La Rioja

Un refugio en Munilla entre pastos y terneros

Álvaro Blanco, en la sierra riojana con sus vacas.

Las vacas de Álvaro Blanco pasan los 365 días del año en el monte que resguarda Munilla y el despoblado de La Santa, entre las sierras de la Hez, el Hayedo de Santiago y el Camero Viejo. Con 28 años, lleva una década instalado en la ganadería extensiva, pero eso de «subir a las vacas» y echarles de comer le viene de familia, desde que iba con su abuelo Marcos por los montes de Arnedillo, donde entonces estaba la explotación con unas 70 cabezas.

Él fue quien le aconsejó irse unos kilómetros más en altura, al pueblo donde se crió su padre, así que una vez Blanco cumplió la mayoría de edad se asentó en Munilla. «Justo en aquel momento vendían una explotación de vacuno y la compré. También me ofrecieron unas ovejas en Arnedillo, pero yo me he criado con las vacas, es lo que sé hacer desde niño y con ellas quiero continuar», sentencia este joven que ya tiene unas 170 vacas a su cargo.

En los diez años que lleva al frente de la explotación Blanco no recuerda precios tan altos para los terneros. Por los últimos que vendió, el pasado mes de enero, cobró entre 1.000 y 1.200 euros por animal, aunque el precio varía en función de la zona y del propio animal. «Cuando empecé los precios rondaban los 400 o 500 euros y ya después de la pandemia empezaron a subir más hasta llegar ahora a duplicarse o incluso triplicarse. Es cierto que los costes también han subido en estos años, sobre todo de los piensos y el gasoil, pero ahora, al menos en mi caso, se queda más dinero en casa que antes porque los animales valen dinero, y no hablo solo de los terneros, sino que también ocurre lo mismo con el ovino o caprino».

La rentabilidad de esta explotación viene de la venta de terneros, pero también de las ayudas de la PAC. «Esto es así, porque sin las subvenciones está claro que la ganadería es inviable. Y eso teniendo en cuenta que los terneros ahora están caros… Pero al final estas ayudas sirven para compensar pérdidas».

«En la ganadería hay futuro y mi propósito es quedarme aquí, en Munilla, e incluso trasladar mi residencia habitual a este pueblo, porque de momento vivo en Arnedillo», recalca. Su pareja Alicia, además, también plantea sumarse a la explotación de vacuno próximamente, apostando por una vida en la sierra entre pastos y animales.

Reconoce que la digitalización es parte de la evolución del sector agrario, aunque no siempre es sencillo adaptarse a ella. En su día probó con tres collares GPS colocados en los animales para su localización y monitorización en tiempo real, pero «esto es efectivo cuando cuentas con más dispositivos para cubrir toda la cabaña ganadera». Blanco achaca su decisión a la «importante inversión» que hay que hacer para ello, «además de que en esta zona de la sierra hay problemas de cobertura y no funcionan del todo bien», por lo que asegura que a día de hoy no es una alternativa viable en su explotación.

El lobo, «el desasosiego del ganadero»

«Si no hubiera lobos, la sierra es el descanso del ganadero, pero desde hace pocos años se ha convertido en el desasosiego», sentencia Blanco. «Mi abuelo nunca se ha quejado de los lobos, si acaso había algún perro salvaje, pero nada más. Estos depredadores han venido a esta zona hace pocos años y desde entonces el número ha crecido. Yo desde que soy ganadero tengo por costumbre subir todos los días al monte a controlar las vacas, sobre todo para saber hacia dónde van a ir al día siguiente, para tenerlas más localizadas, pero desde que hay lobos lo hago dos veces al día», apunta.

En su caso, ha sufrido tres ataques de lobo certificados, pero reconoce que le faltan entre cuatro y cinco terneros más. «El año pasado tuve el primer ataque, pero el problema es que a veces no puedes demostrar que es cosa del lobo porque no llegas a localizar al ternero. Lo achacas a estos depredadores porque antes no faltaban terneros, pero si no hay animal no haces nada. Es cierto que siempre puede haber bajas, bien porque el ternero nace muerto o se muere por enfermedad, o incluso sufre algún ataque de buitre o jabalí, pero ahora a todo eso hay que sumar las bajas producidas por el lobo y muchas veces esta situación te quita la ilusión».

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