Gastronomía

Pedro Barrio: «En las guías gastronómicas hay fallos difíciles de entender»

Pedro Barrio: «En las guías gastronómicas hay fallos difíciles de entender»

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

Una vez la lista Macarfi ha hecho públicos sus resultados, la gastronomía riojana hace balance de un 2025 en el que la principal novedad es que todos los restaurantes riojanos premiados en ediciones anteriores por la Guía Michelin, la Repsol o la Macarfi -las tres principales referencias para ponerle nombre a la calidad y la excelencia en la cocina internacional- han logrado mantener sus estrellas, soles o menciones Macarfi, lo que habla de la buena salud de la cocina riojana.

El presidente de la Academia Riojana de Gastronomía, Pedro Barrio, analiza el reparto de Estrellas Michelin, Soles Repsol 2025 y Lista Macarfi, señala «fallos difíciles de entender» y defiende que La Rioja vive «un momento excelente» desde el punto de vista gastronómico. «Nadie ha perdido distinciones este año», recuerda. «Mantener los reconocimientos es muy meritorio. En otras regiones ha habido restaurantes que han perdido soles o estrellas y eso es muy duro». La constancia, insiste, es «un mérito en sí mismo de todos los restaurantes de nuestra región».

La primera valoración es positiva, pero con matices. Pedro Barrio arranca el análisis de las guías gastronómicas con una idea clara: «Tenemos 27 soles en La Rioja». Una cifra que, en su opinión, confirma el buen momento del sector. Sin embargo, inmediatamente introduce el matiz. «Pero echo en falta alguno más», reconoce.

Ese «alguno más» tiene nombre propio. Barrio esperaba que este año llegara el segundo sol Repsol para Echaurren Tradición y el primero para Ajonegro. «Y tampoco ha sido esta edición», lamenta.

En el caso del restaurante logroñés es aún más contundente: «No encuentro una explicación. Es un gran restaurante con una oferta culinaria original, atrevida y de alta calidad, con un servicio excelente. Es merecedor de una estrella Michelin. Yo creo que es un error de la Repsol».

Igual de convencido defiende otro de los templos de la gastronomía riojana infravalorado por las guías gastronómicas. «Es incomprensible que no se la den», afirma sobre la ausencia de una estrella Michelin para Echaurren Tradición. A su juicio, «este espacio gastronómico es característico de estrella Michelin por sí mismo» y sostiene que, cuando uno recorre restaurantes con una estrella en España, «vamos a unos cuantos que son peores que Echaurren Tradición».

Repsol, Michelin y Macarfi: tres miradas distintas

El análisis de Barrio no se queda en casos concretos. Va más allá y compara criterios. Para él, las guías «parecen todas iguales, pero son distintas». De la Guía Repsol destaca que sigue siendo «una muy buena guía», pero considera que «por el camino se han dejado algunos establecimientos que deberían estar señalados». Habla incluso de «fallos y carencias difíciles de entender», en concreto, insiste, Ajonegro de Logroño.

Sobre la Guía Michelin, en cambio, pone el acento en la coherencia. «Siempre mantiene un criterio muy estándar, muy firme, muy fijo y sabes exactamente lo que quiere decir cuando da una, dos o tres estrellas». Es «más exigente», admite, y la considera «una guía fiable».

Y el tercer actor en liza es la Guía Macarfi, cuyo Top 50 en La Rioja incluye desde Venta Moncalvillo hasta Kiro Sushi, pasando por Nublo o Alameda de Fuenmayor. Es, a su juicio, la que «está teniendo cada vez más aceptación» porque «acierta mucho».

«Si tuviera que quedarme con dos, me quedaría con Michelin y Macarfi», afirma, aun a riesgo —bromea— de que desde Repsol «se enfaden un poco conmigo». La combinación, explica, ofrece una fotografía más completa: la exigencia técnica de Michelin y la amplitud de criterio de Macarfi.

El ejemplo paradigmático es Alameda. Para Barrio es «uno de los mejores restaurantes de España», un lugar donde «si no traen productos mejores es porque no hay». Sin embargo, entiende que «ese perfil no encaja en los criterios de Michelin», aunque sí está claramente respaldado por Macarfi, que lo sitúa inmediatamente después de los grandes gastronómicos.

En medio del debate sobre estrellas y soles, Barrio introduce un mensaje que considera importante: el reconocimiento a quienes no aparecen en ninguna clasificación.

EFE/Raquel Manzanares

Pero más allá de los premios y reconocimientos, Barrio amplía el foco hacia restaurantes rurales que sostienen el tejido gastronómico en pueblos pequeños.

«Hay que tener mucho respeto y mucha admiración por todos esos restaurantes que no aparecen en las guías y que todos los días están dando una cocina de alto nivel», defiende. Lugares que, con propuestas más sencillas y precios más contenidos, mantienen viva la tradición y generan movimiento económico en zonas menos pobladas.

Porque no todos los días —recuerda implícitamente— se puede optar por menús de 80 euros, pero «la riqueza gastronómica riojana va mucho más allá de la alta cocina».

Tras el análisis crítico, llega el reconocimiento. «La Rioja gastronómica está en un momento excelente», asegura. Los datos turísticos lo avalan y cada vez llegan más visitantes extranjeros atraídos por restaurantes con capacidad de convertirse en destino.

Recuerda además que las guías nacieron como herramientas de viaje. «Son guías de carretera. Lo que le están diciendo a la gente es: coge el coche y muévete». Y en ese sentido, que La Rioja tenga presencia es estratégico.

«La gastronomía es un elemento estratégico estatal», subraya. Países como Dinamarca o Italia han convertido la cocina en palanca económica y cultural, y España —y La Rioja— no pueden quedarse atrás. «La sinergia entre turismo enológico y gastronómico es una ventaja competitiva clara».

Mirada a 2026

Con la vista puesta en el próximo ejercicio, Barrio señala como hito relevante la apertura del hotel cinco estrellas que impulsan gastronómicamente los hermanos Echapresto en Haro. «Cuantos más establecimientos de cinco estrellas se abran en La Rioja, mejor para todos». Ese tipo de infraestructuras, explica, «atraen a un perfil de viajero internacional que después recorre el resto de la región». «El éxito de cada uno es bueno para todos los demás», resume.

Y aunque insiste en que hay que «seguir subiendo escalones», su diagnóstico final es optimista. La senda es ascendente, el sector mantiene la autoexigencia y la constelación riojana sigue brillando.

Ahora, concluye, toca que «las guías sigan afinando la mirada». Porque, como él mismo deja claro, «el talento está ahí».

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