Gastronomía

El regreso del Lorca: del adiós de Vicente al sueño de José Antonio

El Lorca no se apaga. Aquel bar que durante 45 años ha sido símbolo de La Zona, memoria de generaciones y refugio de madrugadas logroñesas, ha iniciado una nueva etapa. Vicente Tutor bajó la persiana en julio con lágrimas, abrazos y un gracias convertido en eco, pero apenas unas semanas después, la verja ha vuelto a subir. Detrás de la barra ya no está el mismo hombre que lo convirtió en leyenda, sino otro hostelero del barrio, curtido también en la hostelería desde adolescente, que afronta el reto con ilusión y respeto.

José Antonio Arastey tiene 38 años y ha pasado media vida en el sector. Durante una década ha trabajado en Mi Bar, hasta que se cruzó esta nueva oportunidad: Vicente se jubilaba y el Lorca quedaba libre. «Lo vi claro. Era la mejor opción para mí», cuenta con una sonrisa de estreno. «He sido camarero toda mi vida, ahora soy jefe. Y la verdad, estoy muy ilusionado».

El nuevo Lorca conserva la estética, los desayunos, los bocadillos y hasta los pinchos que hicieron del local una referencia, como los mejillones. «No he cambiado nada, porque la gente venía por lo que era y lo que tenía. Vicente me dio las recetas y sigo la misma línea», explica. Lo único distinto es la energía de quien inaugura proyecto propio: «Claro que se nota mi mano, sobre todo la fuerza y la ilusión de ser tu propio jefe».

La clientela apenas ha notado la transición. Los mismos vecinos de siempre siguen entrando a por café y pincho, y muchos otros bajan desde el bar en el que José Antonio trabajaba. El ritmo es intenso desde el primer día. «No hemos parado. La gente sigue viniendo como siempre», resume.

La historia del Lorca es también la de Logroño, y cómo una ciudad y el ocio se va modificando conforme evolucionan los gustos. Desde aquel 1980 en que Vicente abrió las puertas con estética de patio andaluz, el bar acompañó los mejores años de La Zona, cuando decenas de pubs convertían cada fin de semana en un hervidero de juventud. Fue punto de encuentro, banda sonora con los éxitos de cada época, y refugio cuando la ciudad cambió sus mapas de ocio.

Hoy, en 2025, el Lorca no pretende inventar nada nuevo. Se mantiene como un lugar de desayunos, cafés y copas al caer la tarde. Un bar de barrio que guarda dentro su leyenda. Vicente lo cerró diciendo «gracias de corazón». José Antonio lo ha reabierto diciendo «aquí seguimos». Y en ese tránsito se escribe la continuidad de un local que, lejos de apagarse, se transforma en recuerdo vivo.

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