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Miguel Muñoz: exjugador del Logroñés y gran arquitecto del Real Madrid

FOTO: Nationaal Archief.

Juan José Lahuerta.- Desde los despachos, el primer gran arquitecto del Real Madrid fue el presidente Santiago Bernabéu. Pero, desde el banquillo, Miguel Muñoz, fue la mano ejecutora de su jefe para edificar una de las mejores épocas del club blanco. y, cuando este 19 de enero se cumplen exactamente cien años de su nacimiento, Miguel Muñoz no ha dejado de ser un mito.

El técnico con más partidos dirigidos y con más títulos del Real Madrid nació en Madrid el 19 de enero de 1922, poco más de un año antes del inicio de la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Vivió la Segunda República, la Guerra Civil Española, la dictadura de Francisco Franco, la llegada de la democracia y murió a los 68 años un 16 de julio de 1990.

A su padre, sastre, no le gustaba el fútbol, era amante de los toros. Al bueno de Miguel, le entusiasmaba el balompié, como se llamaba generalmente al fútbol en sus primeros años. Siempre estuvo ligado a ese deporte y, mientras comenzó a estudiar comercio, inició su carrera en los juveniles del Buenavista. Justo estalló la Guerra Civil (1936-1939) y tuvo que esperar hasta el fin del conflicto para retomar su carrera sobre el césped.

Antes de llegar al Real Madrid, donde pasó 25 años de su exitosa carrera profesional, jugó en equipos menores como la Peña Castro, el Pavón, la Ferroviaria, el Imperio y el Girod. Al final, el servicio militar acabó por dar un giro en su vida. Lo hizo en Logroño y en él se fijó el Logroñés, donde destacó como un interior derecho.

Racing, Celta y el salto al Real Madrid

El Racing echó sus redes sobre Miguel Muñoz y como mediocentro firmó un par de buenas temporadas en Segunda División (1944/45 y 1945/46) para dar el salto a Primera en las filas del Celta, que cerró su fichaje por 30.000 duros. Su entrenador, el mítico Ricardo Zamora, le sacó todo su potencial para, por fin, en el curso 1948/49, fichar por el Real Madrid junto a Manuel Fernández «Pahiño».

Ahí comenzó una relación legendaria con la entidad madridista. Muñoz, durante diez temporadas, paseó su fútbol por el estadio Santiago Bernabéu. Después, casi tras colgar las botas, acumuló otros catorce años en el banquillo. En total, casi 25 años en el Real Madrid en los que acumuló trofeos y multitud de instantáneas legendarias.

Sus primeros años, hasta la llegada de Alfredo Di Stéfano y de Francisco Gento en 1953, fueron de transición. Entre 1948 y 1953 no consiguió levantar ningún título, pero estuvo a punto de disputar el Mundial de Brasil de 1950. El seleccionador Eizaguirre le descartó junto a otros ocho futbolistas tras un par de amistosos ante Hungría previos al torneo.

El primero en levantar una Copa de Europa

En 1952 encontró en José María Zárraga a su pareja en el centro del campo perfecta. Su compañero aportaba equilibrio y trabajo defensivo y Muñoz podía descolgarse hacia el área contraria. Y, con la llegada de Di Stéfano y Gento, el Real Madrid terminó de explotar.

Muñoz participó en el inicio de la primera época dorada del Real Madrid. Sobre el césped, ganó cuatro Ligas y tres Copas de Europa. Tuvo el honor de ser el primer capitán y jugador de la historia en alzar el máximo trofeo continental tras ganar en la final de 1956 al Stade Reims. Luego repitió después de derrotar al Fiorentina y al Milan.

Finalmente, Juan Santisteban le arrebató el puesto y, con 35 años, colgó las botas tras diez cursos en el Real Madrid en los que disputó 275 partidos oficiales, marcó 24 goles y sumó ocho títulos. Tomó la decisión después de verse en los noticiarios del cine: «Me vi viejo y culón, con ese pantalón grande blanco, en la pantalla enorme, en blanco y negro. Pensé que estaba haciendo el ridículo».

Miguel Muñoz no tardó en dar el salto al banquillo del Real Madrid. En la temporada 1959/60 dirigió al Plus Ultra, filial del Real Madrid, y a mitad de la siguiente Bernabéu le subió al primer equipo para sustituir al paraguayo Fleitas Solich. Entonces, comenzó el idilio con su club como entrenador.

14 años y 14 títulos en el banquillo del Real Madrid

Casi nada más llegar, dirigió la victoria más brillante en una Copa de Europa. La quinta seguida del Real Madrid, en la final de Glasgow frente al Eintracht, es de las más recordadas de la historia. Ganó 7-3 y, durante un tiempo, cada año, la BBC emitió el encuentro como una oda al fútbol.

Después se encargó de administrar la decadencia de la generación de Alfredo Di Stéfano, que perdería otras dos finales de la Copa de Europa ante el Benfica (1962) y el Inter (1964). Tras esta última, Di Stéfano dejó el club, cuando había empezado la renovación con la llegada de jóvenes como Amancio Amaro, José Martínez «Pirri», Ignacio Zoco, Manuel Sanchís, Fernando Serena, Ramón Grosso o Manuel Velázquez, entre otros.

Con ellos, y todavía con Gento y Puskas, ganó la sexta copa de Europa en 1966 tras superar al Partizán de Belgrado. Siguió en el Real Madrid hasta el curso 1973/74, cuando no pudo completar una segunda renovación con éxito. Aquel curso la Liga se abrió a la llegada de extranjeros y mientras que el Barcelona fichó a Johan Cruyff, el Real Madrid firmó a Günter Netzer, que no cuajó.

Tras perder al inicio de la segunda vuelta frente al colista, el Castellón, y pese a ser ratificado en una nota de prensa del club blanco, pidió a Bernabéu su dimisión y se marchó del Real Madrid con nueve Ligas, dos Copas del Generalísimo (Copa del Rey), dos Copas de Europa y una Copa Intercontinental.

Su legado con España

Ahí no acabó su carrera. Ni mucho menos. Dirigió al Granada, al Sevilla y a la Unión Deportiva Las Palmas que fue subcampeona de Copa en 1978 con una generación brillante de jugadores argentinos como Teodoro Fernández, Miguel Angel Brindisi, Carlos Manuel Morete, Daniel Carnevali y Quique Wolff.

Después del Mundial de 1982, Muñoz cambió el banquillo de clubes por el de la selección española, donde también dejó su imborrable sello con momentos irrepetibles como el 12-1 a Malta, el subcampeonato en la Eurocopa de 1984 tras caer ante Francia y el Mundial de México 1986, en el que España cayó en cuartos de final en la tanda de penaltis ante Bélgica tras dejar un gran sabor de boca.

Su último gran torneo, la Eurocopa de 1988, fue errático. Dejó el cargo y no mucho después fallecería. Su adiós, con 68 años en 1990, fue un palo para el fútbol español y, sobre todo para el Real Madrid, que disfrutó de la habilidad del Miguel Muñoz futbolista y de la sabiduría del Miguel Muñoz entrenador.

Formó junto Bernabéu y Di Stéfano el trío que impulsó al Real Madrid hacia la galaxia. Uno, lo hizo desde los despachos, otro desde el césped y él, desde el banquillo. Dirigió más partidos que nadie en la historia del club blanco (605 por los 263 de Zinedine Zidane, en la segunda posición) y ganó más títulos que ninguno (14 por los 11 de ‘Zizou’). Cuando se cumplen cien años desde su nacimiento, su legado es imborrable.

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