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Reyes de Nájera, la historia de un sueño que pudo ser y no fue, vivida desde dentro

Dentro de unos años, cuando los jóvenes riojanos estudien los reyes de Nájera, encontrarán en sus libros de texto la siguiente relación: García Sánchez I, Sancho Garcés II, García Sánchez II, Sancho Garcés III… y Diego I. Diego Martínez. El último de ellos, relatarán los profesores de Historia, intentó emular a sus antecesores consiguiendo en el siglo XXI lo que otros habían logrado en los siglos X y XI: extender el Reino de Nájera hasta Pamplona.

Todos nos hemos hecho un poquito (más) del Náxara en este playoff. El equipo humilde entre los humildes. El humilde al cuadrado. La escuadra del ‘todos a una’ empujada por un pueblo que daba sus famosas vueltas mientras once camisetas blanquiazules sobre el césped y más de mil en la grada luchaban por conseguir un sueño que deberá esperar otro año.

Mar Menor, Villarrobledo y… Peña Sport. En la casi vecina Tafalla se acaba una bonita pelea que prácticamente nadie esperaba ni siquiera disputar. Vivos hasta el último suspiro. La Segunda B al alcance de las yemas de los dedos, prácticamente acariciada hasta el último aliento. Pero sólo eso. De repente, zas. Ojos abiertos. Todo había sido un sueño. Bonito. Precioso. Pero sólo eso. Un sueño.

Tan bonito, que la fiesta en el campo de San Francisco no era del equipo que había ascendido sino del humilde al cuadrado. Un trocito de Nájera había viajado en más de diez autobuses (y otros tantos coches particulares) para arropar a su equipo hasta el final. Hasta el final de verdad. Lloraron juntos y derramaron lágrimas de felicidad por haber demostrado que podían, aunque los caprichos del fútbol les hayan arrebatado la felicidad completa.

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