El Rioja

Isaac Muga: «Rioja necesita un empujón en calidad e imagen»

Isaac Muga: «Rioja necesita un empujón en calidad e imagen»

Isaac Muga, en las instalaciones de la bodega jarrera. | Fotos: Leire Díez

«Está siendo una vendimia muy rara», sentencia Isaac Muga. Desde que el pasado 26 de agosto comenzara su cosecha en Rioja con esas variedades más tempranas para el Cava, las jornadas de tijera se han desarrollado con altibajos, con paradas en la maduración de la uva que han obligado a esperar hasta que estuvieran listas. «Más que por zonas, hemos ido vendimiando por viñas porque igual una parcela estaba y otra en el mismo término todavía no. Es más, aún tengo una viña en Torremontalbo por vendimiar porque es ahora cuando está perfecta, cuando todo lo de alrededor ya está recogido».

Apenas queda una semana de vendimia por los términos de Zarratón, Rodezno, Haro, Villalba y Cellorigo para ultimar esas 1.100 hectáreas aproximadamente que controla la firma jarrera (junto a las 30 en Ribera del Duero de las que este año elaborará la segunda añada), por lo que el director técnico de Bodegas Muga ya puede arrojar un balance preliminar de lo que dejará esta añada 2025.

– ¿La merma de cosecha ha sido tal como se esperaba?

– Era algo que ya se sabía, pero es cierto que en algunos casos nos hemos llevado más susto que el previsto y en otros casos hemos calculado bien. Eso sí, hay viñas en las que no hay nada de uva, viñas de coger el 10 por ciento de la producción normal. Por variedades, la garnacha se ha comportado muy bien, así como los gracianos y mazuelos, que están como nunca. Luego ya los tempranillos, pues depende de la zona y la viña. Y aunque la organización está siendo un poco más compleja, estamos esperando al producto. Lo que está claro es que en la vida hemos hecho tantos muestreos en campo como este año.

– Con los primeros descubes y fermentaciones a todo trapo en bodega, ¿qué sensaciones tiene respecto a los vinos que dejará esta añada?

– Están francamente bien. Hay mucho color, muy buena estructura y muy buen aroma, muy fresco, así que estoy contento. Aunque hay muy poca producción, pinta muy bien y este año lo que puede ocurrir es que haya muchos vinos con potencial para criar en barrica, si bien no tanto volumen para vinos jóvenes. Al final, al haber merma se están sacando vinos potentes que puede que no encajen tanto en el estilo de vinos más frescos y jóvenes.

– Una vendimia compleja que se suma, además, a la gestión con los proveedores. ¿Ha sido un año para estar más encima, con los viticultores?

– Sin duda y de hecho este año hemos estrenado un nuevo perfil de empleo, con Sergio, que ha estado encima de los agricultores en todo momento, viendo las viñas con ellos y demás. Hemos reforzado el equipo apoyando y acompañando más al agricultor, más si cabe un año como este, aunque era algo que ya tenía en mente porque al final va en beneficio de la bodega en cuanto a calidad de uva. Para nosotros es imprescindible cuidar la relación con nuestros proveedores, al final compramos uva de unas 600 hectáreas repartidas por Rioja Alta y Rioja Alavesa, y alguna zona en Tudelilla y Ausejo, pero tenemos la suerte de que muchos de esos proveedores llevan con nosotros varias generaciones.

– ¿Cómo ha variado el número de proveedores y de hectáreas de las que compra uva?

– Hemos crecido tanto en hectáreas como en proveedores, que este año además suman seis más. Pero es cierto que la superficie ha aumetando a mayor nivel que el número de viticultores porque cada vez hay menos relevo generacional, así que el cultivo se concentra en menos manos. Lo bueno es que cada vez los agricultores son más profesionales y por suerte nosotros aquí tenemos proveedores muy fieles.

– Muga fue una de las primeras bodegas en Rioja, si no la primera, en fijar unos precios para la uva esta campaña, con un euro para el kilo de tintas y 0,90 euros para el de blancas. ¿Cómo creesque se recibió esta noticia?

