El Rioja

Diario de Vendimia culmina su viaje por una Rioja auténtica

Diario de Vendimia culmina su octava edición con 204 páginas a través de los rostros y paisajes de Rioja

Foto: Leire Díez

A vendimia (prácticamente) pasada, toca poner punto final a la octava edición de Diario de Vendimia con 204 páginas escritas para relatar una cosecha más desde las tierras de la DOCa Rioja. Una cosecha larga en el tiempo y corta en la cantidad, pero un año más, una cosecha de mucho esfuerzo y análisis a pie de campo.

Ya lo plasmó Isaac Muga en plenas vendimias al asegurar que nunca antes habían hecho tantos muestreos como este año. Una vendimia que en el caso de la histórica bodega jarrera se ha realizado «por viñas más que por zonas», y es que las maduraciones han jugado al despiste en muchos casos, con unas uvas que evolucionaban a un ritmo distinto pese a estar en el mismo entorno. «Aunque la organización está siendo un poco más compleja, estamos esperando al producto», recordaba entonces Muga.

Esos parones en la maduración se dieron especialmente tras las lluvias de San Mateo, en torno al 20 y 21 de septiembre, provocando esos retrasos en la vendimia a la espera de alcanzar el grado alcohólico esperado. Y quien supo (y pudo) esperar, ha tenido su recompensa. Que se lo digan a los hermanos Marcos y Miguel Eguren, quienes prolongaron la cosecha de la parcela La Canoca, en San Vicente, como última viña de la campaña para obtener unas uvas de matrícula con las que elaborarán su Señorío de San Vicente: «Esta viña estuvo unas dos semanas bastante bloqueada, así que esperamos a ese equilibrio, a que la fruta tuviera esa complejidad, ese sabor, esa textura, a que los polifenoles estuvieran maduros y que aromáticamente estuviera en su momento óptimo, sin sobremaduración y sin vegetales, sin verdores. Hemos sacado un ligero menor grado alcohólico que otros años, pero eso no nos importa. De hecho, si hubiéramos esperado algo más podríamos haber entrado en un escenario de ligera sobremaduración». Y es que el arte en el mundo del vino empieza en la viña.

Así, mientras las zonas más tardías continuaban cogiendo su cosecha, las más madrugadoras de Rioja ya estaban inmersas en los descubes y fermentaciones para ir aventurando los matices que esta añada podría dejar en los vinos: vinos con un claro potencial de envejecimiento y buen equilibrio. Rubén Pérez, enólogo de Ontañón Familia, celebra esa «climatología perfecta» que ha permitido lograr algo que venían persiguiendo durante varias campañas: «Que la madurez alcohólica y la fenólica se equilibren por fin. El perfil aromático es mucho más de fruta integrada, con una gran concentración de polifenoles totales en los mostos, lo que augura unos buenos vinos de guarda».

Cata de barricas en Bodegas Queirón. | Foto: Leire Díez

En estas más de doscientas páginas ha habido hueco para los veteranos del sector que siguen construyendo esta región, como Dionisio Ruiz Ijalaba, quien a sus 94 años no suelta su bicicleta ni tampoco deja de visitar su bodega, Viña Ijalba, «para supervisar, para hablar con los trabajadores, para ver cómo trabajan». O Paco Oliván, quien se acerca a los 70 años y sigue al frente de Hacienda Grimón, la bodega que fundó hace 26 años en Ventas Blancas bajo el propósito de ensalzar el potencial del valle del Jubera de la mano de los ensamblajes de los que es un fiel defensor, aunque atendiendo a la vez a las demandas de un mercado que apuesta también por los monovarietales: «Tenemos la acidez, tenemos la frescura, tenemos los suelos pedregosos, la altitud y, en general, el paisaje idóneo».

