Mario Cornago encara la edición de 2026 como un año clave para sus dos grandes proyectos en Calahorra: Holika y Gran Reserva. El primero mira hacia una experiencia más internacional, electrónica y visual; el segundo busca consolidarse como una cita más riojana, adulta y ligada al vino, la gastronomía y la música en directo. En medio, una ciudad que gana proyección, pero que también exige planificación y mucho trabajo previo.
– 2026 parece un año importante para Holika y Gran Reserva. ¿Cómo se ha planteado esta evolución?
-Para mí, 2026 es un año de inflexión. Presentamos dos ediciones muy especiales, tanto de Holika como de Gran Reserva, y creo que ambas terminan de definir realmente su personalidad. Holika se consolida con una etapa más internacional, más electrónica, más visual y, sobre todo, más experiencial. Queremos que el público no venga solo a ver conciertos, sino a vivir un universo completo, con producción, escenografía, zonas de descanso, comunidad y una experiencia de varios días en la Calagurris romana.
No lo planteamos como una ruptura con el pasado, sino como una evolución natural. Holika siempre ha crecido porque se ha atrevido a cambiar, a escuchar al público y a mirar hacia adelante. Y Gran Reserva, por su parte, encuentra también su sitio: música en directo, una línea más rockera, artistas con recorrido, un público más adulto y una conexión muy fuerte con La Rioja, con el vino, la gastronomía y la ciudad.
– Hay jóvenes que sienten que Holika se aleja del reguetón o de la música urbana que habían asociado al festival. ¿Qué les diría?
– Les diría que las tendencias musicales y los consumos están cambiando. Los festivales que duran son los que saben leer el momento, escuchar al público y anticiparse. Holika no cambia porque algo haya fallado, cambia porque quiere seguir creciendo. El reguetón ha sido una parte muy importante de nuestra historia, pero también hay que recordar que el origen del proyecto siempre estuvo muy ligado a la música electrónica y a la mirada hacia los grandes festivales internacionales.
Holika siempre ha sido un festival joven pero de espíritu con capacidad de transformarse. La esencia sigue siendo la misma: energía, comunidad, varios días de experiencia colectiva y un público con ganas de vivir algo grande. Cambia algo el sonido, sí, pero no cambia el alma del festival.

– ¿La edad media del público va a subir con este nuevo planteamiento?
-Yo creo que no tiene por qué subir; más bien se va a diversificar. Estamos detectando una consolidación de la comunidad de Holika. Los holikers siguen estando ahí porque confían en el proyecto. Pero también vamos a abrirnos a un público más amplio, más internacional y más acostumbrado a viajar a festivales.
Holika no es joven solo por la edad del público, sino por la actitud. Es un festival de energía, de amigos, de comunidad y de varios días intensos. Hemos tenido incluso personas de edad muy madura que han venido al festival y nos han dicho que han vivido una de las mejores experiencias de su vida. Eso es muy potente. Queremos hacer un Holika más grande, no un Holika envejecido; más maduro como marca, porque llevamos ya diez años construyéndola.
– Calahorra no tiene una gran capacidad hotelera. ¿Cómo se compagina esa ambición internacional con una ciudad que tiene pocas camas?
– Precisamente por eso el modelo tiene que estar muy bien pensado. Holika no puede depender solo de las camas de hotel. La acampada, la movilidad y el alojamiento en el entorno son piezas fundamentales del proyecto. La zona de descanso no es una solución improvisada, es parte de la experiencia.
En muchos grandes festivales europeos, el camping es casi tan importante como el propio escenario. Genera comunidad, facilita la logística, reduce desplazamientos diarios y permite que una ciudad como Calahorra pueda acoger un evento de este formato. Además, hemos trabajado mucho en mejorar esas zonas, con distintas modalidades de descanso y glamping. La falta de camas no tiene por qué frenar el festival; nos obliga a diseñarlo mejor.

