La Rioja

Hagamos el amor y no la guerra

Un pleno en un 14 de febrero es carne de tópicos. El amor por aquí. El desamor por allá. Las pasiones desenfrenadas. Los regalos románticos. La tristeza del que no se siente querido. La felicidad del correspondido. La nostalgia del abandonado. La sorpresa en una caja de bombones. El ramo de flores. La mirada cómplice. El gesto cariñoso. La sonrisa que enamora. El piropo perfecto. La caricia respetuosa.

El Parlamento ha vivido este jueves su particular San Valentín con ese paso tan sencillo del amor al odio que lleva a nuestras señorías a dar rienda suelta a sus más bajos instintos. No se vaya a pensar el lector que el hemiciclo podría haber acabado en una orgía, siempre hablando en el término sexual del término, sino que la cercanía de las elecciones convierte la política en un manojo de nervios más grande que el del joven a punto de perder la virginidad.

Mucho de eso tiene esta legislatura y su recta final, protagonizada por Rebeca Grajea de la Torre y su expulsión de Ciudadanos. La broma se nos ha ido de las manos y ha dejado de tener gracia. A los chiquillos inquietos hay que saber cuándo echarles un poco el freno para que no se vengan arriba. Expulsada de su grupo parlamentario, ha llegado a la sesión como la estrella de la película. Focos hacia ella. Cámaras que la seguían. Besos y abrazos para la diputada naranja. Era el centro de atención.

Lo que ocurre en estas situaciones suele ser siempre contraproducente. Los focos queman. No se puede estar mucho tiempo expuesto en la primera línea si no se quiere terminar abrasado. Al principio, gustan. Luego hay que escapar de ahí. Sobre todo, si como le ha pasado este jueves a Grajea de la Torre, te llega una citación del Juzgado porque tus antiguos compañeros de escaño te han denunciado por injurias y calumnias. Feliz regalo de San Valentín, cariño.

Donde antes todo eran sonrisas en la siempre alegre cara de la diputada animalista, el gesto se iba tornando en un considerable enfado por el devenir de los acontecimientos. Es la pasión de la política riojana en la legislatura de la nueva política. Y si tiene alguna duda de cómo va a acabar el asunto, que le pregunte al portavoz de Podemos, Germán Cantabrana, en vez de darse tantos besos con la diputada expulsada de la formación morada, Natalia Rodríguez.

No hace falta engañarse: la legislatura está acabada. Poco o nada va a salir adelante entre los muros del antiguo Convento de La Merced. El teatro está bien en el Bretón, pero no en el Parlamento. Por favor, señorías, se lo pido en el día de San Valentín: hagamos el amor y no la guerra. No se despellejen mucho entre los suyos ni con los de enfrente en estos tres meses.

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