Año tras año se demuestra que el maridaje entre Familia Ontañón y NueveCuatroUno deja sabrosos aromas en los aires de noviembre. Una alianza que ha permitido que por el templo que se encuentra en el corazón de la bodega de Logroño hayan pasado estos años cocineros, sumilleres, enólogos y un sinfín de personas relacionadas y apasionadas por el mundo del vino. Esta vez, y con la complicidad de la doctora María Paz Diago, la temática ha ido enfocada a uno de los mundos quizás más desconocidos, pero también más necesarios de la viticultura: la investigación.

Cinco jóvenes investigadores han desgranado alguna de sus líneas de trabajo. Gonzalo Soriano Sancha (Universidad de La Rioja), Ignacio Vicente (ICVV, CSIC), Inés Hernández (ICVV, Universidad de La Rioja), Leticia Martínez Lapuente (ICVV, Universidad de La Rioja) y Javier Portu Reinares (ICVV-Gobierno de La Rioja) han ofrecido una conferencia llena de innovación, investigación y retos de cara al futuro.

Así, Raquel Pérez de Ontañón, y Manuel Martín de NueveCuatroUno han sido los encargado de dar la bienvenida al público asistente con «la intención de profundizar en los valores del mundo del vino aplicados a la ciencia» y así «empujar esa parte más soterrada, esas historias que se viven en los laboratorios y que son tan interesantes de conocer». Maria Paz Diago lo ha dejado claro: «Hay que saber trasladar el conocimiento a la sociedad».
Con el objetivo de hacer accesible lo complicado y poner en valor las sinergias de las diferentes ramas de la ciencia, se han podido conocer los interesantes trabajos de estos excelentes talentos. Es el caso de Javier Portu. Su día a día está relacionado con la importancia del material vegetal y de las variedades. «Lo importante es aprender a conservarlos y ponerlos en valor».

Después de explicar la diversidad de variedades que existía en los viñedos antiguos y que se ha ido perdiendo a lo largo de los años, ha detallado proyectos que están poniendo en valor la diversidad genética de las uvas más allá de las limitaciones culturales o el prestigio que tienen unas frente a otras. «Explorar la variedad será más factible a medio plazo gracias a una línea de investigación que tiene como objetivo conservar y preservar materiales antiguos, tener un reservorio de genes para proyectos que posiblemente ni imaginamos ahora». Algunos de ellos, incluso pueden ayudar a estudiar los efectos del cambio climático. «Tenemos en el estudio clones de tempranillo cultivados juntos que se pueden vendimiar, unos a primeros de septiembre y otros a finales, dependiendo del clon».

El segundo en intervenir ha sido Ignacio Vicente, que trabaja con los suelos. «En Rioja nos hemos basado en tres pilares: un monocultivo, intensivo y en el que se ha elegido lo que más producía; y ahora estamos pagando las consecuencias». Para Ignacio es fundamental seguir estudiando para estar preparados para lo que pueda venir. «Amenazas que pueden ser nuevas o incluso antiguas», pero que llegan de otra forma. Y es que su investigación lo demuestra: «Hay que buscar las soluciones dentro del viñedo porque es donde están». La viña tiene las soluciones para resolver sus problemas. «En el viñedo existen bacterias que nos pueden servir para controlar plagas sin dejar de estudiar los suelos de los que sabemos menos que de las estrellas».

La más joven de la velada, Inés Hernández, utiliza la Inteligencia Artificial aplicada a la cura de enfermedades de la vid. Así, su equipo recoge imágenes que acompañada de información infrarroja permite diferenciar si una vid tiene enfermedades o no. Ver los síntomas, en el mildiu por ejemplo, y poder detectar la enfermedad antes de que aparezca y sea visible al ojo humano. Una labor que permite dar tratamientos más precoces. Un claro ejemplo de que el progreso es para utilizarlo.

Gonzalo Soriano ha realizado un resumen ameno de su línea de trabajo basada en los residuos en el mundo de la vitivinicultura. «Desde mi tesis doctoral me han interesado los efectos de la radiación ultravioleta en las plantas». Más allá de sus efectos nocivos, que todos conocemos, él quería sacar a la luz efectos positivos, como la mejora de la síntesis de determinadas vitaminas o la estimulación de endorfinas (las hormonas de la felicidad). Todo ese conocimiento adquirido le ha ayudado para trabajar en su última línea de trabajo de investigación en la que a partir de los hollejos y las uvas que salen de la vendimia en verde, y contiene efectos antioxidantes, se puede dar más valor a la cadena de producción utilizándolos para diversos aprovechamientos, como el de los raspones que se ha comprobado se pueden utilizar en alimentación animal.

La última en tomar la palabra ha sido Leticia Martínez. Ella y su equipo trabajan con polisacáridos para mejorar las propiedades sensoriales de los vinos. Más de seis años de investigación, dos proyectos nacionales y la conclusión de que a través de la innovación pueden mejorar los aromas, la espumabilidad, disminuir los efectos agradables, incrementar los compuestos volátiles y mejorar la estructura de los vinos. Fórmulas para seguir avanzando, seguir probando nuevas cosas. Igual que ellos, que siguen ‘pico y pala’ sin dejar de trabajar para seguir dando pasos en este mundo tan poco conocido pero tan interesante.


