Especial Enoturismo

La cata del Barrio de la Estación, entradas a ritmo de Bad Bunny

La tecnología puede vender entradas en segundos, ordenar datos, anticipar problemas, gestionar accesos y ayudar a que un gran evento funcione con precisión casi quirúrgica. Pero hay algo que todavía no puede hacer: catar un vino, caminar entre bodegas centenarias o convertir una jornada en un recuerdo compartido. Esa ha sido una de las ideas que han defendido Roberto Puras, coordinador del Barrio de la Estación, y Javier Gurría, CEO de The Torre, en la charla sobre el papel de la tecnología en un evento enoturístico. La conclusión ha sido clara: las herramientas digitales son imprescindibles pero el vino debe seguirse viviendo en persona.

El caso elegido ha sido el de la Cata del Barrio de la Estación de Haro se celebra cada dos años y el próximo sábado 13 volverá a reunir a unas 3.500 personas en uno de los grandes escenarios del vino riojano. Seis bodegas centenarias, gastronomía, calles llenas, grupos de amigos, visitantes de fuera y una sensación de fiesta que ya ha convertido esta cita en algo más que una degustación. Puras ha recordado que la venta de entradas del evento ha desbordado todas las previsiones. «Nuestro récord histórico había sido en 2024, cuando vendimos todas las entradas en tres meses y nos parecía fugaz», ha explicado. Esta vez, sin embargo, las cifras cambiaron de escala.

FOTO: Fernando Díaz

La primera tanda dejó una imagen muy gráfica de la dimensión del fenómeno. Según ha detallado Gurría, llegaron a venderse 1.515 entradas en apenas 25 segundos. Y no solo eso: «Tuvimos peticiones por 10.000 entradas en un minuto y medio». La plataforma resistió la venta, aunque no todo lo demás aguantó igual. Puras lo ha resumido con humor y algo de sudor frío: «Tengo contabilizadas 2.300 llamadas ese día, atendidas todas por el equipo de atención al cliente, que soy yo».

Aquel episodio obligó a repensar la segunda salida de entradas. Ahí entró una de esas soluciones que a nadie le gusta cuando compra, pero que a veces resulta imprescindible: el sistema de colas. «Toda la tecnología tiene solución», ha señalado Gurría, antes de explicar que la segunda tanda, con unas 2.000 entradas, se vendieron en apenas dos minutos. El dato, más allá de la anécdota, confirma que la Cata del Barrio de la Estación es un reclamo nacional e internacional que mueve deseo, planificación y hasta viajes organizados con mucha antelación.

FOTO: Fernando Díaz

Puras ha aportado otro dato revelador: entre quienes han comprado entradas hay público de 35 provincias españolas y de siete países. Y todo para una sola jornada. A su juicio, el secreto está en una fórmula que no conviene tocar demasiado: las bodegas del Barrio de la Estación, sus vinos, la gastronomía riojana, la artesanía, la tradición, la cultura y, sobre todo, la posibilidad de recorrer a pie un espacio único. «En una misma jornada, a pie, poder visitar seis bodegas centenarias es algo muy especial», ha destacado. La estructura del evento, ha reconocido, puede incorporar vinos nuevos, propuestas gastronómicas diferentes o actividades complementarias, pero la esencia debe seguir siendo la misma.

Gurría ha insistido en que la tecnología debe acompañar, no levantar barreras. Puede servir para resolver dudas repetidas, facilitar recorridos personalizados, recomendar opciones según preferencias o gestionar mejor la llegada de miles de personas. Incluso la inteligencia artificial podrá tener un papel en el futuro, aunque con límites muy claros. «No sé qué tal se le dará catar los vinos», ha bromeado. La clave, ha añadido, es que cada visitante viva «su propia cata», porque con 3.500 personas habrá también 3.500 recuerdos distintos. Unos irán en pareja, otros en cuadrilla, muchos en familia y otros tantos utilizarán la cita como punto de encuentro con amigos que regresan edición tras edición.

FOTO: Fernando Díaz

Los datos, eso sí, se han convertido en una herramienta fundamental para preparar mejor cada evento. Procedencia, edad, transporte, anticipación en la compra o necesidades hoteleras permiten tomar decisiones con más criterio. “No nos olvidamos nunca de que somos destino”, ha subrayado Puras. La Cata no termina en las bodegas: afecta a Haro, a La Rioja y a todos los servicios que acompañan al visitante antes y después del evento. Saber de dónde viene el público, cuándo compra o cómo se desplaza ayuda a ordenar mejor la experiencia y a trabajar de forma coordinada con alojamientos, transporte y municipios próximos.

La charla ha dejado además una reivindicación muy riojana. Gurría ha defendido que los grandes eventos del territorio deben apoyarse también en empresas de aquí. «Los grandes eventos tienen que estar vendidos por empresas riojanas», ha señalado. Porque la tecnología, bien entendida, no solo ayuda a vender entradas o escanear códigos QR. También puede reforzar marca, destino y orgullo de pertenencia. Pero sin olvidar lo esencial: que el vino, al final, no cabe del todo en una pantalla. Hay que olerlo, probarlo, caminarlo y compartirlo.

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