– Hubo muchas bodegas que me dieron la enhorabuena, bodegas que siguen la misma política que Muga. Y a nivel de viticultores lo que queríamos transmitir desde un principio es que si la uva es de calidad y cumple los parámetros que nosotros exigimos, el precio está asegurado. Pero claro, si después nos encontramos con una uva que no está en muy buen estado, con fuertes ataques de mildiu o que no madura porque se han quedado sin hojas, pues esa uva no es para nuestro mercado. Aquellas partidas que no cumplen con nuestros parámetros fijados, directamente no entran en bodega. Son casos aislados, pero los hay. Es más, este año nosotros hemos quitado viñas propias porque no cumplían nuestros estándares y hemos vendido esa uva. El tinto lo he pagado entre 1 euros y 1,70 euros, dependiendo de las calidades, mientras que el blanco lo subí de 0,90 a un euros por la escasez que hay. De hecho, ya para la uva de 2024 apliqué un plus en el segundo pago. Al fin y al cabo todos tenemos nuestro negocio. El del agricultor es ofrecer una buena calidad de uva y el mío como bodega es comprar uva de buena calidad, transformarla y ofrecer una buena calidad de vino para luego poder dar un buen precio por esa uva. Si todo rueda como tiene que rodar, todo va fantástico, pero claro, yo no puedo comprar uvas que no voy a poder usar en mis vinos, eso no tiene ningún sentido.

– De aquella decisión de incrementar los precios de la uva hubo bodegas que tomaron ejemplo. ¿Esperaba que más firmas se subieran al carro en Rioja? 

– Sí hubo bodegas que tomaron ejemplo y otras que no tuvieron que hacerlo porque ya venían aplicando unos precios acordes para sus viticultores, pero hay otras bodegas que pese al año complicado que ha sido no lo han hecho, y esto es algo que no me sorprende, pero sí me da pena. Cada uno tiene su modelo de negocio, pero creo que Rioja necesita que le demos un empujón en calidad y en imagen y eso se consigue con mejores uvas y una mejor comercialización, poniendo el valor del vino a su justa medida. Es decir, que todos los eslabones de la cadena se ganen bien la vida.

– ¿En qué punto cree que está ahora el sector en esta denominación?

– Pues la cadena se ha estirado ya mucho y si seguimos así se va a romper. En Rioja tenemos un potencial de calidad enorme, único en el mundo, pero lo tenemos que saber explotar. Ya no somos rentables haciendo vinos baratos y el que sufre con esos vinos a 1,50 o 1,80 euros es siempre el primer eslabón de la cadena, el viticultor. Es ahí donde podemos ir ganando posicionamiento en el mundo porque tenemos calidad de sobra, solo hay que hacer las cosas un poco mejor. ¿Y cómo subimos precios? Pues ofreciendo calidad.

– Y para ofrecer esa calidad, ¿hay que partir de un potencial productivo menor?

– Como bien dicta Agustín Santolaya, si todos cumpliésemos en Rioja el Pliego de Condiciones, estaríamos en el cielo. Y tiene toda la razón. Que la viña que tenga 3.000 kilos por hectárea meta 3.000 y la que tenga 6.000 kilos por hectárea de papel se le tire la uva para que produzca esos 6.000. Ahí estaríamos en el cielo. Y las viñas que no sean rentables porque no dan calidad ni cantidad, pues esas que desaparezcan. Y ahí discrepo con la opinión de que con esto se vayan a arrancar viñedos viejos, porque habrá que ver primero si esos viñedos viejos dan calidad, porque a mí me da igual que un viñedo tenga 80 o 10 años.

– ¿Es coyuntural la crisis de consumo?

– Yo creo que sí y considero una falacia el que se diga que la gente joven no bebe vino porque creo que depende más de la situación global que se está viviendo en cuanto a inestabilidad económica y conflictos. ¿Qué hay un poco más de exceso de oferta hoy en Rioja? Sí. También es cierto que hemos crecido desbocadamente en superficie. Pero igual hay que explotar más la línea de los blancos y espumosos que tanto tirón están teniendo ahora.

– ¿Responde a esto la apuesta de Muga por expandirse en el Alto Najerilla?

– Bueno, la bodega lleva en esta zona desde su fundación. Mi abuelo era el comprador número uno de la zona de Cordovín, Cárdenas, Badarán,… Y, de hecho, el producto que se le conocía era Clarete Muga, siendo este vino el origen de la bodega. Lo que hemos hecho en estos pueblos es crecer mucho en superficie y como no me gusta transportar mucho la uva lo que tenemos en Badarán es un centro de elaboración donde transformamos el vino y pasamos la Calificada antes de traerlo a bodega. Son unas instalaciones para dar apoyo.

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