San Mateo

El toreo de Urdiales y un viaje a través del tiempo

FOTO: Eduardo del Campo.

El epílogo a esta feria taurina de San Mateo ha sido como un viaje a través del tiempo. A épocas pasadas y venideras. A las tauromaquias antiguas que Morante se esfuerza en resucitar y el toro actual se empeña en caducar y al toreo del futuro que viene a preludiar Roca Rey.

Entre tanto, el ‘carpe diem’ de Diego Urdiales, que viene a saber a gloria. Diego es el toreo actual, presente y perenne. Tan exacto como el domingo. Tan puntual, tan necesario, tan contemporáneo e inmortal. Tan extraño como difícil de creer. Y, a veces, de entender.

FOTO: Eduardo del Campo.

La faena de Urdiales al quinto, premiada con dos trofeos, vino a ser un tratado de poderío, de inteligencia, de gusto y de torería. Sobre todo, torería. Hubo mando en los primeros ayudados por bajo. Inteligencia en las dos primeras tandas por el pitón derecho, que vinieron a ser breves, aseaditas y livianas para hacer que ‘Jugador’ rompiera poco después en el toreo al natural. Porque fue ahí, al natural, cuando se alumbró una obra plena de torería y de verdad. De firmeza y de sabor.

El natural de Urdiales, tan presente como atemporal. Con cuatro tiempos tan bien marcados, diferenciados y separados. El embroque sincero; la manera de embeber la embestida en los vuelos; esa misma embestida humillada y sometida bajo el centro de gravedad del torero; y el remate, siempre enroscado más allá de la cadera. Siempre tan despacio y despacioso. Tan majestuoso. Otra vez el toreo preciso. Milimétrico. Justo cuando Urdiales cogió la espada de verdad, ‘Jugador’ se rajó. La estocada cayó arriba y el Cuvillo tardó en echarse.

FOTO: Eduardo del Campo.

De esa tauromaquia perpetua viajamos a lo que será el toreo no mucho más allá de 2025. Cuestión de tiempo. Tras lo de Urdiales, Roca Rey salió a por todas y alternó un par de verónicas con tres o cuatro chicuelinas en el saludo. Más chicuelinas, dos muy ceñidas, llegaron en el quite. Y luego, los cambiados por la espalda y los redondos tropezados.

También el toreo de cercanías, del que la muleta siempre sale hocicada. Pasaban los pitones de ‘Madrilito’ muy cerca del peruano. Sin excesiva torería, gusto o mando, que todo hay que decirlo. Cobró media estocada y se le pidió hasta el rabo. Sean bienvenidos a la fiesta del futuro más próximo. Si no hay nadie que lo remedie, claro.

FOTO: Eduardo del Campo.

Roca Rey aprovechó el viaje de su primero, que se quedaba un tanto corto. Aquella breve embestida hizo que el peruano se encontrara a su enemigo bajo él a la hora de rematar las series, que más transmitió a los tendidos. A la tercera, dejó una estocada baja.

La corrida de Cuvillo también fue actual y de lo que se adivina para las próximas temporadas: muy poco ofensiva, muy desigual y sin remate alguno. Muy, pero muy floja con dos o tres toros que marcaron los terrenos de chiqueros como querencia. Casi dos años de diferencia hubo entre los que hicieron cuarto y quinto (08/18 – 10/16). Así se cuidaron los detalles del encierro destinado al festejo ‘súper estelar’.

FOTO: Eduardo del Campo.

Al que hizo cuarto, como digo, le faltó edad, fuerza y presencia. Sobre todo, edad, fuerza y presencia (y no, no es un error tipográfico). A Dios gracias, lo sustituyó otro toro tan de hoy, que era de Juan Pedro. Morante trató de viajar con su tauromaquia al siglo pasado con un ‘juampedro’, como digo, del presente y eso viene a ser poco menos que imposible. Hubo empaque y gusto tanto en el inicio como en el final de faena, que fue a dos manos para sacar al toro a los medios y también para cerrarlo. Entre tanto, dos naturales de genial trazo y temple. Rodilla en tierra esperó a que ‘Pendenciero’ doblara las manos. ‘Gallito’ también lo hacía, pero tras poder y someter a su enemigo, no después de cuidarlo y mimarlo. Abrevió con su primero, un toro de ninguna clase y que siempre se defendió de malas formas.

FOTO: Eduardo del Campo.

La labor de Urdiales a su primero fue tan valerosa como desapercibida. Cosas del presente. Urdiales se puso en el sitio ante un toro bronco, violento y sin apenas recorrido. De embroque descompuesto, por si faltara algo. Destacó la gracia de Urdiales a la hora de llevarlo a los medios y también su inteligencia, llegando los mejores pasajes en el toreo en redondo. Por supuesto que su valor, tragando quina y coladas. ¡Qué gran dimensión la de Urdiales este San Mateo! Señores, carpe diem, o, lo que es lo mismo, disfruten de Urdiales, que es el presente del toreo.

FOTO: Eduardo del Campo.

Plaza de toros de La Ribera de Logroño. Cuarta y última de la Feria de San Mateo. Lleno en los tendidos. Toros de Núñez del Cuvillo, de escasa presencia en conjunto, flojos y descastados; destacó el buen aire de los lidiados en quinto y sexto lugar.. Un sobrero de Juan Pedro Domecq (4º), manejable.
• MORANTE DE LA PUEBLA, silencio y oreja
• DIEGO URDIALES, ovación y dos orejas tras aviso.
ROCA REY, silencio y dos orejas

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