Vicente es el del Lorca. O el Lorca es Vicente. Son 45 años. Tras tanto tiempo no se sabe dónde empieza Vicente y dónde acaba el Lorca. Érase un hombre a un bar pegado. El Lorca. Miles de recuerdos. Fue, entonces, el primer bar que imitó a un patio andaluz. Un cambio significativo. Era 1980. Hasta entonces, el Robinson había marcado la pauta, el típico pub inglés de dorados y maderas nobles. Aire fresco para las noches logroñesas. Al Lorca se iba a tomar copas y a escuchar buena música en un ambiento del todo relajado. 45 años más tarde es 2025. Y en el Lorca se dan desayunos y cafés a media mañana. Todo ha cambiado, tanto que Vicente Tutor puede ser considerado el último de La Zona. A sus 64 años comienza la despedida.
Pronto dejará La Zona, lugar que las nuevas generaciones no conocen ni tampoco imaginan a adivinar cómo era. Porque aquella Zona fue el punto de encuentro de miles de logroñeses que cada fin de semana -viernes y sobre todo los sábados- se daban cita para salir de fiesta. El Saxo, La Buhardilla, el Basket (o el Tablas), el Sub, Zona Cero, Mi Amigo, los Troncos, el Numancia, el Raúl, el PH, La Cueva, el Palenke, el Confusión, el Abraxas, La Sidrería, el M30, el Rex (o el Bella Época), el Planta Baja (o el Rocky), el Black Power, el Gabinete, el Gasoil, el Company, La Enagua (o el Tris Tras), el Celta, Valentino… Y el Lorca, de Vicente, que comienza a despedirse de su Zona, del mítico Lorca, de la calle Chile, donde acababa Logroño a principio de los ochenta. «Estoy cansado, sí». «Mis hijos me dicen que cierre ya». «Claro que me va a dar pena».

FOTO: Fernando Díaz
Vicente empieza a hacer balance de una carrera vital al frente de un bar. 45 años al pie del cañón. Siempre en el mismo sitio, adaptando el mismo espacio, porque ha sabido responder a lo que le pedían los logroñeses en cada momento para disfrutar de su ocio. Tardeos, largas noches, ahora desayunos, «pero siempre buena música», destaca Vicente. «La música ha sido siempre importante en el Lorca». Y lo sigue siendo. Suena, al volumen adecuado, lo último de Lana del Rey.
La música de este bar es una constante generacional. Cada generación de jóvenes logroñeses escucharon en el Lorca lo que estaba de moda, lo que les ponía Vicente, las listas semanales de los 40 Principales, por ejemplo. El Número 1 de cada momento. En los ochenta y en los noventa se salía a los bares para poder escuchar la música más actual, antes de los CD o los servicios musicales en streaming. Y el Lorca era un punto de encuentro.
Nacido en Castilruiz (Soria) -a 14 kilómetros de Aguilar del Río Alhama-, la vida le trajo hasta Logroño con tan solo diez años. Vicente pasa de puntillas por los recuerdos de su infancia. Pero uno advierte que no tuvo que ser sencilla. Con 16 años ya estaba trabajando. Y desde el trabajo diario se ha ganado una vida que le ha traído «una mujer fantástica», Natividad Veiga, «y dos hijos maravillosos», Saúl y Ángela, que «han estudiado» pero «siguen con esto de la hostelería». Aunque no darán continuidad al Lorca. Porque el Lorca es solo Vicente, y Vicente es solo el Lorca.

FOTO: Fernando Díaz
Estudió en Jesuítas de Logroño. Vivió, mientras tanto, en un colegio menor, «pero como los fines de semana cerraba, pues me tenía que quedar con una Patrona», hasta que comenzó a trabajar los fines de semana mientras estudiaba. Ahí descubrió el modo de ganarse la vida. Le daba para pagarse un alquiler y vivir por su cuenta. Comenzó de camarero en el bar Majari, en avenida de la Solidaridad. «Sigue existiendo», recuerda Vicente. «No había cumplido ni los 16 años». La hostelería le ayudó a ocupar los fines de semana de Patrona. Era ganarse un jornal para comenzar a tomar decisiones. En el Majari conoció a su padrino laboral. Quien le condujo a la que ha sido su casa durante los últimos 45 años. «Me puso al frente del Lorca, que entonces era el final de Logroño». Estamos en 1980. El Lorca abría sus puertas con un joven Vicente como responsable, con un camarero granadino que puso nombre al proyecto vital de Vicente. El Lorca se ponía en marcha.
«Al trabajar los fines de semana, la verdad que los lunes y los martes me costaba mucho estudiar». La hostelería se había cruzado en su vida para ser su vida. El Lorca comenzaba una trayectoria de 45 años. «Había diez pubs, una hamburguesería y una discoteca». De los ochenta solo tiene un calificativo: «Fueron maravillosos». Vicente desempolva el diario de la hostelería riojana, que conserva en su memoria. «La calle Chile era el final de Logroño. Tenía solo dos carriles, las aceras, en cada lado, tenían medio metro más»… Era la zona de marcha de Logroño.
«La Laurel, entonces, cerraba para las 22.00 ó 22:30 horas, y la gente venía hasta aquí para seguir de fiesta». Recuerda que «no existían los bares en la plaza del Mercado, tampoco Bretón de los Herreros». La Zona era el punto de encuentro en los ochenta, también en los noventa; y el Lorca, uno de los bares más de moda. Buenas música, buenos tragos, buen ambiente. El Lorca era lo nuevo. Un bar que recordaba a un patio andaluz, con plantas, con gotelé, con forjas. «Se puso de moda. Ofrecíamos algo distinto a lo que ya existía». Surgen de su memoria muchos nombres. El Saxo, el Tío Tito, el Barros.
El Mercado, la Mayor y Bretón
La ‘vasca’ ochentera buscaba bares de estilo ibicenco. Ambiente informal. Ganas de fiesta. Libertad. Pero la hostelería no se detiene. Se actualiza. Y Logroño ha cambiado mucho desde que abriera el Lorca. «Todo comenzó a cambiar en el verano de 1992». Porque la ciudad cambió radicalmente. «Existía un problema en Logroño. De Portales hacia el Ebro no se podía ir. Y el Ayuntamiento, con buen criterio, decidió recuperar la Plaza del Mercado». Y para hacerlo, «puso muchas facilidades para que se abrieran bares en esta plaza tan deprimida». En un verano, recuerda Vicente: «Se abrieron 13 bares». El cambio fue total. «Si el anterior San Mateo hicimos 100 de caja, tras estas aperturas, al siguiente San Mateo, hicimos 5 de caja».

FOTO: Fernando Díaz
Los más jóvenes salían por La Zona, los más mayores se daban cita en la Plaza del Mercado y en la Mayor. La Zona resistió una década más, pero fue perdiendo vigencia. Lo vio claro Vicente, que en 2001 hizo la reforma actual del Lorca. «Vi que el Dante funcionaba como cervecería típicamente inglesa». Y Vicente mezcló ese concepto con una cafetería al uso para seguir siendo actual en el inicio del siglo XXI. Y el público ha seguido visitando el Lorca de Vicente, que afronta la recta final de su vida laboral.
«Creo que he hablado con todo Logroño». Y seguro que no le falta razón. Todos los logroñeses han pasado al menos una vez por el Lorca. Y ahí estaba Vicente, que se niega a dar consejos a la hostelería riojana. Solo se dirige a quien esté pensando abrir un bar: «Que no piensen en el cliente cuando va a pagar, que piensen en el cliente para que vuelva al día siguiente».


