El Rioja

La sexta vendimia llama a la puerta de Casa Peque

Jon e Íker Torres comenzaron hace cinco años a elaborar las viñas de la familia para su proyecto Casa Peque en Laguardia

Jon e Íker Torres, durante la vendimia de la última viña que irá a parar a la bodega Casa Peque, en Laguardia. | Fotos: Leire Díez

Es el último día de vendimias. Toca acabar los pocos renques que quedaron sin cortar en El Alto del Rincón para despedir la vendimia 2025 desde este paraje de Leza. Y ya van seis dando forma a Casa Peque, la pequeña bodega familiar que impulsó Jon Torres. Lo hizo en su Laguardia natal con las viñas de la familia, apenas seis hectáreas repartidos en estos dos términos municipales de Rioja Alavesa y rindiendo homenaje al bisabuelo Vidal, El Peque como se le conocía en el pueblo, y que fue quien empezó con la explotación vitícola por parte de la familia paterna. Poco después se unió su hermano pequeño Íker. Ahora ambos, de 28 y 22 años, gestionan el viñedo y también la bodega.

Cesto lleno y cesto al hombro, listo para descargar en el remolque. Las jornadas de tijera ya van pesando, teniendo en cuenta que Jon compagina este proyecto también con su trabajo en Bodegas El Conjuro del Ciego, en la vecina localidad de Elciego. Por suerte para estas fechas ya han recorrido las cinco viñas de casa (Junto al Alto del Rincón, Las Loberas, Musco, San Julián y San Ginés, todas ellas en Laguardia).

Sacar adelante la cosecha también ha sido tarea complicada para estos viticultores y es que los ataques de mildiu han sido continuos, especialmente en las parcelas de la carretera comarcal A-3216, la vía que une Laguardia con Lapuebla de Labarca, donde el granizo también se cebó con este territorio. La de Leza tampoco se libra, pero es sin duda la que mejor se ha comportado de toda la explotación vitícola. «Es cierto que en esta vaguada, a los pies de la Sierra Cantabria, se da una especie de microclima y no sé por qué pero aquí el hongo no ha pegado tan fuerte. Este año tampoco hemos hecho aclareo en los viñedos que elaboramos porque ha habido poca uva. Estaremos rondando los 4.000 kilos por hectárea», apunta Jon.

La vinificación siempre ha sido una cosa ‘mamada’ en casa, aunque el embotellado y comercialización no acababan de llegar a la familia. Hasta que Jon decidió guardar unas pocas uvas, las más seleccionadas, y probar suerte. No tenía formación académica en lo referido a la enología, pero sabía hacer vino, así que se lanzó con parte de la cosecha de 2019. El resto seguirían vendiéndose a bodegas como hasta entonces. Cuando comenzó con aquella primera elaboración desde un pabellón de Laguardia, un tinto joven de tempranillo, apenas sacó unas 3.000 botellas. Un maceración carbónica que pasa ocho meses en depósitos de hormigón para preservar esta fruta tan característica de Rioja Alavesa al cien por cien. Al mismo tiempo se unieron a la partida en Casa Peque un crianza, también de tempranillo, con un año en barrica francesa de 225 litros y dos años en botella. Y también quedaba hueco para un vino con madera, pero con más presencia de fruta. Copas Rotas es, como lo define Jon, su «tinto de autor». En esta caso, las barricas son de 500 litros y las uvas, cien por cien de Laguardia.

Así mismo, en esta pequeña bodega hay cabida para los blancos. Uno joven de la viura tradicional del que se elaboran unas 1.300 botellas y otro que está en proceso para ampliar así la gama de referencias en Casa Peque: «Estamos haciendo pruebas para sacar un blanco fermentado en barrica, también con la variedad viura. Todavía no ha salido al mercado, pero las valoraciones que estamos recibiendo a la hora de darlo a probar a amigos y expertos es bastante positiva, así que confiamos en que vaya a encajar bien. Creo que es un vino que aporta mucha elegancia por el aporte de madera, que a su vez equilibra mucho y da complejidad, así como por la acidez que alarga el vino».

Vinos todos ellos cuyas elaboraciones están supervisadas por un enólogo externo. Elaboraciones que ya suman unas 15.000 botellas anuales (en la añada 2024) y que se comercializan, en gran parte, en el territorio. Bares y restaurantes seleccionados de Laguardia, también de Logroño y hasta de Vitoria. «Vamos poco a poco, sabiendo que podemos ampliar producción porque tenemos uvas, ya que seguimos vendiendo la mayoría, pero no tenemos previsiones de crecer mucho más», asegura este joven.

Otra parte del vino también se vende a través del canal de venta directa, es decir, desde el centro histórico de Laguardia. Y es que Casa Peque, además, también es el proyecto de alojamientos turísticos que Jon estrenó hace un par de años en pleno centro de la villa amurallada, en el número 32 de la calle San Engracia. Aunque la jornada de vendimias haya concluido con éxito, después tocará ir a bodega a revisar la cosecha, así que estos hermanos ni siquiera cambian de atuendo para esta parada exprés en la que antiguamente fue la casa de sus bisabuelos. Una construcción estrecha pero de gran altura que ha sido reconvertida en cuatro amplios apartamentos con baño privado. Pero lo espectacular para todos aquellos turistas que se acercan a esta casa (todos los fines de semana hay reservas) está bajo tierra, a algo más de siete metros de profundidad. Unas escaleras de madera conducen a un amplio calado, El Calado del Guallavero, donde varias barricas aparecen dispuestas a modo de mesas para dar la bienvenida a los visitantes con algunas de las referencias de la bodega y que constituye uno de los pocos calados aún visitables en Laguardia. Un espacio dedicado a grupos reducidos y más privados que, además, invita a viajar al pasado agrícola de la familia a través de las diferentes herramientas de labranza y demás aperos que cuelgan sobre las paredes rugosas de piedra.

«Fue en 2021 cuando nos metimos de lleno en hacer toda la obra, que nos llevó unos diez meses, ya que tuvimos que tirar todo para diseñarla de nuevo desde cero. Y para arreglar el calado, imagínate el trabajo para sacar a mano toda la tierra que había aquí, y eso que solo reformamos el suelo y las escaleras. La idea del proyecto llegó en 2019 y vino porque teníamos la casa y teníamos la ubicación, ya que estamos en una localidad tan turística como es Laguardia, así que aproveché para darle un uso a todo esto», relata el hermano mayor. «Llevamos ya dos años abiertos y la verdad que funciona muy bien, además con menos esfuerzo que en la viña porque al final las reservas las gestionamos con el móvil», ríe. Un proyecto que afianza el sueño de esta cuarta generación por apostar por su pueblo desde diferentes vertientes.

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