El Rioja

El cielo de Rioja

Las viñas ya escalan hasta los mil metros en Finca Carbonera

De izquierda a derecha, José Mari Ruiz, Álvaro Elvira y César Fernández, en la viña que alcanza los mil metros en Finca Carbonera. | Fotos: Leire Díez

El camino tortuoso, con alguna que otra pronunciada pendiente y muchas piedras de por medio, hacen de obligada necesidad conducir en esta pick up que soporta (casi) cualquier bache. Álvaro Elvira se conoce bien la travesía hasta llegar al cielo de Rioja. Es el encargado en Finca Carbonera, la propiedad de 500 hectáreas que El Coto de Rioja tiene en el término de Bergasa, y desde hace un año tiene un nuevo paraje que controlar: La Manga. Quince hectáreas de viña joven que muestran unas plantas aún sin formar, pero ya bien erguidas. Unas plantas, nada más y nada menos, a una cota que va desde los 920 a los 1.000 metros de altitud. Las más altas de la denominación, no cabe duda. El Coto se ha pasado el juego, una vez más, en su ascensión en busca de la finura aromática.

Ya lo hizo en 2013 cuando apostó por este territorio para crear el viñedo de blanco más grande y más alto de Rioja, partiendo de los 700 metros hasta rozar los 900. Pero aún quedaban fincas de cereal y barbechos que conquistar a una mayor altitud, todavía más en el monte, entre ese mar de encinos que es inamovible y sobre el que la bodega esquivando los árboles para crear sus islas vitícolas. De esta nueva plantación, 6 hectáreas son de garnacha blanca y el resto están dedicadas al sauvignon blanc, conformando así el total de 182 hectáreas de viñedo en Carbonera.

Tres años le llevó al grupo Barón de Ley iniciar esta andadura al fresco de Sierra La Hez y diseñar el proyecto desde que en 2010 adquirió la finca. En una época en la que muchas bodegas se fueron a otras regiones vitivinícolas del país a elaborar blancos, este grupo creyó firmemente en los blancos de Rioja y barajó las posibilidades que daba la denominación hasta que dio con esta finca. Poco a poco se fueron descubriendo parcelas escondidas en este bosque que apuntaban muy alto en cuanto a su potencial cualitativo.

Este mapa vitícola lo completan las variedades chardonnay, verdejo, maturana blanca y, sorprendentemente, también una hectárea de tempranilllo tinto que estaba ahí incluso antes de que llegaran las primeras plantaciones de blanco. «Algo que nos animaba cuando se compró la finca fue que ya a esta altitud había tempranillo tinto plantado, si bien es cierto que con el tiempo hemos ido replantando la viña», señala el director técnico de El Coto de Rioja, César Fernández desde las máximas alturas y con la bodega visible al fondo.

En esta ruta les acompaña también José Mari Ruiz, responsable de Viticultura en esta finca y también en Rioja Alavesa, quien calcula que aún quedará una treintena de hectáreas con posibilidad de plantar viñedo para así completar ya toda la finca. Pero sin prisa. Al menos la preocupación del momento recae en las vendimias. Una que ha comenzado este mismo viernes en Carbonera con las parcelas Umbría, El Aeropuerto y La Plana. Si bien la bodega de El Coto ya cortó sus primeras uvas el pasado 21 de agosto: unas garnachas en la finca Los Almendros ubicada en Ausejo y que iban destinadas a vino rosado.

«El astro que nos está acompañando estos días es perfecto, con noches muy frías que a las viñas le van francamente bien», reconoce Ruiz al tiempo que celebra que el año «ha ido muy bien» en la finca pese al contexto general de complicaciones que se ha extendido por gran parte de la denominación: «No hemos visto una mancha de mildiu y eso que es la finca que menos hemos tratado. Este año vamos a recoger lo que es la media de producción, que ronda el millón o 1,2 millones de kilos (la producción amparada aquí son 1,5 millones de kilos), aunque en las dos últimas campañas sí ha sido menor por las tormentas de granizo. En Rioja Alavesa, en cambio, hay muy poquita uva a excepción de la finca que tenemos en Elvillar, a unos 600 metros. Eso sí, todo lo que hay es con muy buena calidad».

Pese a la creencia de que la altitud puede traer problemas en la maduración, en este enclave los descartan. «Si los hubiera, no nos arriesgaríamos a tener cubierto el racimo con las hojas de parra porque aquí no solemos deshojar, salvo en casos puntuales y de una forma muy leve. No queremos una exposición masiva de racimos porque queremos preservar el potencial aromático, y con el sol al final se va todo. Tendríamos kilos, pero no la finura aromática que buscamos. Incluso en estas condiciones de altitud y frescor mantenemos esa tensión durante todo el ciclo vegetativo para que no se vaya ni una sola molécula aromática de la finca. La maduración va muy acompasada pero es cierto que para elaborar grandes vinos en ocasiones hay que correr riesgos», apunta el director técnico.

