La Rioja

Las siete claves para salir indemne de las comidas navideñas

La nutricionista Ana Sainz da las pautas para comer estas fiestas y que no pase factura en la báscula

Con días de cenas, comidas, sobremesas, más ingesta de alcohol de la habitual, el cuerpo acaba pasando factura. Para poner un poco de cordura -y mucho sentido común- a las fechas navideñas, Ana Sainz, farmacéutica y nutricionista en Calahorra, lanza un mensaje claro: no se trata de prohibirse nada, sino de organizarse mejor y escuchar al cuerpo.

Uno de los errores más habituales, explica, es el picoteo constante entre comidas. «Si hemos hecho una comida contundente, como la de Navidad, lo ideal es evitar seguir comiendo hasta la cena. Nada de alargar con el polvorón, el trocito de turrón o ‘solo una cosita más’ durante toda la tarde». Ese descanso entre comidas no solo ayuda a controlar la cantidad total de alimentos, sino que mejora las digestiones. «Si estamos todo el día comiendo, el cuerpo no para de trabajar, el ácido gástrico se produce continuamente y aparecen el ardor, la hinchazón y la sensación de pesadez».

Otro punto clave es no llegar a las comidas con hambre voraz. Ana no es partidaria de las compensaciones extremas. «Eso de ‘ayer cené mucho, hoy no desayuno’ no funciona. Al final llegas a la comida con ansiedad y comes peor». Su recomendación es sencilla: mantener una rutina lo más normal posible. «Puedes retrasar un poco el desayuno si te apetece, salir a andar un poquito en ayunas, pero no saltártelo. Un café, una tostada o lo que suelas tomar cualquier día es suficiente».

Durante estas fechas también es fundamental mantenerse activo. No hace falta echar horas extras en el gimnasio en plena Navidad. «Salir a pasear, hacer una ruta de belenes, bailar… cualquier actividad suma». El movimiento ayuda a la digestión, al estado de ánimo y a compensar esos días más sedentarios.

Si hay un enemigo silencioso en estas semanas, ese es el alcohol. «Son calorías vacías que no sacian y que se van acumulando sin que nos demos cuenta», advierte. Vermús, vinos, cervezas… todo suma. «A veces pensamos que no hemos comido casi nada, pero llevamos varias bebidas encima». Reducir su consumo, aunque sea ligeramente, supone un ahorro calórico enorme. Y aquí entra otro hábito esencial: hidratarse bien. Beber agua con frecuencia ayuda a romper ese bucle de comer y beber sin parar.

Ana insiste en que no hay que dramatizar. «De 365 días que tiene el año, por dos o tres que nos excedamos un poco no pasa nada». El problema es que la Navidad no es solo un día: comidas de empresa, cenas con amigos, reuniones familiares… Por eso recomienda cuidar los días intermedios, optando por comidas más ligeras cuando se come fuera y sin recurrir a dietas restrictivas ni antes ni después.

El enemigo: todo al centro

Porque, como recalca, la comida navideña no es mala. «Un cordero es un buen producto. El problema no es la calidad, es la cantidad». Y ahí entra otro detalle importante: las raciones. «Todo al centro invita a repetir sin darte cuenta». Una buena estrategia es servirse el plato y limitarse a eso, o compartir raciones, en lugar de estar picoteando del centro de la mesa constantemente.

También el descanso juega un papel fundamental. Dormir mal aumenta el cansancio, el estrés y la ansiedad por comer. «Si descansamos bien, el cuerpo funciona mejor y tomamos mejores decisiones».

¿Y qué pasa cuando llegan Reyes y la báscula no perdona? Tranquilidad. «Lo peor es obsesionarse con el peso». La clave está en volver poco a poco a la rutina, sin prisas. Tras las fiestas, aconseja reducir los hidratos de carbono refinados -pan blanco, pasta, arroz, dulces- y priorizar alimentos que sacian más: proteínas de calidad (carne, pescado, huevos) y grasas saludables como el aguacate o los frutos secos.

El resumen de Ana Sainz es claro y tranquilizador, más allá de los casos concretos: beber agua, moverse, descansar, evitar compensaciones extremas, controlar raciones y, si hay que quitar algo, mejor el turrón que el cordero. Porque disfrutar de la Navidad no debería ser una batalla contra el cuerpo, sino un paréntesis consciente que, bien llevado, se supera sin dramas… y sin remordimientos.

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