Cabetas está protagonizando una fase final a gran altura. Fue un bastión en Getafe, y lo volvió a ser este pasado domingo en Las Gaunas ante el Sanse, en el más difícil todavía. Un seguro de vida en los balones aéreos, Cabetas soporta buena parte de las responsabilidades defensivas blanquirrojas. Y sin embargo, nadie está libre de pecado en esta Segunda Federación. El fallo espera a la vuelta de la esquina. Y el central aragonés lo vivió en sus propias carnes.
Eligió mal. Muy mal. Y decidió romper la primera línea de presión con el balón en conducción bajo su cuenta y riesgo. No hubo agilidad mental para hacer una valoración de daños. Que llegaron a continuación. Robo, con el equipo abierto en salida de balón. Contra de manual. Dos para dos. Cabetas fuera de la jugada. Aritz Muguruza, su mejor socio, corrió en su ayuda. Un sprint decisivo en una jugada de valor gol.

Taliby observa a Cabetas en su intento de superar a Fer Ruiz: segundos después Muguruza resolvería el error con atino. FOTO: Fernando Díaz
Despejó la pelota tras el disparo del delantero madrileño. Finura defensiva. No necesitó arriesgar, tampoco apurar. No tuvo que hacer falta y jugarse la expulsión. El central vasco decidió de lujo. No dudó. Corrió más que nadie. Quizás con todo en su contra. Pero llegó para impedir que esa pelota alcanzara la portería que defendía Taliby.
Así es la UD Logroñés de Unai Mendia. Hay momentos en la temporada para el lucimiento. Quizás, todos ellos han tenido un momento para sentirse protagonistas. Pero ahora, en medio de unos playoffs, este equipo parece convencido de que lo único importante -como así es- es el resultado final. Ganar. Solo vale ganar. Y tras tres triunfos seguidos en sendos encuentros de este playoff, la UD Logroñés se planta en la última cita de la temporada sabiendo que le vale cualquier resultado, salvo perder.
Es el momento de la generosidad. De ser solidario con todos y cada uno de los compañeros que están sobre el terreno de juego. El playoff te lleva al límite de la máxima exigencia, de dar siempre un punto más cuando parece que es imposible superar ese nivel. El equipo jugó este domingo mejor que la semana pasada, y espera hacerlo un poco mejor el próximo sábado, cuando todo acabe y comience algo nuevo: o una temporada más en Segunda Federación o un curso diferente, por fin, en Primera Federación.

Lupu presiona para intentar recuperar un balón. FOTO: Fernando Díaz
La ida ante el Sanse exigía lo que puso este equipo sobre el terreno de juego. Le tocó sufrir de inicio hasta que se hizo con el control. Enfrente, un rival duro, intenso, tácticamente muy bien entrenado, con capacidad para hacer daño. Son jugadores, los rivales, acostumbrados a superar con éxito todos los duelos, y desde ahí ganar muchos partidos. Y así salieron a Las Gaunas. Con esa intención. Sintiéndose dominadores sin necesidad de tener el balón. La UD Logroñés sufrió, y supo sufrir, como en el inicio de la segunda parte ante el Getafe B también en el estadio logroñés.
Era el momento de echar una mano. Y todos ayudaron. Marí a las coberturas de Rivero y Benítez; Santana y Morales acompañando a sus laterales, mientras Camacho y Val andaban recibiendo en este inicio las credenciales de unos extremos visitantes a los que se medían por primera vez. Desde ahí el equipo comenzó a crecer, para encontrar un gol en su primer acercamiento, en un remate certero de Rosas.
Así se logran las victorias entre equipos tan parejos, en una actitud defensiva colectiva innegociable. Todos arriman el hombro, a la espera de que llegue ese chispazo de calidad -como el gol de Berto- que gana partidos, que suma victorias, que acerca los objetivos.

Anai Morales trabaja en defensa en el partido de este domingo en Las Gaunas. FOTO: Fernando Díaz
La UD Logroñes está hecha de una aleación muy especial. Sabe sufrir porque ha sufrido esta temporada y siempre ha levantado la cabeza. No se ha hundido como ha sucedido en otras temporadas. Ha mantenido el tipo pese a la derrota en La Salera, a perder contra el Alfaro en Las Gaunas, a recibir tres del Utebo, a ir perdiendo 3-1 contra el Basconia para acabar sumando un punto más importante de lo que entonces parecía. A golear al Gernika cuando se podía quedar lejos de la quinta plaza. A hacerlo de nuevo contra el Amorebieta tras el mal mes de enero.
Resiliencia como emblema de un equipo que parece situado muy por encima de las individualidades, necesarias para superar el trance de los playoffs. Matapiñonera será la última prueba para una plantilla muy competitiva, que ha puesto pie en pared para encajar cualquier golpe y seguir como si nada en el objetivo de esta temporada, lograr un ascenso que está al alcance de su mano: a noventa minutos de puro sufrimiento en donde no les hace falta ganar, les basta con no perder, pero seguro que irán a ganar, porque así es el equipo de Unai Mendia.


