La Rioja

La verdad bajo el bisturí: así trabaja un forense

La autopsia no comienza en la sala de disección. Comienza mucho antes, en el escenario del fallecimiento. Cuando alguien muere de forma violenta se activa un protocolo judicial. El forense acude al lugar acompañado de la policía científica y, en ocasiones, por el juez de guardia.

“El levantamiento es esencial”, explica Julio Irigoyen, médico forense y jefe del servicio de Patología del Instituto de Medicina Legal de La Rioja. “Ahí es donde ves el entorno, la posición del cuerpo, los primeros indicios”. Nada puede pasarse por alto. Y solo entonces se traslada el cuerpo al Instituto de Medicina Legal.

Una autopsia puede durar desde una hora hasta más de cinco, dependiendo del caso. En homicidios, el procedimiento se vuelve un trabajo de orfebrería: milimétrico, cuidadoso, documentado. “Hemos llegado a tardar cinco horas. No se puede correr. Lo importante no es solo lo que se ve, sino también lo que no se ve”, afirma Irigoyen.

La exploración comienza por fuera: se revisa el cuerpo en su estado externo, en busca de hematomas, heridas, señales de defensa, mordeduras, cortes o quemaduras. Pero también se recogen elementos invisibles: pelos, fibras, restos de piel o fluidos. Un simple hisopo puede ser clave para extraer una muestra de ADN.

A continuación, se realiza la apertura del cuerpo que permite examinar en profundidad el cráneo, el tórax y el abdomen. Se extraen y analizan los órganos, se toman muestras de sangre, contenido gástrico, orina o vísceras. Todo esto se remite a los laboratorios para estudios toxicológicos, histológicos o genéticos.

“La causa de la muerte suele poder establecerse con relativa claridad: un infarto, una hemorragia masiva, un disparo, una sobredosis…”, cuenta Irigoyen. “Lo difícil, muchas veces, es establecer la data de la muerte, es decir, cuándo ocurrió exactamente”.

FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.

“Hay muchos elementos que influyen en la hora de la muerte”, explica. “El enfriamiento del cuerpo, la rigidez cadavérica, las livideces, la digestión… Pero ninguno es exacto. Podemos dar una franja, como entre 24 y 36 horas, pero no más. Depende del ambiente, de si hacía calor o frío, de la ropa, de la humedad. Es un campo impreciso por naturaleza”. Aun así, esa franja horaria puede resultar vital para situar a un sospechoso en la escena del crimen… o para descartarlo.

Cuando el cuerpo presenta lesiones —puñaladas, disparos, golpes—, cada una de ellas debe ser analizada con precisión quirúrgica. “Tenemos que saber la trayectoria: si la herida va de arriba abajo, de izquierda a derecha… Si pudo haber sido con la mano derecha o con la izquierda. Todo eso nos da información sobre cómo se produjo la agresión”, detalla Irigoyen.

En los disparos, se analiza también el tipo de munición, la distancia del disparo (si fue a bocajarro o desde varios metros), el tipo de arma… Y cada uno de esos datos puede ayudar a reconstruir lo que pasó. «En un juicio reciente, me preguntaron sobre cuánto pudo sufrir. Y eso también se puede deducir, aunque nunca con exactitud total». Pero es parte del trabajo: responder a preguntas dolorosas.

Una autopsia no es solo una disección. Es un trabajo en equipo, entre ciencia, ley y humanidad. “Nuestro trabajo es aportar datos objetivos, pruebas científicas que sirvan para que la justicia haga su parte”, apunta el forense.

Y aunque las técnicas anatómicas no han cambiado radicalmente en las últimas décadas, sí lo han hecho las condiciones. Hoy, las autopsias se realizan en instalaciones con medidas higiénicas mucho más rigurosas. Se cuenta con iluminación específica, cámaras de rayos X, y tecnologías forenses como luces especiales que revelan manchas invisibles a simple vista.

“Antes trabajábamos en el cementerio, en una sala fría, incómoda y poco adecuada. Hoy tenemos medios que permiten preservar mejor las muestras y evitar contaminaciones, que podrían arruinar pruebas cruciales como el ADN”.

“Lo más difícil es lo que no se ve”, repite Irigoyen varias veces. Y no solo se refiere a las pruebas microscópicas o al ADN. También habla de lo emocional. Porque detrás de cada cuerpo hay una historia. Una vida truncada.

¿Quieres recibir a primera hora del día toda la información de La Rioja en tu e-mail?

* campo obligatorio
To Top