Las fincas de almendros han pasado ya por la tercera caída fisiológica, por lo que todo indica que lo que hay ahora en el árbol es lo que puede llegar a fechas de cosecha de manera definitiva, siempre y cuando la sequía no se lleve por delante parte de esa producción en estos próximos meses estivales.
Así las cosas, la campaña va a ser más abundante que la pasada, con expectativas de altas producciones, después de un 2025 que dejó una «cosecha media tirando a baja» en términos de producción motivada por las lluvias de primavera y la proliferación de hongos, pero también por la sequía de verano, que «dejó muchas fincas sin poder recolectarlas porque muchas almendras quedaron pelonas, sin capacidad de venta, sobre todo en fincas de secano en La Rioja Baja».

Así lo explica el ingeniero agrónomo José Antonio Pérez, al frente de una empresa de asesoramiento agronómico independiente. El profesional incide en que este año los árboles vienen con carga de manera generalizada, si bien hay árboles que aún arrastran el estrés hídrico del año pasado y no presentarán tan buen escenario en cuanto a kilos. «Sorprendentemente, también hay muchas fincas, sobre todo de variedades tempranas como guara o belona, que se recogieron pronto y que tuvieron tiempo a recuperarse durante el otoño pese a tener mala pinta y ahora muestran síntomas de que van a tener buena cosecha».
En este sentido, las perspectivas de producción que lanzan organizaciones agrarias y cooperativas nacionales (ASAJA, COAG, Cooperativas Agroalimentarias de España y Aeofruse) sitúan en un 18,37 por ciento el aumento de la cosecha de almendra prevista en La Rioja para este año frente a la anterior campaña, mientras que a nivel nacional la subida global se estima en un 6,6 por ciento. Comunidades autónomas como la valenciana, Extremadura y Murcia lideran los incrementos de producción con aumentos de entre el 37 y el 48 por ciento, frente a Castilla-La Mancha (una de las principales zonas productoras), para la que se prevé una reducción de casi el 43 por ciento de almendra para este año.

Con la vista puesta en el cultivo, este año los árboles riojanos tampoco han escapado de la incidencia fúngica: «Ha sido una primavera complicada en cuanto al manejo y en cuanto a los hongos porque llovió en el momento de la floración y ha tocado hacer bastantes tratamientos por la gran influencia de monilia y luego también por la mancha bacteriana. Es cierto que fue una floración bastante más corta que la de 2025 y eso favorece, pero las lluvias en ese momento clave afectaron. La gente que trató e hizo bien las cosas apenas tuvo problemas, pero hay muchas fincas que arrastran infecciones de otros años porque hay un alto nivel de inóculo. Al final no se han hecho bien los tratamientos y ha habido unas mermas muy importantes por monilia. La clave es hacer una estrategia de manejo a largo plazo porque no se puede acabar un año muy malo de monilia con muchas ramas secas y luego pretender arrancar una nueva campaña desde cero».
En cuanto a fechas, Pérez estima en unos doce días el adelanto fenológico respecto al año pasado. Muchas zonas muestran árboles que han llegado ya al endurecimiento de cáscara, cuando esto debería producirse a mediados del mes de junio. «Por un lado, este escenario favorece porque una vez la cáscara endurece la almendra es mucho menos sensible a las enfermedades bacterianas y a las fúngicas como es el cribado. Favorece también porque la recolección puede venir antes y eso también da más tiempo de descanso a los árboles, pero a su vez también hay que tener cuidado por los posibles periodos de sequía que vengan. A partir de ahora la planta tiene que desarrollar la pepita y si ahora mismo empezamos con semillas fuertes, se puede ver bastante afectado el rendimiento final de los árboles».
Pérez recalca la climatología «cada vez más adversa» que protagoniza las campañas y que provoca que «los cultivos tengan cada vez ventanas de actuación más cortas, con momentos que son todo o nada en el sentido de actuar ante la incidencia de enfermedades, con herramientas que son puramente preventivas y que implican ir por delante». «Las plantas van pasando de extremo a extremo y eso no les beneficia para nada».


