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Gol en Las Gaunas: ‘El último baile’

«No hay nada más allá»… salvo el dulce néctar de la victoria, o el amargo sabor de la derrota.

Eso es lo que quedará más allá del próximo domingo. Tras el encuentro del domingo tocará añadir nuevos complementos al traje de los domingos o plantarse el buzo azul de los lunes. Tras el encuentro del domingo, el fútbol riojano seguirá en la élite o volverá al espacio que tanto tiempo le costó dejar atrás. Tras el partido del domingo, una región seguirá perteneciendo al fútbol profesional o volverá a la nevera del ‘semiprofesionalismo’. El domingo, el fútbol riojano continuará definiéndose o tocará redefinirlo una vez más. No hay nada más allá, salvo todo esto, que no es poco.

Así son los puntos de inflexión. Ganar o perder. Seguir adelante o retroceder. Una oportunidad ganada o perdida. Este será el valor directo de permanecer o descender. Partido epidérmico de abrazos o bronca. Por eso los puntos de inflexión marcan el carácter de los equipos. De saberlos aprovechar depende buena parte del futuro de cualquier entidad.

Este será el valor directo y más inmediato de ganar o de perder en la última jornada liguera en Segunda. Permanecer o descender. Será la reacción a la acción de los futbolistas sobre el terreno de juego. En ellos descansa semejante responsabilidad. Porque La Rioja, querido lector, deberíamos ir reconociéndolo, no es un espacio confortable para la construcción futbolística. Lo que en otros espacios se da por hecho, aquí hay que explicarlo, defenderlo y sobre todo cuidarlo. Cuidarlo mucho, porque para particularidades, las del fútbol riojano.

Pero siempre hay algo más allá. Como el recuerdo de haber formado parte del último baile de un equipo de trabajo que ha escrito las páginas más doradas, de momento, de este club. Porque, suceda lo que suceda el domingo a partir de las nueve de la noche, la mejor plantilla de la historia de esta entidad habrá disfrutado de un último baile, de una última vez en la que todos juntos trataron de mantener al Logroñés en el lugar que le corresponde por el trabajo realizado durante esta última década y que ha comenzado a recoger los frutos sembrados durante estas dos últimas primaveras de padecimiento sanitario.

Serán ellos y solo ellos los responsables de haber logrado lo que no hemos podido observar dentro del estadio por culpa de la pandemia: que la gente vuelve a hablar del Logroñés en sus casas, en los comercios, en las terrazas… El Logroñés ha formado parte durante este último año del día a día de una región que por un momento estuvo coqueteando con la idea de rechazar para siempre la oportunidad de jugar de nuevo contra los mejores.

Estos futbolistas han obrado el milagro de que los riojanos vuelvan a sufrir por un equipo de fútbol con denominación de origen propia, en la que está siendo una temporada dura porque sufrir por amor duele. Pero mejor sufrir ahora por amor que permanecer ajenos como antes y morir de pura soledad. No hay peor enfermedad que la soledad… también en el fútbol.

Miño, Iago, Gorka, Bobadilla, Iñaki, Olaetxea, Errasti, Andy, Petcoff, Sierra, Ander Vitoria, Zelu, Rubén Martínez, Siddiki, Roni, Sergio Rodríguez, Pineda, Ibón, Héctor, Andrea, Rubén, Aarón, Chema, María, Juanjo, Miguel, Carlos, Eduardo, Ernesto, Garpar, Richi… afrontan, todos juntos, su último baile, la última vez que a buen seguro todos juntos trataron de hacer algo tan importante.

Luego, la vida, les irá llevando a cada uno de un lado para otro dependiendo de sus propias decisiones, que fueron las que precisamente les permitieron juntarse hace ya unas pocas temporadas para construir primero un equipo de trabajo cohesionado, luego un ascenso merecido y, finalmente, un proyecto que quiere consolidarse en el fútbol profesional, para lo que se necesitan solo 3 puntos más, solo 3 puntos más, para seguir en la incubadora de la liga de los elegidos, en un partido en el que los Santamaría, Medina, Alex Pérez, Clemente, Pacheco, Bogusz, Nano Mesa, Leo Ruiz… en el que los nuevos tienen que comprender esta situación para que la vieja guardia pase a la historia íntima y personal de muchos aficionados pendientes aún de ver fútbol de Segunda en el estadio. Eso es lo que debería quedar más allá del próximo domingo.

Es el último baile de una plantilla que hizo feliz a mucha gente cuando más apretaba y más golpeaba la pandemia. El ascenso en La Rosaleda fue el impulso necesario para superar un otoño en semi confinamiento donde solo el Logroñés rompía la monotonía de ir de casa al trabajo y del trabajo a casa. Era el Logroñés la cita obligada, por diferente, del fin de semana… y así, sin darse cuenta muchos de los que llevaban años sin creer en el fútbol riojano, hacer las paces y volver a empatizar con unos chavales que se las han visto de todos los colores para llegar vivos a la última jornada liguera.

Este proyecto ganador afronta su último reto: el de permanecer sobre el campo y perdurar así en la memoria de muchos aficionados. Solo ellos lo saben, pero podría ser la última vez que veamos a Sergio Rodríguez en el banquillo riojano. O la última vez que Bobadilla se vuelva a dejar el alma por su equipo. Quizás no volvamos a ver a Iñaki con el brazalete de capitán conectar con Andy Rodríguez para adelantar al Logroñés tras una gran presión de Olaetxea y Rubén Martínez después de una pérdida en campo contrario del Logroñés.

Quizás no volvamos a ver el padecimiento habitual de Carlos Lasheras durante los noventa minutos en algún voladizo del estadio. Ojalá no sea la última vez en la que Eraso festeja un triunfo de su equipo. Quizás sea la última vez que Aarón proteste al colegiado, mientras su hermano, trajeado, pide calma sabiendo que esa pelea la tiene perdida. Quizás sea la última vez que todas estas personas que forman el Logroñés defiendan a puerta cerrada a miles de seguidores que permanecen expectantes y preocupados por lo que puede ser, por lo que no puede ser, por lo que pudo ser, y por lo que no pudieron ver y disfrutar en Las Gaunas.

Es el último baile de un equipo forjado a puerta cerrada, que no recibió entonces el abrazo eterno de sus aficionados tras su mayor éxito y que ahora necesita de un último empujón para permanecer y así, cuando tú puedas volver al fútbol, lo hagas en Segunda.

Es su último baile en tu último partido a puerta cerrada.

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