Firmas

El espíritu de los poetas

No hay nadie en su sano juicio que diga que quiere ser filósofo o poeta. Ambas materias están reservadas para esa gente bohemia que podría llevar las mismas sandalias durante toda su vida adulta porque así sabe «de dónde viene y hacia dónde va». Huimos de la reflexión como de la peste y nos acogemos al pragmatismo capitalista para disfrutar de una bonanza económica que nos otorgue estabilidad. «La tranquilidad es lo que se busca». Un lema de piscina como forma de vida más allá de los tiempos de la pandemia. Sin embargo, todos hemos coqueteado alguna vez con la filosofía y la poesía. Un porrito universitario, una carta de amor, un suceso trágico en nuestra vida, una redacción adolescente… reflexiones profundas y rimas imposibles. Asonantes y consonantes. Endecasílabos. Greguerías. Aristóteles y Platón como modelos. Gustavo Adolfo Bécquer como referente. El mito de la caverna y las oscuras golondrinas. Por un momento, pensar que somos ciudadanos de un lugar llamado mundo y que sabemos cómo hallar la felicidad.

El otro día daba vueltas a todo esto cuando descubrí ‘El mirador de los poetas’. Está en Préjano, junto a una vía verde que otrora era lugar de paso para el tren. Desde allí se divisa medio valle del Cidacos y se respira ese aire místico y bélico de los lugares desde donde defender fortalezas. Me acordé de mis compañeros de la Complutense. Íbamos de poetas y literatos. Creíamos que ser periodistas dipsómanos sería algo con aire sofisticado y vintage para emular en el futuro, pero la realidad siempre acaba poniéndote en tu sitio. La precariedad, las nuevas tecnologías, la crisis económica, la falta de oportunidades… en definitiva, la vida. Acabó la universidad y cerramos nuestro particular «club de los poetas» (el título fue otorgado por nuestro amado profesor Félix Rebollo), aunque de vez en cuando hemos seguido intentando darle un aire literario a nuestra existencia.

En La Rioja, ya han pasado por ese proceso los dos últimos presidentes. La segunda, de forma más rápida que el primero por culpa del COVID-19. José Ignacio Ceniceros demostró en su estreno en el Debate del Estado de la Región (2016) que era tiempo de poetas con sesenta folios en los que defendió a ultranza la política y el espíritu de diálogo que anidaba en él: «Así lo pienso, así lo siento, así lo digo». Con el paso de los meses, la filosofía y la poesía se convirtieron en pragmatismo. Las buenas palabras dieron paso a la gestión de la mano de un errático compañero de viaje naranja. Y entre medias, un congreso. El resto de la historia está en la hemeroteca.

Concha Andreu sucedió a Ceniceros a finales de agosto del año pasado levantando una «copa de bon vino» hacia el cielo de Logroño y recordando a Gonzalo de Berceo. Entonces sí era tiempo de filosofía y poesía. Tiempo de soñar en imposibles y en ese mundo idílico en el que hasta La Rioja tuviera empleo estable, infraestructuras del siglo XXI y políticos que llegaran a acuerdos. Luego llegó el COVID-19 y arrasó con cualquier plan que tuviéramos en nuestras agendas. Así que la presidenta ha llegado a su estreno en esta sesión parlamentaria con la gestión del coronavirus como tema central y con 365 fallecidos a los que rendir homenaje por culpa de la pandemia. Sin literatura ni alharacas, tocaba resumir y resumir la batería de medidas adoptadas durante los últimos meses. Una legislatura condensada en medio año por la celeridad con la que había que tomar las decisiones.

Datos. Frías cifras. Gestión. Aferrándose a sus 43 folios de discurso sin saltarse ni una coma ni añadirle improvisación, Andreu ha despachado en poco más de dos horas su primer «análisis completo» de la región con el coronavirus como eje central. Sin apenas espacio para el «cambio» o el «progreso» del que hacía alarde cuando llegó al Palacete, el bicho también ha acabado con la filosofía y la poesía de Andreu. Incluso con el diálogo (PP y Ciudadanos no firmarán los ‘Pactos del Riojaforum’). Es tiempo nuevamente de pragmatismos. La literatura volverá y sólo el futuro podrá decir qué obra de Gonzalo de Berceo nos da por elegir: ‘Los milagros de nuestra señora’ o ‘El martirio de San Lorenzo’.

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