Hay graduaciones que se miden en créditos, asignaturas y años de estudio. Y luego están las que se miden en dudas superadas, en familias que empujan y en profesores que aparecen cuando más falta hacen. La Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) ha celebrado este fin de semana sus actos solemnes de graduación en Riojaforum con más de 1.100 egresados, 746 de forma presencial y 413 online.
Entre todas esas historias, las de Tíscar, Guillermo y Antonio José resumen muy bien lo que hay detrás de una banda de graduación: esfuerzo, vocación y una universidad que para algunos ha sido mucho más que una pantalla.

Tíscar María Fernández del Río.
Tíscar María Fernández del Río se ha graduado en Maestro en Educación Infantil. Se le llena la boca cada vez que lo pronuncia pero detrás de esa frase hay una historia que pesa mucho más que un título. Es la primera alumna con discapacidad intelectual que se gradúa en la universidad. Tiene inteligencia límite, una consecuencia de haber nacido con seis meses, y explica que eso significa vivir «al límite de lo que se considera normal». Sin embargo, su historia no habla de límites, sino de todo lo contrario.
«Esto se consigue con mucho esfuerzo, con codos. A mí me ha costado más que al resto, pero no pasa nada. Yo he llegado a la meta, que es lo que importa». Para ella, estudiar ha significado emplear el doble de tiempo para alcanzar el mismo resultado. Los conceptos abstractos le exigen más horas y más paciencia pero nunca han sido una excusa para detenerse. Su grado no ha durado cuatro años, sino ocho y esa cifra, lejos de restarle valor, se lo multiplica.
Tíscar cuenta que en el colegio muchas veces se sintió apartada porque no seguía el ritmo de los demás. «Si yo sé leer y escribir es por mi hermana», recuerda. Por eso, llegar ahora a una graduación universitaria tiene para ella algo de incredulidad: «No me lo creo. Estoy pensando: pero, ¿esto es real? ¿Esto me está pasando a mí?». En ese camino, UNIR ha sido una pieza fundamental. «La universidad no me ha dejado sola en ningún momento. Siempre han estado ahí. Por eso lo llamo mi familia UNIR».
La universidad le ofreció apoyo, adaptaciones, orientación y confianza. Entró en el Servicio de Orientación Académica, donde le enseñaron pautas de estudio, a hacer resúmenes y a organizarse. «Me han apoyado, han creído en mí, han estado ahí conmigo», insiste. También su familia ha sido «brújula» y «motor». Ahora, además, Tíscar quiere que su historia sirva a otros. Ha escrito un cuento, ‘El bosque mágico’, y trabaja en su autobiografía porque quiere ayudar a quienes puedan estar pasando por una situación parecida. Su lema lo resume todo: «Si yo puedo, tú también. Ni tú eres más que yo, ni yo soy más que tú. Todos somos iguales».
Saga familiar
La historia de Guillermo es distinta, pero también muy ligada a UNIR. Se gradúa en Ingeniería Informática después de completar el grado en los cuatro años previstos y ya continúa su formación con un máster en Ciberseguridad y un posgrado en Inteligencia Artificial y Data Science. En su casa, la relación con esta universidad casi podría contarse como una saga familiar: suman alrededor de siete títulos vinculados a UNIR. Su madre formó parte de la primera promoción, su hermana cursó dos másteres, su padre ha dado clases, su madre y su hermana trabajan en la universidad, su cuñado estudia allí y hasta un amigo se animó por recomendación suya.

Guillermo posa orgulloso con su título.
«Familia UNIR», resume entre risas. En su caso, la elección venía casi por herencia, pero la continuidad ha sido decisión propia. Guillermo destaca la flexibilidad, los recursos y, sobre todo, el acompañamiento. «Tienes a los tutores o a los profesores siempre en contacto». Recuerda incluso una asignatura que se le atragantó y cómo pudo tener una tutoría con el profesor para resolver dudas y trabajar ejercicios. «Todo muy personalizado, muy claro y muy en contacto».
Para él, estudiar online no ha significado estudiar solo. Reconoce que al principio hubo un choque importante al pasar del bachillerato, con sus ocho horas de clase diarias, a una universidad en la que uno debe organizarse desde casa. «Mentalmente tienes que cambiar el chip». Pero también ha encontrado compañeros, grupos de estudio, contactos laborales y actividades compartidas. Cuando ha subido al escenario ha recoger su título «he visto el esfuerzo de todos estos años materializado en una imagen».
A distancia pero con compañía
Antonio José también llegaba a Riojaforum con una historia marcada por la vocación. Se ha graduado en Historia y Geografía y ha sido quien ha pronunciado el discurso en representación de sus compañeros de la Facultad de Educación y Humanidades. Para él, hablar en nombre de una promoción no es solo decir unas palabras, sino reconocer el valor de la universidad, de los profesores, de las familias y de quienes acompañan el camino. Su discurso se ha llenado de agradecimiento: «A quienes presionan cuando toca, felicitan cuando corresponde y sostienen cuando el alumno duda más que su propio entorno».

Antonio José, durante su discurso en Riojaforum.
Antonio José decidió estudiar Historia y Geografía gracias a un profesor de la ESO que terminó por encandilarlo con la asignatura. Después ha hecho también un máster en Grafología y Documentoscopia y se plantea continuar con Arqueología. Defiende que hay profesiones que ninguna máquina podrá sustituir del todo. «Una inteligencia artificial podrá ordenar fechas o batallas, pero no interpretar el sentido humano de los acontecimientos». Para él, la historia no es una colección de datos, sino «una forma de comprender por qué el mundo llegó a ser como es».
Graduarse significa haber logrado algo más importante que un título: conocimiento. «Primero, haber obtenido lo que yo quería, que era el conocimiento, más que el título», afirma. También UNIR le sorprendió. Llegó pensando que una universidad a distancia podía ser una experiencia solitaria y encontró grupos de WhatsApp, tutores, clases con micrófono y cámara, profesores accesibles y compañeros con los que hablar a diario. «Esa separación real que hay no la he sentido en absoluto».
Los tres coinciden en que «una graduación no es solo el final de una etapa. A veces, es la prueba visible de todo lo que parecía difícil, lejano o incluso imposible».


