Andoni Iraola es la punta de lanza. Es el que abre camino, el que está llegando más lejos, el que ha profundizado más en esta idea que está seduciendo cada vez más a clubes y más importantes del fútbol europeo. Es una cuadrilla muy bien avenida. Iraola, Beñat San José, Iñigo Pérez… y por supuesto Unai Mendia, que acaba de renovar por la UD Logroñés, que se suma así a una idea de juego que se está dando buenos resultados.
Iraola ha triunfado por donde ha pasado. Mirandés, Rayo Vallecano, Bournemouth, y ha sonado para un gran club europeo, desde el Real Madrid al Milan pasando por los mejores club de la Premier como el Liverpool. Para el Athletic ha sido su gran deseo imposible. Iñigo Pérez acaba de hacer historia con el Rayo Vallecano, con el que ha jugado su primera gran final europea, e intentará hacerlo igual de bien la próxima temporada en el Villarreal. Beñat San José, tras coger conceptos en sus largos viajes por el fútbol sudamericano, ha tenido un final de temporada fantástico en el Eibar. Comenzó mal con el conjunto armero, pero su segunda vuelta ha sido de las mejores de la entidad aunque no le ha dado para meterse en el playoff por el ascenso. Y por último, Unai Mendia, que comparte el mal inicio de Beñat, pero con un final inmejorable, tras una buena segunda vuelta, ha logrado el ascenso -el segundo consecutivo- para demostrar que su idea, que esta idea que comparten estos cuatro entrenadores, no solo seduce al aficionado y al espectador, también trae buenos resultados.
No parece casualidad. Tampoco una coincidencia aislada. Entre ellos existen conexiones personales, profesionales y futbolísticas que van mucho más allá de una amistad nacida en los banquillos. Todos han compartido vestuarios, cuerpos técnicos, conversaciones y aprendizajes. Todos entienden el fútbol desde una mirada similar. Y todos han comprobado que, incluso cuando los resultados tardan en aparecer, mantener la convicción suele acabar dando sus frutos.
La historia arranca con Iraola. El técnico de Usurbil ha terminado convirtiéndose en uno de los entrenadores más cotizados del continente después de transformar al Mirandés, consolidar al Rayo Vallecano y llevar al Bournemouth a competir de tú a tú contra algunos de los gigantes de Inglaterra. Pero detrás de ese éxito hay mucho más que presión alta, transiciones rápidas o valentía ofensiva. Hay una forma de trabajar.

FOTO: Bournemouth
Una metodología que concede tanta importancia al entrenamiento como a la gestión humana. Que busca convencer antes que imponer. Que entiende que el jugador debe comprender cada movimiento, cada automatismo y cada decisión táctica. Una escuela que se ha ido extendiendo casi de manera natural a medida que sus integrantes han comenzado a recorrer caminos propios.
Uno de los primeros en hacerlo fue Iñigo Pérez. Cuando Unai Mendia decidió abandonar el cuerpo técnico de Iraola para emprender una nueva aventura profesional, el elegido para ocupar su lugar en Vallecas fue el joven entrenador navarro. El relevo no pudo resultar más simbólico. Uno salía para seguir creciendo por su cuenta y otro entraba para continuar absorbiendo una idea que acabaría llevando a su propia versión.
Apenas unos años después, Pérez se ha convertido en uno de los entrenadores más prometedores del fútbol español. Su Rayo ha mantenido muchas de las señas de identidad heredadas de aquella etapa: presión alta, agresividad sin balón, verticalidad, ritmo y una enorme confianza en el trabajo colectivo. Su llegada al Villarreal supone, en cierto modo, la confirmación definitiva de una corriente futbolística que ha dejado de ser una alternativa para convertirse en una referencia.
Mientras tanto, Beñat San José recorría medio mundo construyendo una carrera imposible de encajar en los cánones tradicionales del entrenador español. Arabia Saudí, Chile, Bolivia, Emiratos Árabes, Bélgica o México aparecen en un currículo tan exótico como exitoso. Campeón en distintos continentes, especialista en adaptarse a contextos muy diferentes y obsesionado con la construcción de identidades competitivas, San José representa una de las ramas más internacionales de esta generación de técnicos vascos.
Y es precisamente ahí donde vuelve a aparecer Unai Mendia. Porque antes de sentarse en el banquillo del Teruel y mucho antes de llegar a Las Gaunas, el técnico guipuzcoano entendió que necesitaba ampliar horizontes. Había trabajado junto a Iraola en el Mirandés de la temporada 2019-20 y después en el Rayo Vallecano. Vivió un ascenso a Primera División, una semifinal de Copa del Rey y la consolidación de uno de los proyectos más admirados del fútbol español. Pero quería ser primer entrenador. Quería asumir riesgos. Quería equivocarse por sí mismo.
Decidió alejarse de su zona de confort. Su siguiente parada fue junto a Beñat San José en Sudamérica. Un movimiento aparentemente secundario que, visto con perspectiva, resulta fundamental para comprender al entrenador que ha llegado a Logroño para ascender al equipo y ahora caminar juntos en Primera Federación. Allí completó su formación observando otra manera de competir, de gestionar grupos y de interpretar el juego. Allí terminó de construir una mochila profesional que combinaba las enseñanzas de Iraola con la experiencia internacional de Beñat.

El Rayo finalista en Europa es la gran creación de Iñigo Pérez. / FOTO: Rayo
Después llegaron los desafíos propios. Primero el Teruel. Después la UD Logroñés. Y en ambos casos se repitió una secuencia que ya había acompañado a varios integrantes de esta corriente futbolística. Los comienzos fueron complicados. Las dudas aparecieron. Los resultados no llegaron con la velocidad que exigía el entorno. Pero la idea permaneció intacta.
Le ocurrió a Iraola en Inglaterra, incapaz de ganar durante semanas mientras el Bournemouth resistía la presión externa. Le ha ocurrido a Beñat en Eibar esta misma temporada antes de protagonizar una segunda vuelta histórica. Y le ha ocurrido a Mendia tanto en Teruel como en Logroño. La diferencia es que todos terminaron encontrando el mismo final. Los resultados.
El ascenso del Teruel confirmó que Mendia estaba preparado para caminar solo. El de la UD Logroñés ha reforzado todavía más esa sensación. No únicamente por el objetivo alcanzado, sino por la forma de conseguirlo. Un equipo reconocible. Valiente. Competitivo. Capaz de dominar escenarios distintos y de sostener una identidad incluso en los momentos de mayor presión.
Por eso la renovación anunciada por el club riojano trasciende la simple continuidad de un entrenador que ha ascendido de categoría. La UD Logroñés ha decidido apostar por un técnico que forma parte de una de las corrientes más influyentes del fútbol español contemporáneo. Una escuela sin nombre oficial, pero perfectamente identificable. Una red de entrenadores que se conocen, se respetan, comparten experiencias y continúan creciendo por separado mientras mantienen una raíz común.

FOTO: Fernando Díaz
Iraola dirige en la élite europea. Iñigo Pérez aterriza en un club con aspiraciones continentales. Beñat San José ha devuelto al Eibar a la pelea por el ascenso a Primera. Y Unai Mendia acaba de renovar en Las Gaunas después de enlazar dos ascensos consecutivos.
Quizá sea pronto para saber hasta dónde llegará esta generación de entrenadores. Pero cada temporada aparecen nuevas evidencias de que no se trata de una moda pasajera. La escuela sigue expandiéndose. Y ahora también tiene una sucursal en Logroño.


