La Universidad de La Rioja estrenará en septiembre su esperado Grado de Medicina, un proyecto que no ha nacido de un día para otro ni se ha resuelto con el visto bueno final de ANECA. Patricia Pérez Matute —decana de Ciencias de la Salud— explica el trabajo silencioso de casi tres años para levantar el título desde cero: profesorado, laboratorios, plan de estudios, prácticas tempranas y una apuesta clara por formar médicos con tecnología, datos y, sobre todo, humanidad.
– Puede parecer que todo ha llegado de repente: la aprobación de ANECA, el anuncio del Gobierno de La Rioja y la Universidad, y el inicio del grado en septiembre. Pero esto no se prepara en tres meses, ¿verdad?
– No, en absoluto. Llevamos trabajando casi dos años largos, casi tres, para materializar este proyecto. La decisión de ANECA era fundamental, pero nosotros ya veníamos trabajando en paralelo en tres grandes bloques: toda la documentación que exige ANECA, los recursos e infraestructuras necesarios y el profesorado que iba a hacer falta para impartir el grado. Ningún grado nace de un día para otro, y el de Medicina menos.
– ¿Qué implica preparar toda esa documentación?
– Ha sido un trabajo muy importante, sobre todo en lo relativo al plan de estudios. Se ha creado desde cero. Queríamos que fuera un plan nuestro, que cumpliera con todo lo básico que tiene que tener cualquier grado de Medicina, pero que también tuviera nuestra impronta y elementos que nos diferenciaran de otras facultades.
– ¿Qué diferencia hay entre poner en marcha Medicina y cualquier otro grado?
– Para empezar, Medicina es un grado mucho más amplio. La mayoría de los grados tienen 240 créditos, pero Medicina tiene 360, repartidos en seis cursos de 60 créditos. Además, no es un nivel MECES 2, como la mayoría, sino MECES 3, lo que implica un mayor grado de especialización y profesionalización que el de otros grados
– ¿La Universidad ya cuenta con el profesorado necesario?
– Sí. Los dos primeros cursos están completos. De hecho, ya hemos empezado a sacar plazas para cursos posteriores. Había profesorado que ya existía en la Universidad de La Rioja y que puede impartir docencia en Medicina, porque tenemos médicos, fisiólogos, psicólogos y profesores de áreas transversales. También hay docentes de otros departamentos, como Agricultura y Alimentación, Ingeniería o Química. Lo que faltaba lo hemos ido convocando durante este curso académico. El equipo rectoral está trabajando para ofrecer nuevas plazas para tercero para ir con tiempo.

– Más allá del profesorado, Medicina necesita mucha infraestructura. ¿Qué se ha hecho en ese sentido?
– Contábamos con un edificio muy nuevo, joven e inteligente, pero hemos querido dar un paso más. Hemos adecuado espacios para que puedan ser utilizados tanto por Enfermería como por Medicina. Se han preparado laboratorios específicos para anatomía, fisiología, bioquímica, citología, histología y microbiología, además de un laboratorio híbrido para asignaturas más transversales. También hemos ampliado y preparado aulas de simulación ahora las hemos adecuado para medicina.
– ¿Cómo ha recibido la Universidad esta noticia? Pesaba que La Rioja fuese la única comunidad que no tenía Grado en Medicina.
– Con muchísima ilusión. Creo que todo el mundo es consciente del paso que significa. Es implementar un grado de una gran envergadura, pero también crear un nicho sanitario en nuestra comunidad. Unido a los hospitales, al SERIS y a lo que ya teníamos, supone un salto cualitativo y cuantitativo muy importante. Todos los profesionales quieren contribuir en lo que puedan y tenemos una responsabilidad por delante importante.
– La aprobación llega en un contexto en el que La Rioja siempre está pendiente de las plazas MIR y de la llegada de profesionales sanitarios. ¿Puede ayudar este grado?
– Creo que es un primer paso para crear esa cultura sanitaria, retroalimentarla y atraer talento. La creación del grado ya está funcionando como un punto de atracción para profesionales sanitarios que pueden interesarse por la docencia, venir a La Rioja y establecerse. Y después estarán nuestros futuros estudiantes, que quizá quieran quedarse en la comunidad.
– También permitirá que estudiantes riojanos tengan la oportunidad de no marcharse fuera para estudiar Medicina.
– Exactamente. Muchos estudiantes se tienen que ir fuera y eso supone un esfuerzo económico y social muy grande para las familias. Que puedan estudiar al máximo nivel y con garantías de excelencia en casa es un aliciente enorme. Además, está la ayuda del Gobierno de La Rioja para subvencionar el primer y segundo año de forma gratuita, lo que también es importante.
– ¿El grado entra ya en los plazos ordinarios de admisión?
– Sí. Ha llegado en un momento muy bueno, justo cuando empieza la PAU en La Rioja. Los plazos de preinscripción y matrícula van a ser los mismos que en el resto de grados de la Universidad de La Rioja.

– ¿Qué ha sido lo más complicado de estos últimos meses?
– No ha sido fácil. Lo más complicado ha sido encajar todo. Queríamos crear un plan de estudios con nuestra seña de identidad, pero que no se alejara de los estándares de Medicina. Eso tenía que confluir con las instalaciones necesarias y con un profesorado especializado. Ha sido un encaje de bolillos. Pero hemos contado con un equipo que ha trabajado mañanas, tardes y noches. Cuando uno flaqueaba, otro tiraba del carro. Veíamos muy claro que era muy necesario.
– ¿Qué tendrá este grado que lo diferencie de otros?
– Nos hemos basado en tres pilares. El primero es la transversalidad del conocimiento, para que las asignaturas no se vivan como compartimentos estancos. El segundo es incluir desde el principio habilidades técnicas muy actuales: robótica, ciencias ómicas, ciencias de datos e inteligencia artificial. Queremos que nuestros estudiantes sepan desde el grado hacia dónde va la medicina del siglo XXI, que tiende a diagnósticos y tratamientos cada vez más personalizados.
– ¿Y el tercer pilar?
– La humanización en el trato con el paciente. Tenemos que saber mucho y saber de lo nuevo, pero sobre todo tenemos que saber tratar bien a los pacientes. Eso queremos inculcarlo desde primero. Desde el primer curso habrá una asignatura práctica en este sentido; los rotatorios empezarán en segundo, algo muy novedoso, y la simulación y los casos clínicos comenzarán en cuarto, cuando en otras facultades suelen dejarse para quinto o sexto.
– ¿Ha sido importante la coordinación con las consejerías?
– Muchísimo. Hemos trabajado desde la Universidad y desde las consejerías de Educación y Salud mano a mano. Ha habido un entorno de entendimiento y de facilitación que ha hecho las cosas más fáciles. Cuando todos vamos en la misma dirección, todo es mucho más sencillo.
– ¿Qué supone, en el fondo, este nuevo grado para La Rioja?
– Supone una oportunidad enorme. No solo por formar médicos, sino por fortalecer el ámbito sanitario de la comunidad, atraer profesionales, generar conocimiento y ofrecer a los jóvenes riojanos la posibilidad de estudiar Medicina en casa sin renunciar a una formación excelente.


