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Tinta y tinto: ‘Ajuste de cuentas’

Foto: EFE/Daniel González

Hay semanas que no podemos más cuando llega el miércoles. Al tercer día laboral necesitamos que llegue el fin de semana y buscamos un enchufe en el que recargar nuestra batería interior para no quedarnos dormidos en mitad de un paso de cebra o esperando en la fila de la frutería. Si hay ocasiones en las que tres días de rutina se nos hacen largos, imagínate cien días de mayoría absoluta del PP en los que ni siquiera los diputados de Vox nos pueden animar el ambiente con propuestas que rocen los márgenes de lo cabal. Estamos en La Rioja huérfanos de estridencias políticas ahora que ya han pasado las fiestas de San Mateo y andamos los cronistas políticos ávidos de alocadas mociones que nos lleven a protagonizar cinco minutos del programa de Ferreras. Confiamos en el próximo charco que decidan pisar el alcalde de Logroño, Conrado Escobar, o el consejero de Cultura, José Luis Pérez Pastor, reyes del quitar cosas que apenas molestaban como un carril bici o el nombre de una biblioteca.

Entre tanto, nos tenemos que conformar con la política seria, aburrida y metódica que ha extendido el presidente Gonzalo Capellán desde que ganó las elecciones el pasado 28 de mayo. Es decir, la política buena. Así, cien días después de tomar posesión y con todos los datos recopilados por su equipo durante las últimas semanas, compareció en el Parlamento para atizar sin miramientos al anterior Gobierno liderado por Concha Andreu. Lo decía la radio chilena Bio Bio -“el hombre que no está informado no puede tener opinión”- y lo ha puesto en práctica el jefe del Ejecutivo para darnos una nueva clase de cómo comenzar una legislatura. Por mucho que se empeñe, no puede quitarse el aura de catedrático ni siquiera cuando reparte hostias como panes, siendo en esta ocasión más propicia la sotana para hacer también honor a su apellido.

El caso es que Capellán desmontó en poco más de una hora el Plan de Transformación de La Rioja que durante meses proclamó Andreu a los cuatro vientos, reduciéndolo a cenizas para comprometerse a salvar lo que pueda. Salvo algún proyecto concreto del “absolutamente decepcionante” Valle de la Lengua (no será Voces de la Lengua, claro), el resto tienen pocos visos de prosperar. La enorregión sólo cuenta con un 0,4 por ciento de ejecución y nada sabemos de aquellos agentes (comerciales) que iban de bodega en bodega contando las bondades del asunto. La Ciudad del Envase y el Embalaje no llegará ni siquiera a Pedanía del Envase y el Embalaje, pese a la millonada gastada en personal y equipamiento. Y del Territorio Digital de Servicios hay menos evidencias empíricas que de la existencia de Dios. En resumen, humo pagado con dinero público que ahora se disipa ante la llegada de un nuevo partido que ha decidido abrir los cajones a ver qué se encontraba.

La contestación del PSOE al “balance” de los cien eternos días de mayoría absoluta fue más una pataleta que una respuesta política por su falta de argumentos. “No ha hecho más que levantar alfombras”, señalaron los socialistas, quienes asistieron al chorreo sin la presencia de su (todavía) diputada y expresidenta, Concha Andreu. ¿Qué esperaban que hiciera el PP tras revisar los cajones? ¿Hacer como si nada teniendo la oportunidad de desmontar los “proyectos estrella” de la anterior legislatura con datos contrastados? No podía dejar pasar la oportunidad Capellán, como no debía haberla dejado pasar Andreu cuando accedió al poder en 2019. ¿Por qué no lo hizo entonces? Veinticuatro años de gobiernos del PP –veinte de sanzismo (PSOE sic)– y resulta que no hay ni un trapo sucio que sacar a la luz, aunque a cuatro días de las elecciones aparecen en la prensa nacional, misteriosamente, unos correos electrónicos en el que se atisbaba la red clientelar montada durante lustros por el Riojano Ilustre.

No hubo borrón y cuenta nueva de Andreu. No hubo ajuste de cuentas con el pasado. El cambio del azul al rojo fue un mero trámite sin ruido en el que aquellos que llevaban años ansiosos por saber qué se había movido entre las bambalinas del Palacete se quedaron decepcionados ante la falta de explicaciones. Sin embargo, Capellán sigue con milimétrica precisión el manual político de siempre, adaptado a las formas del siglo XXI, para desmontar a su rival, engrasar su maquinaria y gobernar la tierra donde nunca pasa nada haciendo que todo pase. “Mi contador ha comenzado ahora”, dijo después de apalear el citado plan de transformación, evidenciando que primero se ocupó de lo urgente (crisis en el sector vinícola), después de las cuentas pendientes y ahora viene el festival popular. No será el Actual, que también, sino los conciertos con la sanidad privada y la educación concertada. Si tres días laborales y cien días de gobierno se nos hacen largos, verás cuando roce los 3.000 allá por mayo de 2031. Pónganse cómodos.

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