El Rioja

Las cinco piezas para el puzle varietal de Rioja

Las cinco tintas amparadas por Rioja conforman Izadi Selección

Roberto Vicente (izquierda) y Alfonso Arciniega, enólogo y responsable de Viticultura en Bodegas Izadi, respectivamente. | Fotos: Leire Díez

Tempranillo, garnacha, mazuelo, graciano y maturana. Todo en clave tinta.  Con mayoría de tempranillo, algo indiscutible en Rioja y, más concretamente, en Rioja Alavesa, pero sabiendo jugar con el potencial del resto de tintas amparadas en la DOCa para crear este puzle varietal. Fue en 2011 cuando Bodegas Izadi, afincada en Villabuena de Álava, decidió que su vino Selección iba a albergar todas las variedades tintas autóctonas de la denominación, aunque tuvieron que pasar varios años de aprendizaje, de pruebas de proporciones y de modificaciones para dar con la tecla idónea.

Los orígenes de esta referencia se remontan al ensamblaje de tempranillo y graciano, con una proporción del 80-20, respectivamente. No fue hasta 2015 cuando entró en este juego de vinificaciones un tercer eslabón: la maturana. En 2018 se dio paso a la garnacha y, un año después, se completó el ‘equipo’ con la mazuelo. No fue casualidad, sino que esta era una variedad menos conocida entre el equipo de bodega. Y es que aunque las viñas de mazuelo de las que se nutre este vino llevan tiempo formando parte de la bodega, nunca antes se habían elaborado por separado. «Teníamos claro que antes queríamos aprender cómo se comportaba cada una independientemente del resto para luego saber cómo combinarlas de la mejor manera para obtener el vino resultante», destaca Roberto Vicente, enólogo de Izadi.

Una de esas viñas de mazuelo es la de Cuesta de Carralciego, en Villabuena. Apenas media hectárea con cepas de unos 30 años. Esta es una de las cuatro parcelas de mazuelo que participan en el ‘coupage’, tres de ellas ubicadas en Villabuena y una cuarta ubicada en el territorio de Ábalos, aunque lindando con este término municipal. «Antes estas uvas maduraban muy mal en esta zona, por eso había poco, al igual que ocurre con la garnacha y el graciano, que hay muy poca superficie plantada. Ahora, en cambio, estas variedades más minoritarias maduran bien aunque sean de ciclo más largo», apunta el responsable de Viticultura, Alfonso Arciniega.

Su vendimia será de las últimas en llegar a la bodega (junto con una parcela en Laguardia que está a unos 800 metros y alguna que otra en Ábalos, en este caso de proveedores) y es que desde que se cogen los primeros tempranillos hasta que llegar el mazuelo y el graciano transcurren prácticamente unos quince días de cosecha para el Izadi Selección. «Al final está todo cerca, pero hay mucha variabilidad en la viña. En esta zona de Villabuena, por ejemplo, no vegetan tanto y no hay apenas que despuntar, pero en la zona más alta, en Samaniego, ocurre lo contrario porque es más fresco. Hay que tener en cuenta que el mazuelo es una variedad más productiva que el tempranillo, la garnacha o el graciano, con cepas que traen muchos racimos. Además es una variedad de ciclo largo, por lo que en años fríos le cuesta madurar más. Lo que pasa que venimos de unos años en los que el tiempo permite alcanzar el grado alcohólico óptimo», señala Arciniega. La vendimia de tinto ya ha comenzado en bodega esta misma semana, pero para llegar a esta viña habrá que esperar a la semana del 6 de octubre, previsiblemente, con el foco puesto en torno a los 13,8 de porcentaje de grado alcohólico.

«Este año dudo que estemos vendimiando para el Día del Pilar porque, además de que viene temprano, no hay producción. Si ya la cosecha anterior fue la más corta de los últimos treinta años, esta va a ser parecida, si bien es cierto que las fincas en Ábalos y Samaniego se han comportado mejor que el año pasado. En Laguardia y Villabuena, en cambio, ha habido más daños de pedrisco y mildiu». No obstante, no será la misma situación que en 2017, cuando la bodega de Villabuena registró su vendimia más corta en kilos por esa histórica helada, teniendo en cuenta que el número de proveedores también era menor.

