El último pastor de Anguiano tiene hasta doce perros pastores, once de ellos son mastines, y el otro no tiene cuatro patas sino cuatro rotores. Con el dron que adquirió hace cosa de seis años, Diego Díez es capaz de llegar a lugares inaccesibles en coche o a pie, supervisando a sus ovejas a vista de pájaro e incluso guiándolas hacia donde quiera. Una herramienta perfecta para facilitar el manejo del ganado en el monte.
Fue hace trece años cuando el zarrio, como se les conoce a los vecinos de Anguiano, compró sus primeras cien ovejas, llegando incluso a superar los 900 animales pastando por la Sierra de la Demanda, aunque ahora tiene unas 600 cabezas.
Al Gorrilla, como le llaman gracias al apodo heredado de su abuelo (quien también le dejó sus antiguos cencerros), esta profesión no le viene de herencia familiar porque hasta incorporarse a la ganadería estuvo trabajando en la construcción, como su padre. «Mi abuelo sí que tuvo ovejas, pero como tantos otros por aquel entonces. En el pueblo igual llegó a haber más de 30.000 ovejas, no eran rebaños grandes pero todas las casas tenían ganado», recuerda Díez en los micrófonos del podcast La Voz del Agro.
«No había mucho trabajo en la construcción y ya andaba con la idea de comprar un poco de ganado. Me gusta la vida de pueblo y esta es una forma de vivir aquí y tener un beneficio», relata quien tiene las ovejas todos los días en el monte hasta que llega noviembre y las baja a la nave. «Para el Día de La Rioja las suelo esquilar y suben al monte, a la zona de Serradero. Lo que hago es subir al monte, echo de comer a los perros y controlo a las ovejas por si alguna anda coja, hay que curarla o lo que sea. Siempre subo al amanecer porque es la única forma de ver si hay cadáveres y eso te lo dicen los buitres. Luego ellas van donde quieren, saben mejor que yo dónde hay comida y se gestionan el alimento, pero el manjar para ellas es la hierba del Serradero, por la frescura que hay allí y porque tienen el agua al lado. Los viejos dicen que valía más un puñado de hierba del Serradero que una lata de pienso».

Díez posó la atención en las nuevas tecnologías gracias al piloto riojano de drones Rafa Ocón. «Fue él quien me animó a comprarme este dron y me decidí cuando mi perro se quedó cojo por un accidente, por lo que necesitaba algo para aplicar las ovejas. Rafa me lo puso muy fácil y lo cierto es que me gustó por la función que hace a la hora de conducir las ovejas y vigilarlas. No es como la gente se piensa, que puedes estar en el sofá y manejarlo desde ahí, pero hace mucha labor porque por ejemplo, al amanecer cuando están cayendo los buitres a un sitio concreto yo puedo ver rápidamente dónde van porque eso significa que hay carne. No he llegado a ver el lobo con él, pero algún día lo conseguiré».

Este ganadero hizo el curso de formación en el manejo de este dispositivo en la Escuela de Pastores de Brieva de Cameros, subvencionado por el Gobierno de La Rioja. «El mío tiene varios años, pero si ahora fuera a comprar un dron sería con muchas más prestaciones y cámaras térmicas que permiten ver si un animal tiene fiebre o está enfermo. Cada vez hay más avances, como con los collares GPS para el ganado y el recinto virtual. Al final son herramientas de apoyo al pastor y para mí ahora mismo sería impensable trabajar de la forma tradicional, que escuchara los cencerros y tener que ir a buscar las ovejas. Es que no sería viable. Con los drones o incluso con los collares no puedes hacer nada, pero al menos sabes dónde está el animal», recalca.

«Procuro aprender de mi experiencia y evolucionar en cada etapa, que creo que de eso se trata. Voy poco a poco modernizándome para saber aprovechar las tecnologías y su uso en la ganadería, para seguir disfrutando de este oficio. Mi vida es esto, las ovejas, mis perros, el monte,… Mi vida ha pasado a ser una vida contemplativa y lo llevo bien. No me voy a hacer rico con esto, eso ya lo sé, pero lo de vivir bien lo tengo asegurado. Tengo tiempo para mí y para hacer lo que quiero. Eso vale mucho», sentencia este pastor de la Demanda que no suelta su vara, pero tampoco su dron.


