Por Pedro Barrio, presidente de la Academia Riojana de Gastronomía
La gastronomía riojana ha perdido a uno de sus protagonistas imprescindibles. Con el fallecimiento de Pedro Cárcamo desaparece mucho más que el propietario y alma de Tastavin; se marcha uno de los grandes impulsores de la renovación del tapeo riojano, un profesional que entendió como pocos la importancia de unir producto, técnica, hospitalidad y cultura del vino en una misma propuesta gastronómica.
Desde la emblemática calle San Juan de Logroño, Pedro convirtió Tastavin en una referencia ineludible para quienes buscaban comprender la evolución de la cocina riojana contemporánea. Supo anticiparse a su tiempo, elevando el concepto del pincho y demostrando que la excelencia gastronómica podía expresarse también desde una barra, sin perder cercanía ni autenticidad. Su establecimiento fue reconocido durante años por guías y prescriptores gastronómicos, consolidándose como una parada obligada para visitantes y aficionados a la buena mesa.
Pero quienes tuvimos la fortuna de conocerle sabemos que su legado trasciende los reconocimientos. Pedro era, ante todo, un apasionado. Defensor convencido del producto riojano, de la creatividad sin artificios y de la cultura gastronómica entendida como patrimonio colectivo, ejerció siempre su profesión desde la generosidad, la curiosidad y el respeto por el oficio. Su permanente búsqueda de nuevas propuestas convivía con una firme convicción: la verdadera cocina nace de la sencillez, del equilibrio de sabores y del respeto a la materia prima.
En su Tastavin todo es excelente: la cocina y el servicio; la oferta y tratamiento del vino, todo un modelo y ejemplo de cómo se debe hacer. Por todo esto, desde la Academia quisimos contar con él para aquel importante debate sobre el tratamiento del vino en la hostelería que supuso el relanzamiento de la Asociación de sumilleres. Siempre aportaba ideas y objetivos; siempre fue una luz que iluminaba mucho más allá de su calle San Juan y en él la gastronomía logroñesa encontró un embajador excepcional. Su trabajo contribuyó decisivamente a prestigiar una forma de entender la restauración que hoy forma parte de la identidad gastronómica de nuestra ciudad y de nuestra comunidad.
Desde la Academia Riojana de Gastronomía queremos expresar nuestro más profundo pesar por su pérdida y trasladar nuestro afecto a Anca, a su familia, a su equipo y a todos aquellos que compartieron con él una trayectoria ejemplar.
Pedro Cárcamo deja una huella imborrable en la historia reciente de la gastronomía riojana. Permanecerá en nuestra memoria como un profesional brillante, un hostelero comprometido y una persona que contribuyó, con trabajo, talento y pasión, a engrandecer el nombre de La Rioja a través de su cocina.
Descanse en paz.


