido en las terapias orientales e, incluso, participaba como árbitro en partidos de pelota».
Para los miembros del centro que lo conocían ha sido una auténtica sorpresa la noticia de su fallecimiento y no se explican cómo un hombre «tan tranquilo, activo y dicharachero ha podido sufrir una muerte como esta».


