¿Qué sería una Navidad sin turrón? En Logroño, esa pregunta se responde cada mañana entre bandejas de almendra tostada y chocolate fundido. En los obradores de las pastelerías Iturbe y La Palmera, la campaña navideña ha empezado hace semanas, incluso meses, marcada por una realidad que ya resuena cual villancico manido: este año, como muchos otros productos, el turrón es más caro.
Y es que la Navidad de 2025 está siendo una carrera cuesta arriba. Laura (Iturbe) lo explica sin rodeos, demostrando que ha hecho números y los ha repasado una y otra vez: «El año pasado el cacao estaba a unos 40 euros el kilo y este año se ha ido a 80. Nos lo han duplicado». El dato, si se piensa bien, asusta, y si a eso le sumas que ha subido el precio de los huevos, el azúcar y los frutos secos es imposible mantener los precios del año pasado.
Las cifras nacionales confirman su día a día: según Facua, los dulces navideños han subido un 15 por ciento en un año, y algunos ingredientes clave han registrado aumentos aún más drásticos. En el último año, la almendra se ha encarecido casi un 90 por ciento en dos temporadas; el cacao alcanzó máximos históricos a principios de 2025 (más de 10.000 euros la tonelada en los mercados internacionales) y cerrará el año un 9 por ciento más caro; y los huevos son el producto que más ha subido en la cesta de la compra con incrementos del 21–22 por ciento.

Para un supermercado es más fácil compensar estas oscilaciones, ya que recurren a sucedáneos, abaratan ingredientes o ajustan recetas. En una pastelería como la de Laura eso no es una opción. Su obrador trabaja con ingredientes naturales, sin aditivos y «sin atajos», y eso tiene un coste tangible. «Hacer un turrón casero lleva tiempo, mano de obra, y mucha materia prima. No puedes venderlo al mismo precio si todo te cuesta más. O bajas la calidad o no sobrevives. Y nosotros nunca vamos a bajar calidad. Eso lo tenemos muy claro».
Laura reconoce que la economía de cada familia se mira al detalle, y lo entiende, pero hablando de su trabajo rechaza con firmeza el camino fácil: «En el supermercado usan sucedáneos para mantener precios. Nosotros no. Lo que hacemos es chocolate de verdad y eso se nota en el sabor».
Admite que algunos clientes se sorprenden por las subidas. Ella lo comprende, pero recuerda que detrás de cada tableta artesana hay un proceso que no se puede abaratar sin traicionarse. «Queremos que vuelvan porque digan: ‘Estos son los mejores turrones’». Esa es la meta, aunque el chocolate esté más caro que nunca.

Cristina (La Palmera) conoce muy bien también lo que significa este terremoto de precios, quizás por ello ha sido precavida y ha optado por otra estrategia: «Este año solo hemos subido un euro el kilo». Y así siguen sin salir los números, sin embargo esta joven ha hecho magia durante varios meses: «Compramos casi toda la materia prima en julio, antes de las fuertes subidas de otoño. Era una locura lo que venía, así que adquirimos chocolate, frutos secos, cajas… todo. Y eso nos ha permitido mantener precios».
El objetivo de Cristina es claro: «No queremos que la gente se vaya al supermercado. Los turrones decentes de allí son más caros que los de pastelería, pero muchas veces no lo parece. Y además, la calidad no tiene nada que ver».
Pero su estrategia no terminó en agosto. La segunda parte ha sido la creatividad. «Estamos haciendo turrones nuevos, como uno de cookies. Lleva menos frutos secos, aunque la elaboración es mayor. Eso nos permite mantener el precio». Y es que, como bien dice Cristina, «la gente quiere seguir celebrando la Navidad como siempre. Y nosotros estamos aquí para que puedan hacerlo».
Para estas dos profesionales el esfuerzo es grande. A veces, casi invisible. Pero detrás de cada tableta hay un pulso firme por defender la artesanía y por mantener vivo el sabor de siempre aunque el mercado empuje en contra.


