La Rioja

La casa como paritorio: intimidad y confianza en los partos a domicilio

A mediados del siglo pasado, la mayoría de los niños nacían en casa. No se trataba de una cuestión ideológica o reivindicativa, sino, simplemente era lo habitual. Cuántas veces hemos oído en boca de nuestros abuelos: «Mira, en esa casa nací yo». Con el desarrollo del sistema hospitalario y los avances médicos, el parto se trasladó a los paritorios, donde la seguridad y los recursos técnicos marcaron un antes y un después en la salud maternoinfantil. Hoy, décadas después, algunas mujeres vuelven a mirar hacia el hogar como escenario posible para dar a luz.

Y mientras el número de mujeres que eligen esta opción va en aumento, el debate se ha reavivado esta semana tras la advertencia del Consejo General de Enfermería sobre la actuación de doulas sin formación sanitaria. Sin embargo, no todas las profesionales que atienden partos en domicilios son figuras sin titulación. Existen matronas, enfermeras especialistas en Obstetricia y Ginecología con formación reglada y reconocimiento legal, que acompañan embarazos de bajo riesgo fuera del hospital siguiendo criterios clínicos estrictos.

Es el caso de la asociación Nacer en Casa, integrada por enfermeras especialistas en Obstetricia y Ginecología con cuatro años de grado en Enfermería más dos años de especialidad que acompañan embarazos de bajo riesgo y asisten partos en domicilios con criterios estrictos de seguridad.

Carmen es una de ellas. «Hay que ser realistas, no es la opción mayoritaria, pero cada vez hay más mujeres que desean ver cómo su bebé nace en casa». Durante casi quince años trabajó en un paritorio hospitalario. Conoce bien los protocolos, las urgencias, la presión de los tiempos. Su decisión de acompañar también partos en casa no nace de una ruptura con el sistema, sino de una reflexión sobre la experiencia de las mujeres.

«En el hospital garantizamos el bienestar físico, que es lo más importante. Pero con el tiempo entendí que la vivencia emocional del parto también es fundamental. Una mujer satisfecha con su parto tiene más recursos para afrontar la lactancia, la crianza y su salud mental».

La clave, insiste Carmen, no es el lugar, sino la seguridad y el deseo informado de la madre. «La mujer debe parir donde se sienta segura. Si es en el hospital, perfecto. Si es en casa, también, siempre que sea un embarazo de bajo riesgo y no haya factores que puedan complicarlo».

Porque el parto en casa no es para todas las mujeres. Antes de aceptar un acompañamiento, se revisan analíticas, informes y controles del sistema público. «Solo atienden embarazos considerados de bajo riesgo». Y existe una condición innegociable: el domicilio debe estar a menos de media hora de un hospital.

Carmen explica que el riesgo cero no existe, tampoco en el hospital, «por eso nos formamos cada año en emergencias obstétricas y ginecológicas y llevamos siemre con nosotras medicación, sueros y material de reanimación neonatal. Si surge una complicación, la atendemos y trasladamos».

La imagen que puede aparecer en nuestras cabezas, más ahora que las series y películas de época se han puesto tan de moda, es esa de toallas y baldes de agua caliente, pero eso es, o ficción o cosa del pasado. En las bolsas de estas matronas hay ambú para ayudar a iniciar la respiración del recién nacido si fuera necesario, fármacos para controlar hemorragias y todo el material que recomiendan las guías clínicas. La diferencia no está en la preparación técnica, sino en el entorno.

«Parir es un acto de la esfera sexual, necesita intimidad En casa no hay tanta presión de tiempos. Si todo está bien, podemos esperar. No hay prisa». Además, en el domicilio, la mujer decide quién está presente. Puede estar solo su pareja, o sus hijos mayores, o la persona que le transmita calma. «La protagonista es ella y su bebé. Los profesionales estamos al servicio de lo que necesiten», señala Carmen.

Y cuando describe su profesión no lo hace desde una perspectiva de heroísmo o gesta épica. Habla de confianza, de silencio, de luces bajas, de una primera noche sin traslados, de silencio… «Es emocionante pasar esa primera noche piel con piel, en tu propia cama».

Desde mucho antes

El acompañamiento no empieza el día del parto. Desde la semana 37 hasta la 42, las matronas están de guardia permanente, pendientes de la llamada que puede llegar de madrugada, en domingo o en festivo. Antes han compartido visitas durante el embarazo, han resuelto dudas y lo más importante, se ha construido un vínculo.

Y después no desaparecen. Durante la cuarentena realizan varias visitas domiciliarias para valorar la evolución física y emocional de la madre y del bebé, y para apoyar la lactancia. «Son momentos muy intensos. Claro que te vinculas, pero ese vínculo forma parte también del acompañamiento profesional».

Carmen no cuestiona ni mucho menos el hospital, de hecho ella estuvo muchos años trabajando en uno, tampoco cuestiona la medicina ni la tecnología cuando es necesaria. Ella reivindica que la experiencia del parto no es un detalle menor. «Que una mujer tenga una experiencia positiva es más importante de lo que parece. Tener un buen recuerdo de ese momento influye mucho en la crianza y la fortaleza emocional».

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