Gastronomía

El Carabanchel, otro clásico que baja la verja en Logroño

El Carabanchel, con más de un siglo de historia, baja la verja

El Carabanchel, uno los restaurantes con más solera de Logroño, ha echado el cierre. No es la primera vez y, eso esperamos, no será la última.

Fundado en 1912 como Casa Fructuoso, el restaurante Carabanchel ascendió a la cima de los comedores logroñeses desde que en 1943 se hicieran cargo del mismo Francisco Sainz Eguizábal, ‘Quico’; su mujer, Luisa, y, con el tiempo y hasta su jubilación, las dos hijas: Raquel -en la cocina- y Piedad -en el comedor-. Mientras, su hermano Moisés oficiaba en la cafetería anexa, que ocupó el local donde hoy comercia con vinos, quesos y risas el entrañable Agustín ‘Tato’ Abadía.

Aquel bar, hervidero de burles y a cuya puerta asomaba los domingos una pizarra con los resultados del fútbol, desapareció en 1994, aunque en 2003 se recuperaba la primera planta del restaurante como cafetería de vinos y tapas. El inmueble sufrió diversas reformas en 1983 y 2006, sin perder nunca su aroma ni la sillería original.

Pero fue la sala la que dio merecido renombre al Carabanchel, sin mayor secreto que incorporar y dar sazón a las materias primas de la cercana Plaza de Abastos: pochas, menestra, asados o cangrejos se entreveraban en las páginas de su carta, donde convivían de forma armoniosa con una notable selección de vinos de la tierra.

Después de que Piedad, Raquel y Moisés colgaran el delantal, el Carabanchel pasó por diferentes manos. Si sirve como medida la experiencia personal, el servicio y la cocina que ofrecían sus últimos propietarios eran manifiestamente mejorables. Confiemos en que pronto caiga en otras mejores.

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