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El Hincha Enmascarado riojano vuelve a la carga con su pequeño Robin

Dos figuras completamente vestidas de rojo avanzan por las calles de Nueva York. Llevan el rostro cubierto, un antifaz amarillo y un sombrero negro de ala ancha. Parecen un superhéroe y su pequeño ayudante camino de una misión extraordinaria y en cierto modo, lo son. No han cruzado el Atlántico para salvar la ciudad, pero sí para intentar presenciar una de esas noches capaces de quedarse grabadas para siempre: la final del Mundial entre España y Argentina.

El mayor es conocido como El Hincha Enmascarado, un riojano que lleva más de una década siguiendo a la selección española por los grandes escenarios del fútbol internacional. El pequeño es su hijo de diez años, su ya compañero inseparable, su joven promesa, su particular Robin. Juntos esperan en Nueva York el último capítulo de una aventura que comenzó mucho antes de que él naciera.

El personaje apareció por primera vez durante la Eurocopa de 2012, la de Polonia y Ucrania. Allí fue la primera vez que un ‘héroe’ enfundado en unas mallas rojas, una máscara amarilla, un sombrero y la bandera de España empezó a aparecer para sorpresa de todos en estadios, calles y celebraciones en diferentes ciudades y países.

Aquel torneo terminó con España levantando la Eurocopa. Doce años después, el Hincha Enmascarado volvió a presenciar en directo otro triunfo continental, el de 2024. Y ahora persigue su tercer gran título junto a la selección, aunque esta vez la aventura es diferente: ya no viaja solo.

Una pasión que pasa de padre a hijo

Su pequeño acompañante disputó, desde la grada, su primera gran final con apenas ocho años. Ahora, con diez, se dispone a vivir una final del Mundial en Nueva York. Es, posiblemente, el riojano más joven en haber presenciado una final de la Eurocopa y otra mundialista.

Su padre creció soñando y sufriendo con el desaparecido Logroñés y pasó toda su infancia viendo los grandes torneos internacionales a través de la televisión. En 2010, cuando España conquistó el Mundial de Sudáfrica, no tenía los medios necesarios para desplazarse hasta allí. Con el paso de los años, cuando pudo permitirse seguir a la selección en sus viajes internacionales, decidió no faltar.

Ahora tiene la oportunidad de ofrecerle a su hijo aquello con lo que él soñaba de pequeño. «Para mí es como el sueño de cualquier niño. Poder ver todo lo que nosotros veíamos desde nuestro sofá él lo está viviendo en directo con su padre y con los amigos de su padre y eso me hace muchísima ilusión. Es como poder hacer realidad el sueño que todos teníamos de pequeños».

Nuestro Robin quizás todavía no sea plenamente consciente de la dimensión de lo que está viviendo. Ha cruzado el charco, ha llegado a Nueva York y espera una final mundialista cuando todavía está en Primaria. Mientras, su padre recuerda que él no subió a un avión hasta los 18 años. «Son experiencias que pertenecían a otro mundo para nuestra generación y ahora podemos compartirlas juntos».

Pero el Hincha Enmascarado explica que seguir a la selección no consiste únicamente en ocupar un asiento durante un partido. «El fútbol es la excusa que abre la puerta para todo lo demás: viajar, conocer lugares nuevos, descubrir culturas y convivir con seguidores llegados desde distintos puntos del mundo».

Está claro que vivir una final desde el estadio nada tiene que ver con vivirla desde el sofá o el bar. Aunque algún punto en común tienen ambas situaciones porque, que levante la mano el que no tiene ya los nervios a flor de piel por lo que pueda pasar el domingo. Lo que nos perdemos los que estamos aquí es la previa en los aledaños del campo, los cánticos, el camino hacia el estadio y el encuentro con otros seguidores. «Todo eso es el verdadero espectáculo y después, en la grada, cada gol, cada ocasión y cada decisión del árbitro multiplican tus emociones».

El Hincha Enmascarado lo describe así: «Parece que eres un jugador más, que formas parte del equipo. Todo se eleva a la máxima potencia: la ilusión, los nervios, la rabia…».

Y todos estos sentimientos también los viven los miembros de Marea Roja 2012, la peña creada por un grupo de aficionados que coincidió durante aquella Eurocopa de Polonia y Ucrania. «Desde entonces hemos seguido juntos a la selección. Somos seguidores de diferentes puntos de España, incluidos varios riojanos». Todos unidos por una afición que no entiende de distancia.

Las 24 horas de un padre y un hijo

Lo parecen, pero nuestros protagonistas no son superhéroes, así que «hay que darse cuenta de que viajar con un niño cambia la aventura. Hay que buscar horarios más razonables, desplazamientos cómodos y una organización diferente». Pero también permite compartir algo cada vez más difícil de encontrar dentro de la rutina diaria: tiempo.

«Durante estos días estamos juntos las 24 horas del día. Recorremos la ciudad, hacemos turismo, comemos, descansamos, hablamos de fútbol y de nuestras cosas y eso refuerza mucho la relación».

El domingo España puede levantar la Copa del Mundo. Para el Hinca Enmascarado supondría cerrar un círculo que empezó en 2012 y añadir una nueva fotografía a su colección de viajes, estadios y celebraciones. Enfrente estará Argentina y un futbolista al que este Hincha admira profundamente. «Soy muy fan de Messi y es el primer partido en el que quiero que no gane».

Pero, ¿qué pasa si España pierde? Nada. Las máscaras no quedarán guardadas para siempre en un cajón, porque esta afición no nació con una victoria ni desaparecerá con una derrota. «Seguiremos con la misma fuerza y las mismas ganas. Estaremos con la selección tanto en la victoria como en la derrota». De hecho, el siguiente destino ya aparece en el horizonte: la Eurocopa de 2028, que se celebrará en Reino Unido e Irlanda.

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