El cereal en La Rioja ha pasado de un abril caluroso y seco a un comienzo de mayo pasado por agua y, de nuevo, a un final de mes marcado por las altas temperaturas y la ausencia de lluvia. Todo ello coincidiendo con el periodo clave que determina el buen porvenir o el declive de las cebadas, trigos y demás herbáceos. Esta vez la meteorología dio un respiro al labrador con esos chaparrones cuando más falta hacían, pero estos calores recientes han cambiado de nuevo las perspectivas de cosecha.
«No hay más que ver el cambio de color que han dado los cereales en estos últimos días, con un calor que los está abrasando. Y veremos qué tiempo viene para principios de junio, pero si este calor extremo permanece la cosecha se va a adelantar». Así lo refleja Luismi Ezquerro desde la Cooperativa Garu en Ausejo. En esta zona las fechas habituales de inicio de campaña rondan el 15 de junio, «aunque alguno igual se anima antes a probar cómo sale y puede que esta vez se cojan antes los guisantes porque han dado un cambio enorme».
El responsable de este almacén se refiere a este hecho meteorológico como «efecto microondas»: «Llevamos muchos días con muchas temperaturas, así que al final el cultivo se calienta y es posible que no llegue a la madurez correcta. Aunque todavía es pronto para saber cómo va a madurar el grano porque hasta que no se empiecen con las primeras cosechas no se verá si el grano llega a la madurez casi completa o se va a quedar parte de la cabeza en lengua de pájaro y se va a mermar parte de la cosecha».
Si bien el escenario de producción no apuntaba ni de lejos a una cosecha «histórica» como la que se vivió hace un año en algunas zonas de La Rioja Media y La Rioja Baja, las previsiones de Ezquerro apuntan a «una producción más reducida de lo que se esperaba en un principio».
Por si fuera poco, esa humedad de las primeras jornadas de mayo ha traído consigo la irrupción de malas hierbas, como la avena mala o el llamado lluejo (vallico). «El ciclo del herbicida sí funcionó pero ahora, con las nuevas lluvias, ha salido la segunda generación de malas hierbas y hay fincas en las que se ven bastante», advierte. Una situación que puede provocar problemas si se obtienen niveles altos de humedad una vez se coseche el grano si este se seca antes que estas hierbas.
En cuanto a la incidencia de enfermedades, como las royas o la septoriosis, el campo muestra cómo «hay quien ha tratado las fincas y quien no». «Una vez culmine la cosecha se verá si ha habido daños por pérdidas de producción a consecuencia de estas enfermedades o no, pero la incidencia es similar a otros años», apunta el responsable de la cooperativa de Ausejo.


