Cultura y Sociedad

El Corpus Christi recorre Logroño entre aromas de San Bernabé

El calor también ha salido este domingo en procesión por el centro de Logroño. Bajo un sol de los que obligan a buscar sombra en cada esquina, la solemnidad del Corpus Christi ha reunido a fieles, cofradías, niños de Primera Comunión y curiosos en torno a un cortejo marcado este año por una estampa algo distinta a la habitual. Entre las manos del público han proliferado los abanicos, las gorras, las prendas ligeras para cubrirse del sol e incluso algún paraguas abierto como improvisada sombrilla mientras la procesión avanzaba por el corazón de la ciudad.

La Plaza del Mercado ha vuelto a ejercer de punto de partida y de recogimiento tras la misa solemne celebrada en la Concatedral de Santa María de la Redonda. Desde allí ha partido la procesión del Santísimo, acompañada por ese murmullo propio de las grandes citas religiosas.

Durante el recorrido se han alternado las plegarias con las piezas interpretadas por la Agrupación Musical Logroñesa, que ha puesto la cadencia sonora a una procesión pausada, ceremonial y muy pendiente también de las circunstancias. Porque este no ha sido un Corpus cualquiera en Logroño. La coincidencia con las fiestas de San Bernabé y la presencia del Mercado Renacentista en Portales han obligado a desplazar las tradicionales alfombras de sales tintadas a Muro de la Mata, donde las composiciones elaboradas por cofradías y asociaciones religiosas han concentrado buena parte de las miradas.

Ese cambio de escenario ha dejado una imagen singular: el Corpus abriéndose paso entre el ambiente festivo de estos días grandes de Logroño, con la ciudad dividida entre el bullicio propio de San Bernabé y la solemnidad de una celebración que conserva intacto su pulso religioso. A un lado, los puestos y el trajín del centro; al otro, la devoción de quienes han acudido a acompañar al Santísimo en una jornada en la que el calendario ha obligado a convivir a dos tradiciones muy arraigadas.

Las alfombras, elaboradas con miles de kilos de sal tintada y el trabajo de más de doscientas personas, han vuelto a aportar color y detalle al recorrido. Sus motivos iconográficos han servido como antesala al paso del cortejo, en una calle Muro de la Mata que por unas horas ha sustituido a Portales como gran tapiz efímero del Corpus logroñés. Muchos de los asistentes se han detenido antes y después de la procesión para contemplar las composiciones, conscientes de ese carácter fugaz que convierte cada alfombra en una obra destinada a desaparecer bajo los pasos de la celebración.

La jornada también ha tenido un acento especial por la coincidencia con la primera visita del Papa León XIV a España. La réplica de la Cruz peregrina que preside el encuentro del pontífice con los jóvenes españoles, pintada por la artista local Rosa Navarro, ha abierto el cortejo y ha marcado uno de los momentos más simbólicos de la procesión. Su presencia ha conectado la celebración logroñesa con una cita eclesial de mayor alcance, muy presente también en una de las paradas del recorrido, dedicada a pedir por los frutos de esa visita.

La otra parada ha dirigido la oración hacia los países que sufren la guerra, en una invocación por la paz que ha añadido un tono de recogimiento a la mañana. Bajo el calor, entre abanicos y sombras disputadas, el Corpus ha mantenido su ritmo lento y solemne por Portales, Muro del Carmen, Muro de la Mata y Sagasta, antes de regresar de nuevo a la Plaza del Mercado.

Allí, con el centro todavía inmerso en el ambiente festivo de San Bernabé, la procesión ha encarado sus últimos metros antes de la Bendición Solemne en el interior de la Concatedral. Logroño ha vivido así un Corpus distinto, condicionado por el calendario, el calor y el pulso de la ciudad en fiestas, pero reconocible en sus gestos esenciales: la música, la oración, las alfombras de sal y esa mezcla de devoción y tradición que cada año vuelve a tomar las calles.

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