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«Oímos los insultos machistas, pero sabemos lo que valemos y no nos influye»

Alba Covaleda, Jara Toledano, Eider Franco, Laura Bezares e Izaskun Muñoz. Estos son los nombres de cinco chicas que un día decidieron que querían ejercer una de las profesiones más ingratas que se conoce: árbitras de fútbol.

«Me apetecía hacer deporte de otra manera y me interesó esa forma de ver el fútbol», cuenta Alba Covaleda. Otro camino fue el de Laura Bezares, que empezó arbitrando a niños pequeños en su club y se animó después a hacer el cursillo de arbitraje. En cambio, a Izaskun Muñoz le enganchó el gusto por las reglas del juego.

Estas jóvenes han pasado de criticar a respetar y entender a los colegiados. «Yo al principio jugaba y arbitraba a la vez y era de las que criticaba, pero cuando ves lo que pasa realmente, te das cuenta de lo difícil que es», relata Jara Toledano, colegiada de Tercera División. «Yo también era de las que más protestaba», admite Eider Franco, explicando que había visto cosas que como jugadora las entiendes de una manera, pero al entender el arbitraje su perspectiva cambió.

Aunque ellas hayan aprendido a valorar a esta figura, los insultos y las críticas, por desgracia, son parte de este deporte y muchos de ellos van hacia su persona. Y no solo eso sino que el machismo está presente en estas situaciones: «Mujer tenías que ser» o «vaya culo tienes» son algunas de las expresiones que se escuchan en los terrenos de juego.

«Estamos centradas en el juego. Lo oyes, pero cada una sabemos lo que valemos y no nos influye», cuenta Covaleda. Estas cinco colegiadas forman un grupo muy unido y se ayudan las unas en las otras. «Hacemos piña entre nosotras y si pasa algo nos damos apoyo», explica Toledano.

Sobre los autores de estos terribles comentarios, uno puede presuponer que el género masculino es más agresivo verbalmente, pero Izaskun Muñoz deja una frase que puede descolocar: «Cuando vas a los campos, son peores las mujeres. Los hombres como que no te dicen mucho». «No son conscientes, se les va la cabeza y dicen barbaridades», recalca Toledano, aunque Covaleda deja claro que no son solo ellas: «De hombres también hay».

Covaleda tuvo que sufrir esta situación en un encuentro entre el Arnedo y la UD Logroñés Promesas. Al hablar de ello, se muestra muy transparente sobre lo que piensa: «Estas situaciones no tendrían que ser noticia. Yo lo metí en el acta porque es algo que pasó, pero igual que se mete si se pasan de madre insultando por otra cosa. Yo no le di mucha importancia. Lo que pasó fue porque quisieron los medios». «Al final insultos recibimos todos, no solo por ser chicas. Tenemos que evitar que no se sobrepase un cierto nivel de insultos», añade Bezares.

A pesar de que desde fuera ocurren estas situaciones, dentro del terreno de juego pasa todo lo contrario. Hay un respeto absoluto entre jugadores y árbitras. Además, saben que dentro del campo ellas son las juezas y tienen la autoridad. «Intento llevarme bien con los jugadores, pero cuando toca enfadarte o soltarles alguna contestación un poco más cortante, se sorprenden y no se lo esperan», explica Toledano. «Cuando les dices las cosas bien dichas sí que se acatan a las normas», remata Covaleda.

Esta seguridad y autoridad dentro un campo de fútbol la han ido consiguiendo con experiencia, pero como todo en esta vida, siempre hay nervios cuando empiezas. «Más que fácil o difícil, hay muchísimos nervios, aunque una vez que vas haciendo partidos, te va gustando más», resalta Covaleda.

Respecto a sus inicios, cada una tiene su propia historia. Toledano cuenta que el más chocante para ella fue el primero que arbitró sola: «No sabía ni dónde ponerme. Encima hacía un frío… y estaba muy perdida». Covaleda, por ejemplo, explica que los nervios le pasaron factura y en las tarjetas que tienen apuntó en la misma cara los dos equipos, contabilizó dos amarillas cuando había habido cinco.

Laura Bezares, por su parte, tiene en su historial un par de anécdotas que ahora recuerda con gracia, pero que en su momento no la tuvieron tanto. «En mi primer encuentro salí con las pulseras, los pendientes… Me acuerdo que no marqué ni un fuera de juego», se ríe. «Y cuando debuté yo sola en un infantil en Nájera, teóricamente iba a venir un tutor conmigo para explicarme cómo tenía que hacer el acta. Se acercaba la hora y no venía nadie. Le llamaba y no contestaba, pero luego en el descanso vino y todo se solucionó».

«A mí al principio se me hizo difícil. El comité vasco es mucho más grande, hay más árbitros, más categorías, y no va un tutor en tu primer encuentro. Te dan un partido y te buscas la vida», relata Franco: «Mi primer partido fue en Rentería, vinieron mis padres y no han vuelto. Mi madre lo pasaba mal».

Muñoz, al contrario que sus compañeras, tuvo un comienzo más tranquilo: «Me tocó ser linier junto a Jara en Alfaro. Al montarme en el coche estaba muy nerviosa, pero me puse a hablar con el árbitro y con Toledano y me tranquilizó que me contaran sus experiencias».

Estas cinco árbitras saben de la importancia que posee su posición dentro del terreno de juego y que, como ya se ha mencionado al principio, no tiene un trato justo. «Un árbitro y un jugador tiene un fallo cada uno y el del primero no es evaluado como el del segundo. Con el delantero no pasa nada, la siguiente ya la meterá. En cambio, al colegiado siempre se le recuerda por esa acción», explica Bezares.

«Muchas veces se escucha que hemos ido en contra de un equipo en concreto. Yo no me levanto cada mañana pensando que voy a ir a favor o en contra de alguien. Como todo el mundo, tenemos fallos y también nos equivocamos. Podemos tener partidos mejores o peores, pero nunca vamos a perjudicar a nadie a propósito», recalca Muñoz.

Al contrario de lo que algunos puedan pensar, los árbitros y árbitras no desconectan una vez terminado el encuentro. Como los futbolistas, le dan vueltas a las acciones, si tendrían que haber hecho una cosa o la otra. «Yo siempre me he ido a casa con ese runrún. A este me lo tenía que haber cargado y a este lo tenía que haber dejado en el campo. Esta falta. Las primeras que nos jodemos con un mal partido somos nosotras», se defiende Toledano. «Siempre hay algún fallo que le vas a dar vueltas», añade Muñoz.

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