A ese buen desarrollo contribuye la propia orografía del terreno, un antiguo glacis con múltiples orientaciones y con un suelo cascajoso por erosión de la montaña y con mucha capacidad de drenaje. Un suelo, además, con un contenido de pH muy ácido, «lo que es muy poco frecuente en la tierra». Esta composición obliga a los técnicos de campo a encalar cada dos años para regular el contenido, aportando cal dolomita espolvoreada. «Hacemos una analítica de suelos y a partir de ahí calculamos la dosis que hay que echar. Este año por ejemplo, hemos aportado unos 500 kilos por hectárea», indica el responsable de Viticultura.

Toda la superficie emparrada (la vendimia es cien por cien mecánica) está distribuida en 40 parcelas sectorizadas para facilitar su gestión y control, aunque para ello también echan mano de las nueve estaciones agroclimáticas que controlan todos los parámetros para vigilar, aún en la distancia, el viñedo. Un sistema que se extrapola al resto de fincas que forman parte de El Coto de Rioja, la cual tiene algo más de 800 hectáreas propias de viñedo. Aún así, de esta superficie, el blanco apenas supone el 20 por ciento de la producción, por lo que Finca Carbonera es una isla en sí misma dentro del grupo .

«Nunca recomendaría plantar estas variedades en unas zonas de menor altitud, como son zonas más de valle y de ribera. Hay que poner las variedades en aquellas zonas donde sabes que te van a dar su mayor potencial y expresividad para luego elaborarlas. Nuestra misión aquí es determinar qué parcela va para cada vino porque año a año vamos viendo el comportamiento de cada zona. La idea es seguir apuntalando el liderazgo en producción de vinos blancos y eso es gracias a que tenemos una gran concentración de finura y aroma», apunta Fernández. En este sentido y cumpliendo con esos tiempos de maduración que tiene cada tipo de uva, los puntos más bajos de la finca, dentro de lo que cabe, se han dedicado al verdejo; la zona intermedia está ocupada mayormente por el sauvignon (uva mayoritaria en la finca) y el chardonnay se sitúa más en las alturas. «Lo que sí hemos notado es que aquí a las viñas les cuesta un poco más llegar a su plena producción, porque si lo normal son cuatro años, aquí han tardado entre cinco y seis años en alcanzar su apogeo», añade Ruiz.

Por si fuera poco, los proveedores de uva son también un factor fundamental en el porvenir de esta firma bodeguera. Cubriendo parajes de las tres subzonas de la denominación, aunque con mayor presencia en Rioja Alavesa, El Coto se abastece de otras 2.700 hectáreas de terceros para elaborar sus vinos. Además, también trabaja con cooperativas de municipios a través de acuerdos a largo plazo donde su equipo técnico elabora la producción que compran a proveedores de la zona. «Proveedores fieles que suponen un pilar clave para la bodega».

Alrededor de esas 500 hectáreas de viñedos y encinos se encuentra, a unos 830 metros de altitud, la bodega. Un edificio que emerge de una parra verde y frondosa e irrumpe en plena sierra, custodiando la finca. Una instalación en la que tan solo se recogen los mostos y se prensan para, seguido, llevarlos a fermentar a la bodega de El Coto, en Oyón, donde ya se hace todo el proceso. Para ello, en Carbonera cuentan con prensas inertes totalmente estancas y trabajan con unas lonas que van creciendo conforme se llenan del gas inerte que contiene la prensa al prensarse los orujos para luego hacer el camino inverso, ya que las prensas no están abiertas al exterior. «Es una ventaja importante porque esto hace que todos los mosto prensa que se obtienen sean de altísima calidad. Además, el hacer esta pequeña parte del proceso aquí, la extracción, supone un paso capital en la elaboración porque se hace todo de manera mucho más ágil para aprovechar todo el potencial. Es decir, en el mismo día estamos vendimiando desde primeras horas de la mañana y ya por la noche esa uva ya está en la bodega de Oyón. Al final todos estos aromas se oxidan rápidamente y sería una pena perderlos en el tránsito hasta Oyón».

De Finca Carbonera son un total de cinco vinos blancos los que se elaboran, a los que se suma la ‘oveja negra’ de la casa: «El Coto Blanco es el buque insignia de la casa con una base de viura que aporta elegancia a la frescura que dan las variedades tiólicas de la finca. Una combinación de intensidad y sutiliza que lo convierten en algo completamente diferente. El Coto Semidulce se construye con una base de chardonnay y viura; El Coto Mayor, un cien por cien sauvignon blanc; El Coto Verdejo y el 875, que tiene su versión en blanco y en tinto».

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