También ha habido espacio para las nuevas caras de esta denominación, como Dani Resa y sus dos nuevas referencias lanzadas este año desde San Vicente. O Javier Jiménez, quien se ha animado a elaborar esa viña de Quel con más de cien años de historia y cuyas uvas antes iban a parar a la cooperativa. Un proyecto colaborativo que desarrolla con Alejandro Perfecto, de Temerario Vinos (Aldeanueva), quien aporta los conocimientos de vinificación y quien a su vez también colabora con la productora Bárbara Palacios a la hora de compartir espacio en la bodega de Briones y, por supuesto, esfuerzo y conocimientos. Porque lo que el vino une, que no lo separe el hombre.

Alejandro Perfecto y Bárbara Palacios durante la vendimia de una viura en Aldeanueva. | Foto: Leire Díez

Y qué decir cuando esa unión recae en los propios lazos familiares. Joseba y Koldo García desde Labastida y Jon e Íker Torres desde Laguardia, cuatro jóvenes que han dado el salto a la elaboración con las viñas de la familia y sus adquisiciones y que muestran que el sector sigue latiendo con las nuevas generaciones. Otras veces no tiene que ser la misma sangre la que una a dos personas, sino que una buena amistad a veces es más fuerte que todo eso. Un claro ejemplo es el de Felipe Tubia y Carmelo Cámara, amigos desde niños y ahora socios de Arum, su sueño hecho realidad desde el Casco Antiguo de Haro que los vio crecer. En 2026 confían en tener ya lista su nueva bodega, la primera urbana y artesana en esta localidad: «Siempre hemos tenido esa inquietud por crear algo propio, que sea de los dos y que refleje nuestro carácter y alma. Un proyecto, además, cien por cien enoturístico donde el público viva una experiencia completa y cree vínculos y donde nuestro vino se consuma y se compre aquí».

Ha habido tiempo también para las reflexiones acerca del presente y futuro del sector vitivinícola en Rioja, con testimonios tan determinantes como los de Jon Cañas, director técnico de Bodegas Amaren, quien apela a la responsabilidad colectiva para educar al consumidor: «Todos somos responsables de cambiar el consumo, no solo bodegas y agricultores, y defender ese arraigo del que tanto se habla».

Todo parte desde el mimo a las viñas y de eso bien saben viticultores como los de la Cooperativa de Sotés, quien 25 años después de la fundación de esta sociedad siguen trabajando con el mismo espíritu. «Desde el principio esta bodega ha actuado con bastante perspectiva, con unas instalaciones modernas con equipos y maquinaria buenos y prácticos en pro de la calidad de las elaboraciones. De traer buena uva ya nos encargamos en el campo», incide su presidente Sergio Alonso, el representante más joven de una cooperativa. Profesionales del campo también como Estela Puras, quien se instaló hace dos años en la agricultura y gestiona viñas en Sotés y Fuenmayor.

Estela Puras durante esta vendimia en una viña de Sotés. | Foto: Leire Díez

Este viaje ha permitido también descubrir que no hay límites cuando el afán abunda. Como el de Richi Arambarri y la búsqueda de la singularidad más allá de las fronteras de la DOCa, concretamente en Villaverde de Rioja. Allí donde recae la eterna juventud de Vintae con dos espumosos de altura y un perfil transgresor. O el del equipo de El Coto desde Finca Carbonera, donde han llegado a plantar viña a mil metros de altura en busca de la finura aromática. Las cepas más altas de Rioja, sin duda.

Unas vendimias que sirven, una vez más, para reflejar la autenticidad de esta región, con esas garnachas del Alto Najerilla que cultiva Clemente García desde Baños de Río Tobía, o los blancos de guarda por los que vela 200 Monges Vinícola Real de Albelda de Iregua, o las variedades autóctonas en clave tinta que unifica Izadi, o la historia vitícola de El Cortijo de manos de Luis Sáenz. Historias, tradiciones, y sueños que viajan del campo al papel para retratar una Rioja auténtica.

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