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Firmas

Yo escuché los sesenta folios del poeta Ceniceros

Lo bueno de volver al colegio es que nada defrauda porque todo defrauda. Las expectativas son tan altas la noche anterior que apenas puedes dormir (habrá algún listo que le eche la culpa a los más de 20 grados que tenemos estos días en La Rioja cuando desaparece el sol, pero son los nervios de la reapertura de puertas en el Parlamento) y acabas llegando a la cita de la mañana siguiente con tus mejores galas y tu peor cara. Vistas las mismas caras de siempre y hechos los saludos pertinentes, «¿qué tal ha ido el verano?», caes en la cuenta de que tu emoción se basaba en asistir a una clase en la que un señor que ostenta la Presidencia del Gobierno va a leer sesenta hojas durante más de dos horas.

Para el segundo párrafo, primer traspiés con broma que vaya usted a saber si es broma. «Hoy, catorce años… catorce meses después, comparezco ante esta Cámara para abrir el Debate sobre la política […] señorías, ha sido una broma, no quiero estar catorce años». Para más de uno se cumplieron en ese discurso que, por si fuera poco, Ceniceros asemejaba a una «obligación» que cumplía «con agrado» porque se hablaba de política: «Y yo siento la política. Me gusta hablar de política». ¡Vaya fiesta! Resulta que ahora en los parlamentos nos vamos a poner a hablar de política en vez de tirarnos los trastos a la cabeza.

Sin salir del primer folio, el jefe del Ejecutivo regional volvía al símil educativo señalando que se tomaba su primer debate al frente de los riojanos como un «examen» al que llegaba «con los deberes razonablemente bien hechos». Y como el Gobierno tenía prácticamente sus tareas hechas, el único encarguito de la sesión, «contando con su complicidad», fue para el consejero de Educación, Abel Bayo. Suponemos que será cosa de la LOMCE y sus reválidas para que sea el primero en probar los cambios de la nueva ley.

Susurraba Ceniceros cada palabra con la fuerza del corazón. Sólo le faltaba ponerse la mano en el pecho como si fuera un futbolista de la selección escuchando el himno sobre el césped cuando pasa por delante la cámara de televisión. «Así lo pienso, así lo siento, así lo digo», decía, refiriéndose al cambio del clima político en La Rioja para que sea un espejo en el que España se mire. Porque con el espíritu del entendimiento, la concordia, la visión constructiva, menos partidismo, más sentido de comunidad y patriotismo «nació nuestra autonomía». «Y ese es un espíritu que anida en mí».

Tirando de patriotismo regional justo cuando el Partido Riojano ha desaparecido del arco parlamentario, el presidente nos invitó a sentir con él «la moderada satisfacción de lo que juntos estamos logrando» porque debe tener un cuaderno con un montón de indicadores señalados en verde. Tras recitarlos todos de carrerilla en un sinfín de números que ocuparían varios gigas en un archivo de Excel, volvió al sentimiento con «el carácter abierto de nuestras gentes», en esta «tierra con nombre de vino y cruce de caminos». Se olvidó de los puentes sobre el Ebro, la estirpe berona y la falta de tranvía, pero quedó demostrado que es tiempo de poetas.

Aunque ahí se le acabó la poesía a Ceniceros (en el folio 19) y el tedio se apoderó de los sillones del antiguo convento de La Merced. Las pruebas las aporta el fotógrafo Juan Marín en una galería de imágenes en la que no se libra ningún consejero de aparecer con los ojos cerrados echando una cabezada (mención especial para Íñigo Nagore), aunque se libra de aparecer en documento gráfico nuestra alumna más avanzada: Rebeca Grajea de la Torre (Ciudadanos). Bajo el pelo suelto escondía unos auriculares en los que bien podía estar escuchando los grupos que actuarán en San Mateo para aprenderse las canciones o, no seamos mal pensados, el audio de la Cámara para quedarse con todas las palabras del presidente.

Para terminar, lanzó un desafío a sus señorías: «¿Están dispuestas?». Hubo hasta respingos en los escaños. Además de infraestructuras y financiación, se refería el máximo dirigente de los riojanos a mejorar la evolución demográfica de la región. Como propuesta para el lema de esa campaña, aquí va una idea: «A gozar, a gozar, que La Rioja se va a acabar». Quizás haya que acordar también ventajas fiscales y conciliación familiar, pero podría ser un comienzo, como el de este curso político con visos de mantenerse igual que el anterior.

Lo resumió el portavoz de Ciudadanos, Diego Ubis, al acabar: «Era como ver ‘Titanic’; una superproducción, con grandes decorados, con muchos medios técnicos, pero que estás deseando que acabe porque sabes como finaliza». La socialista Concha Andreu dijo que no «no va a haber tantas sillas para tantas mesas – de negociación- anunciadas». En La Rioja siempre habíamos echado en falta el Corte Inglés y un equipo en Primera. En esta vuelta al cole también nos va a hacer falta un Ikea.

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