Por suerte, a este mazuelo de Carralciego no le llegó el granizo que sí golpeó al otro lado de la carretera. De hecho, otra de las viñas de mazuelo cercanas tiene la mitad de la cosecha porque ahí sí que llegó la piedra. «Le pegó la primera piedra, por lo que le hizo daño a lo recién brotado. Sin embargo, en los nuevos brotes no ves daño pero no han traído uva». Otro punto positivo para esta variedad, unido a su buena fertilidad, es su resistencia al mildiu, que tan presente ha estado durante todo el ciclo en los viñedos de la denominación. «Aquí el hongo se ha controlado bastante bien, también lo que tenemos en ecológico, aunque ha sido mucho más sensible en Navaridas y Laguardia. Hay viñas en ecológico que han perdido el cien por cien y nosotros igual tenemos el 5 por ciento. De hecho, en Laguardia hemos tenido que pedir revisión de los rendimientos amparados de producción y nos han dado el 90 por ciento, es decir, los 5.850 kilos por hectárea. Es más, esa viña está mejor que en los dos últimos años. Al final creo que la clave ha sido estar muy pendiente y el ir por delante porque todo el mundo ha echado muchos tratamientos pero la diferencia ha sido elegir las fechas y adelantarse a las tormentas. El año anterior pasamos el año con cinco manos de tratamientos en convencional y seis en ecológico, y este año hemos tenido que echar diez, once y hasta doce manos, pero menos mal que hemos invertido en tratamientos porque tenemos prácticamente una producción media». Un esfuerzo que también les ha permitido mantener alejado el oídio de estas viñas, teniendo en cuenta la sensibilidad del mazuelo a esta enfermedad. «Ha sido un año muy sano en ese sentido».

Y tras el trabajo en campo, tocará ponerse manos a la obra en bodega. Cada una de estas cinco piezas del tablero de juego se elabora por separado, con un 80 por ciento de tempranillo, un 10 por ciento de graciano y el 10 diez por ciento a repartir entre las otras tres variedades (las cantidades varían en función de la añada). Los depósitos que se emplean varían desde los 2.000 kilos (en el caso del graciano y la maturana) a otros de 5.000 o 10.000 kilos en el caso del tempranillo e incluso a ánforas de barro donde la garnacha coge forma y evoluciona pero evitando el aporte de la madera para que así no pierda su esencia. La mezcla se produce una vez concluidas las fermentaciones y el periodo de crianza (que tiene una media de 18 meses). «En esta fase del proceso jugamos con maderas de diferentes usos en función del tipo de uva. En el tempranillo se emplean algunas barricas nuevas, mientras que el mazuelo y el graciano siempre van con madera usada porque la barrica nueva se come este tipo de variedades. De igual forma, para la maturana usamos barricas usadas pero en este caso más jóvenes. Después, se junta todo y el vino pasa al menos un año más embotellado en bodega antes de salir al mercado», explica el enólogo.

Y aquí llega la hora de jugar con el potencial de cada uva, equilibrando proporciones para que ningún matiz sobresalga del resto: «Lo que hace el mazuelo es conseguir que el vino se estire, que gane en longevidad. Al final es una variedad que tiene acidez y también mucho color, pero no tiene estructura. Para eso ya tenemos el tempranillo, que aporte ese esqueleto necesario, además de un dulzor sutil. El mazuelo nos da mucha fruta fresca y ácida que ayuda a quitar potencia al vino y darle más elegancia y suavidad, además de bajar el grado que conseguimos con el tempranillo, que suele entrar con uno 14,5».

Con las otras tres variedades hay que controlar más el aporte para conseguir ese equilibrio entre rebajar el vino pero sin quitarle estructura. «Es el caso de la garnacha, que apenas con un pequeño porcentaje hace que el vino cambie completamente. Tiene frescor, pero es mucho más dulce y sabrosa. El graciano, en cambio, tiene más pirazinas (aromas a pimiento verde), así como mucho color y acidez. Y la maturana, aunque también tiene color, en su caso aporta una estructura y profundidad impresionantes. Eso sí, es una variedad que tiene mucha personalidad con un perfil de pimienta madura y pimiento rojo que marcan mucho en el vino, por lo que si te pasas de proporción puede hacer que el vino deje de ser Izadi Selección y pase a ser otra cosa», puntualiza Vicente. Todo un arte de mediciones para que cada uva muestre su riqueza sin ocultar la del resto.

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