La Rioja

Tinta y tinto: ‘Lo que nos gusta hacer una lista’

A falta de medio año para el sprint político en La Rioja, llega el momento más divertido de cada ciclo electoral: las listas. Vale que todos somos gente seria que quiere un programa y un proyecto estructurado, realista, optimista, trabajado, realizable… pero la formación de las candidaturas nos tiene en vilo como el mercado de fichajes cada verano. Un buen director deportivo y un mejor entrenador son condiciones indispensables para llevar el equipo al éxito, pero los que más camisetas venden son esas grandes estrellas por las que Florentino Pérez y los jeques árabes sueltan millones como si fueran kilos de uva a recoger en nuestras viñas. Incluso Joan Laporta se gasta lo que no tiene para fichar a Robert Lewandowski. Toca entonces activar las famosas «palancas» de las que todo el mundo habla sin saber muy bien cómo funcionan. El fútbol son goles y la política son votos. Para ambas cosas hacen falta buenos delanteros y para conseguirlos hay que hacer sacrificios.

En esas estamos ahora en La Rioja. Al menos, en el PP, que se han propuesto sus dirigentes animarnos octubre con un otoño más caliente en lo político que en lo meteorológico. Después de medio centenar de ceses, el PSOE tiene todo atado y bien atado con María Marrodán como jefa de la maquinaria electoral, Concha Andreu como número uno y Pablo Hermoso de Mendoza como verso libre necesario para retener la capital riojana. Lejos quedan aquellos tiempos de encuestas con alcaldables como Salva Díez, Eloy Madorrán o la ahora número dos del partido.

En la izquierda, Amaia Castro se ha erigido ya como líder en Logroño y Henar Moreno ha hecho lo propio en IU para luego formar una confluencia riojana que contaría con el apoyo de su amiga y vicepresidenta Yolanda Díaz. Todos con el visto bueno de Madrid. Pocos nervios. Tampoco en Ciudadanos, donde lo mismo dan los nombres. Sálvese quien pueda. Y si puede ser en el PP, mejor. En el Partido Riojano todavía es una incógnita el siguiente movimiento de Rubén Antoñanzas. En su mano está el intento de asalto al Parlamento para dar paso a Víctor Grandes en Logroño. Y en Vox, en unas semanas saldremos de dudas aunque hay poco ruido de sables. Su perfil bajo los mantiene alejados de los focos y los rumores. Poco o nada hemos sabido de Muskilda Espinosa desde que tomó las riendas del partido en mayo, así como de los planes que tiene para la formación en La Rioja. Silencio absoluto.

Con treinta grados en la calle, los populares siguen enfrascados en la realización de sus listas aunque la cosa parece que ya tiene visos de solución. Alfonso Domínguez ha anunciado su retirada en la carrera y la cosa pinta tal que así: Génova respaldará a Gonzalo Capellán, este dirá que acepta cuanto tenga todos los cabos atados (no ha parado de hablar desde hace días con los ‘implicados’ en el congreso) y entonces se activarán los procesos administrativos necesarios para encumbrarlo como nuevo líder en las elecciones del próximo mes de mayo. Llámalo gestora, llámalo dedazo o llámalo X. Si la intuición no nos falla, la decisión provocará un (mayor) rebote de Alberto Bretón, quien incluso podría llegar a abandonar las filas populares para montar un proyecto propio.

La cosa pinta mejor para Alfonso Domínguez, pese a ser el gran damnificado a corto plazo por los movimientos del partido. De hecho, suyo parecía el triunfo si hubiera habido congreso y sólo la mano de Génova (puede leerse aquí también Cuca Gamarra) lo ha evitado. Una vez asumido su nuevo rol para los próximos cuatro años, tendrá su sitio en el proyecto de Capellán y podrá subirse a un barco que propone instaurar velocidad de crucero desde ya. Bretón, en cambio, ha quemado todas sus naves demasiado pronto con los alcaldes frente a la sede de la dirección nacional, el movimiento de «un afiliado, un voto» y diversas estrategias internas que nunca han prosperado.

En cuanto a los miembros de su equipo más cercano (José Luis Pérez Pastor y Daniel Osés), conocida es su buena relación con el exconsejero de Educación. Su salvación sí parece probable, al igual que la de Carlos Cuevas por aquello de que nunca se ha lanzado del todo a la pelea y sólo quería erigirse como figura de unidad. Esa unidad que ahora parece encarnar Gonzalo Capellán. Y es entonces cuando muchos en el pequeño Logroño del poder se hacen la misma pregunta. «¿Y qué pasa con la capital riojana?». Tiene Conrado Escobar una virtud que a su vez es su condena: todo el mundo le conoce. Hay quien apuesta porque la llegada del exconsejero suponga la inmediata salida del actual líder de la oposición en beneficio de José Luis Pérez Pastor, aunque no hay de momento certeza que lo avale. De hecho, existe la típica ley no escrita en el PP que dice que aquel que se tira cuatro años dando la matraca sin gobernar estaría en posición de intentar protagonizar el cambio.

A estas alturas del partido y con el equipo de jóvenes que pretende formar Escobar, no sería una mala decisión política cerrar los ojos con Logroño y que sea lo que Dios quiera. Conrado cree tenerlo de su lado por eso de ir más a misa que Hermoso de Mendoza. En caso de victoria, victoria del PP. En caso de derrota, derrota de Conrado. Y no es lo mismo porque ambos resultados tienen consecuencias inmediatas. El primero aseguraría prácticamente el Gobierno de La Rioja para los azules. El segundo llevaría al ahora concejal lejos del ayuntamiento y reiniciaría el proyecto de la capital en torno a una nueva figura. ¿José Luis Pérez Pastor? Podría ser entonces. Fuego lento. Poesía. Trazo fino. Tiempo de intelectuales. Momento de hacer listas y, desde la barrera, disfrutar del espectáculo.

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