De un tiempo a esta parte la paleta meteorológica de colores parece haberse centrado en el blanco y el negro, olvidando la riqueza de los grises. Pasamos de uno de los periodos más secos de los registros históricos de la región a mojarnos por castigo, con tormentas que descargan un depósito de agua por metro cuadrado en dos o tres días.
Esa dualidad cromática la rompe estos días el Ebro a su paso por Logroño, teñido de chocolate a consecuencia de las tormentas que desde el pasado fin de semana nos remojan con alevosía.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
El conocido como ‘río de chocolate’ se produce cuando la intensidad de las precipitaciones remueve los sedimentos de tierra de los cauces y tiñen el agua con un color marrón de mayor o menor intensidad. Por razones sanitarias obvias, subrayamos que lo de «chocolate» no es más que metáfora con afán dulce y poético y no se recomienda el consumo directo de este agua.


