Crisis del Coronavirus

David Ruiz, un riojano en la ‘nueva Wuhan’: «No puedes ni salir a la calle»

David Ruiz es un entrenador riojano en la cantera de porteros del Ever Bright chino, un equipo de segunda categoría que planea regresar a la élite. Lo más sorprendente es que se encuentra en Hebei, el epicentro del resurgir del coronavirus en el gigante asiático, al norte del territorio. Con casi 75 millones de habitantes, la provincia ha detectado en torno a 800 casos en los últimos catorce días. El Gobierno de la República Popular China no se lo ha pensado: confinamiento perimetral para los casi 11 millones de habitantes de Shijiazhuang, entre los que se encuentra nuestro protagonista.

El mundo se ha transformado en una especie de ‘Black Mirror’ y todo ha cambiado desde que Ruiz llegara a China en el año 2018. En diciembre de 2020 recibió otra buena oportunidad laboral y volvió al país más poblado del mundo. Tuvo que realizar dos semanas de cuarentena antes de instalarse en un centro olímpico a las afueras de la ciudad. Allí, convive junto a profesionales de otras disciplinas polideportivas: fútbol, baloncesto, voleibol, patinaje en pista, natación, lanzamiento de peso…

«Estamos unas mil personas. Muchos equipos, por el frío, se trasladan al sur de China, pero muchos de nosotros no hemos podido acudir por el virus», explica. Con todas las comodidades (gimnasio, supermercado, campos, sala de cines), los deportistas crecen en un vivero de talentos olímpicos e internacionales. Tras el Año Nuevo, Hebei sufrió un aumento de casos y confinó Shijiazhuang: «Todos los habitantes han tenido que pasar controles de test varias veces para encontrar a los contagiados o asintomáticos y ponerlos en cuarentena», explica.

El equipo recibió la noticia, pero pudo seguir entrenando en el recinto: «Dimos negativo dos veces e intentamos llevar mascarilla en las zonas comunes y muchos días incluso entreno con ella, la polución es alta. Los deportistas tienen que cuidarse, no se pueden permitir suspender competiciones y perder el esfuerzo invertido». Muy diferente era hace apenas días e incluso la mascarilla dejó de ser obligatoria en la calle. Sin embargo, toda la población tiene que tener un código QR en el We Chat: «En cualquier establecimiento tienes que escanearlo para seguir el movimiento».

La ‘nueva Wuhan’

El virus se ha vuelto a detectar, así que las medidas se han vuelto draconianas: «Son iguales que las de Wuhan, no puedes salir a la calle y si necesitas comida o algún otro producto, se realizan servicios de entrega. En nuestro caso, tenemos un supermercado aquí», pero el día del cierre él no estaba en la ciudad; «tenemos que pedirlo y nos lo entregan en la entrada del centro olímpico». Calles vacías, aplausos en las ventanas, tiendas cerradas, pocos envíos cercanos (Tobao, el ‘Amazon chino’): «Es un bloqueo muy severo, pero creo que es la mejor manera para controlar el virus. Las clases se hacen online».

Ruiz explica que el confinamiento sirvió para controlar a cerca de 600 personas contagiadas, todas aisladas en casa o en centros habilitados para personas que comparten casa con otros familiares. Paralelamente, también ha comenzado la vacunación masiva: «Llevan más de 9 millones de vacunas, actualmente están vacunando a todo el personal sanitario, profesores y personas vulnerables al virus. Está previsto que antes de Año Nuevo chino (12 de febrero) se llegue a 50 millones. Yo me intentaré vacunar cuando me toque en China, o si no en España, si tengo que volver en un futuro».

¿Cómo se afronta una situación así? Para David, es más fácil que en la urbe al estar en el centro deportivo: «Tenemos unas amplias instalaciones y podemos estar al aire libre, practicando deporte o entrenando con los equipos. Solo descansamos el domingo. Tratamos de mantener la mente fría, no ha sido nada fácil volver a estar encerrado. Después de tres meses en España y una cuarentena de 28 días anteriormente en China, esto es duro. La rutina sigue siendo la típica (entrenamiento, gimnasio, vídeos, hablar con la familia, amigos, alguna película o serie…)».

«Me gustaría conocer la ciudad, templos, montañas, para cuando mi mujer e hijo estén aquí conmigo, poder enseñarles los lugares de Shijiazhuang y de Hebei», explica. Con dos años de experiencia en aquel lejano país, adaptarse ha sido fácil: «Ya sabía dónde venía, aunque las siete horas de diferencia pesan». Con menú variado y una VPN (servidores de Internet sin localización que saltan la censura) disfruta de las mismas libertades que en España: «No me quejo, me encuentro como en casa estando aquí».

El fútbol y el deporte en China, antes y después del COVID

Más allá de toda la pandemia, el técnico se centra en su objetivo profesional: «Nuestro club, el Ever Bright Football Club, estamos en Segunda y queremos volver a Primera en uno o dos años. El primer equipo tendrá que pasarse a Cangzhou, pero nosotros nos quedamos aquí, en mi caso, con los porteros entre el U-12 y el U-17». Aunque sin tanto foco mediático, el fútbol en China ha despegado: «Antes del COVID-19, había más de 40.000 personas en los estadios. En la mayoría de campos, aunque no haya casos, no puede entrar la afición, pero no se ha parado ni la temporada ni el fútbol base».

David Ruiz se muestra muy feliz de estar en China: «Me gusta este país, la amabilidad y el respeto de la gente. También destacaría sus templos, montañas y la conservación de las ciudades antiguas, es algo impresionante». En el otro lado de la balanza, destaca sus tres puntos negativos: el frío, la contaminación ambiental y el picante. Así es la historia de un riojano, metido en el ojo de la tormenta. Y quien sabe, quizá su historia sea un preludio de lo que viviremos en La Rioja y en España. Toca remar y sobrevivir.

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