– ¿Qué cuesta más cerrar: Holika o Gran Reserva?
– Holika cuesta más por volumen. Estamos hablando de un festival con más de cien artistas, con competencia internacional y con una producción muy compleja. Es mucho más tedioso cerrar todo eso. Pero la marca está más consolidada y eso también ayuda.
Gran Reserva es más delicado que complicado. Ahí el reto no es solo cerrar nombres, sino que todo encaje con la identidad del festival y con el territorio. Tiene que haber equilibrio en el cartel, en el público al que te diriges y en lo que quieres contar. Holika compite hacia fuera, con una conversación internacional. Gran Reserva tiene que encajar muy bien dentro, con La Rioja, con Calahorra y con una propuesta más de casa.
– Gran Reserva ha ido buscando su sitio en sus primeros años. ¿Siente que este año por fin ha encontrado una identidad más clara?
– Sí. Cuando lanzas un proyecto nuevo es difícil que nazca con una identidad cerrada al cien por cien. La vas construyendo, escuchando al público, viendo cómo responde la ciudad y entendiendo qué espacio puede ocupar, más aún cuando una semana después tienes un festival masivo como Holika.
Para nosotros, este año supone un encuentro de rumbo después de años de aprendizaje. Hemos detectado que este tipo de artistas encajan muy bien con el concepto de Gran Reserva. Loquillo, Miguel Ríos o Enrique Villarreal son artistas de una consolidación extrema, músicos que han marcado a generaciones. Y eso conecta muy bien con el propio nombre del festival, con una idea más madura, más reconocible y más ligada al territorio.

– ¿Hay algún artista que haya pasado por Holika y que ahora sería casi imposible traer? Pienso, por ejemplo, en C. Tangana.
– Holika ha crecido mucho, y hoy no diría que haya algo impensable. Pero es verdad que hay artistas que han pasado por el festival y que después han tenido un crecimiento enorme. C. Tangana es uno de esos nombres que siempre salen en la conversación. En su momento estuvo en Calahorra y luego ha alcanzado un reconocimiento y un prestigio brutal.
Eso también te hace valorar lo que ocurre en un festival como este: a veces estás viendo algo que va a estallar poco después. Pero hay que mirarlo con perspectiva. C. Tangana puede ser enorme en España, pero quizá en otros países no tiene la misma dimensión que un David Guetta, un Armin van Buuren, un Martin Garrix o un Tiësto, que son perfiles absolutamente internacionales y festivaleros. Holika quiere estar en esa conversación global.
– ¿Se le ha quedado alguna espinita clavada con algún artista?
– No hablaría de espinitas en el sentido negativo, porque estoy muy contento y orgulloso de las decisiones y de la evolución que ha tenido el festival. Pero claro que hay procesos que dan pena cuando no salen. Por ejemplo, en 2018 estuvimos en un proceso de contratación con Rosalía y no pudo llevarse a cabo por tema de fechas, porque estaba ya prácticamente contratada. También ocurrió con Rauw Alejandro en 2020, el año de la pandemia.
Son ejemplos tristes, porque sabes que podrían haber encajado muy bien. Pero forma parte de este sector. La música ahora tiene carreras muy explosivas, artistas que crecen rapidísimo y modelos de negocio que cambian mucho. Hay artistas que no hacen determinados formatos de festival o que solo encajan en sus propios conciertos. Y eso también hay que entenderlo.

EFE/Raquel Manzanares
– ¿Cómo ha cambiado el Mario Cornago que llegó a Calahorra con un proyecto casi de pueblo respecto al de ahora?
– Ha cambiado mucho. Antes podía ser más impulsivo. Tenía ese punto de inconsciencia joven que también fue necesario para arrancar. Con los años aprendes que no basta con tener una buena idea o buenos artistas. Hay que construir una empresa, cuidar equipos, negociar mejor, cumplir, planificar, escuchar y asumir que cada decisión afecta a muchísima gente.
He aprendido a base de aciertos y también de errores. Ahora hay más estructura, más visión y más madurez. También el hecho de haber sido padre y tener una familia te cambia la perspectiva. La ambición sigue siendo la misma, pero ahora va acompañada de más responsabilidad y de una idea muy clara: hacer las cosas bien y que duren en el largo plazo.
– A lo largo de estos años ha habido momentos de tensión con la administración local. ¿Cómo está ahora la relación con el Ayuntamiento?
-En un proyecto de esta dimensión siempre puede haber criterios distintos, trámites complejos y momentos de tensión. Sería ingenuo negarlo. Estamos hablando de un formato muy concreto, de varias jornadas, con una tipología distinta a la de otros espectáculos públicos y, en algunos aspectos, incluso con ausencia de una normativa clara que regule exactamente este tipo de eventos.
Pero nuestra posición siempre ha sido la misma: respeto institucional, colaboración y voluntad de cumplir con lo que se nos indique. Nosotros actuamos conforme a lo que nos dice la administración pública. La relación con la administración local es buena, aunque evidentemente estos eventos generan debate porque mueven a muchísima gente y tienen un impacto enorme en la ciudad, tanto positivo como organizativo. No vamos a negar que existan problemas, pero tampoco vamos a alimentar polémicas.


