La Rioja

Cuando la Formación Profesional te ofrece una verdadera segunda oportunidad

Cuando la Formación Profesional te ofrece una verdadera segunda oportunidad

Existe la sensación de que España no es un país de segundas oportunidades en lo que se refiere a la Educación; una vez que un alumno elige una línea educativa o triunfa o fracasa y, dependiendo de lo que suceda, el ámbito laboral le sonríe o no. Pero muchas veces la realidad es bien distinta, la Formación Profesional, en muchos casos en los que otras opciones educativas han sido un verdadero calvario, ofrece a jóvenes-adultos las oportunidades que por un motivo u otro no tuvieron de adolescentes.

«Aún existe en buena parte de la sociedad, incluso dentro de la docencia, esa idea de que el que vale para estudiar debe ir a la universidad y el que no a la Formación Profesional; y no tiene nada que ver con esto: los chavales tienen que buscar aquello que les motive realmente esté donde esté, pero ese trabajo no se hace desde la orientación de los centros», explica Alfonso Antoñanzas, jefe de la rama de Electricidad en el IES Gonzalo de Berceo de Alfaro.

En estos momentos en España hay, al menos, 225.000 alumnos de FP que tienen 25 años o más; en La Rioja son 2.429 (1.558 a distancia y 871 de manera presencial). Una realidad cada vez más habitual en los institutos de Formación Profesional de nuestra comunidad donde estas personas pueden retomar sus estudios y además, en la mayoría de los casos, los terminan y amplían así sus posibilidades profesionales.

Susana Martínez. 37 años. La niña que quiso ser mecánica

Susana Martínez es un claro ejemplo de ello. Desde que no levantaba un palmo del suelo ella quería ser mecánica. Realizó la ESO y en el momento de terminarla la orientadora de su centro le aseguró que la única salida era hacer un bachillerato tecnológico y después un Grado Superior de Automoción. «Fueron dos años horrorosos, estuve a punto de tirar la toalla, yo no era capaz de estar una hora entera escuchando a un profesor, no me interesaban lo más mínimo determinadas asignaturas y era imposible sentarme a estudiar porque se me hacían bola», recuerda. Consiguió terminarlo e hizo el grado superior de Automoción sin ninguna dificultad.

«Mucha gente entonces me animó a ir a la Universidad y me pareció una alternativa; saqué primero de Ingeniería pero me di cuenta de que eso no era lo que yo quería», va relatando. Encontró trabajo en un taller mecánico en Alfaro y se puso a trabajar. «Era todos los días el mismo trabajo; al final la mecánica de un taller es sota, caballo y rey, y a mi me motivaba más hacer otro tipo de cosas».

Tuvo la suerte de encontrar un trabajo de mantenimiento industrial y vio que eso era lo que realmente le apasionaba pero… le faltaban demasiados conocimientos para poder crecer y decidió matricularse en el grado superior de Electricidad en Alfaro donde compatibiliza cada año algunas asignaturas con un trabajo en el que ha ido creciendo gracias a los conocimientos adquiridos estos últimos años. Ahora le quedan dos asignaturas para sacarse el Grado Superior. «Estoy trabajando en lo que realmente me gusta pero he tenido que dar mil rodeos porque nadie me dijo antes que esto existía», dice sin ambages.

Cristian Quintero. 26 años. De los pasillos a uno de los mejores expedientes

Cristian era «un auténtico desastre en los estudios». Su futuro en la educación muchos lo veían negro. «Es verdad que a mi lo de estudiar nunca me gustó, estaba más tiempo en los pasillos esperando que viniese el jefe de estudios a expulsarme que en clase», recuerda de su primer paso por la Formación Profesional.

Se sacó, como buenamente pudo, lo que ahora es la FP Básica, el escalón más bajo e imprescindible para poder salir al mercado laboral. «En seguida me puse a trabajar».  Durante estos años ha estado como una pelota de ping pong, de contrato temporal en contrato temporal, de empresa en empresa, de ETT en ETT…

«Me di cuenta que con 24 años no tenía nada a lo que agarrarme y que cada vez era más complicado que me llamasen de los trabajos porque cada vez se pide más formación, ya no es lo que era hace unos años, ahora miran con lupa los currículums», asegura. Sus padres le aconsejaron que se pusiese otra vez a estudiar, «aunque no se fiaban de mi porque la experiencia anterior había sido desastrosa».

Se matriculó en el grado medio de Electricidad y allí encontró algo que le gustaba. Ahora es uno de los mejores expedientes de su clase. «Ahora sé realmente lo que quiero y sé que soy capaz de conseguirlo», dice con una sonrisa que le ocupa toda la cara. «Todos se empeñaron en que yo no valía para estudiar y ahora me doy cuenta de que sí que valgo, tengo la capacidad para estudiar que sólo había que encontrar algo en lo que estuviese motivado», cuenta.

«En 3º de la ESO me creí lo que me dijeron: que no valía». Ahora las cosas han cambiado: «Veo que tengo resultados y mi familia está muy orgullosa, y especialmente yo porque veo que tengo un futuro». Está a punto de terminar el Grado Medio. «Y si quiere también podrá sacarse el Superior», asegura su profesor.

Mario Sáenz. 32 años. A la FP diez años después

Mario empezó el Bachillerato sin mucho éxito y pronto decidió hacer el grado medio de Actividades Deportivas. En seguida se puso a trabajar en Soria en actividades deportivas y mientras tanto se sacó el grado superior. «Cuando estaba a punto de acceder a la Universidad para hacer INEF me salió la oportunidad de montar una empresa con un amigo y no nos lo pensamos».

La experiencia por motivos personales se desmoronó como una torre de naipes y pronto tuvieron que cerrar. Después de años trabajando en el sector en diferentes puestos decidió cambiar y meterse en el mundo de la hostelería, las cosas tampoco salieron tan bien como parecía. A pesar de que tuvo ofertas para volver al mundo del deporte llegó un momento en el que pensó que eso no podía ser una trabajo a largo plazo.  «No me veía a los 60 años dando clases de spinning y creí que había que buscar otra alternativa laboral que pasaba obviamente por volver a estudiar»

Hace unos meses decidió empezar el grado superior de Electricidad en Alfaro. «Llegué unos días más tarde pero no hubo ningún problema, todo han sido facilidades y además estoy en algo que realmente me gusta y que me va a dar una salida a futuro más estable». Inmerso en su curso está encantado con la forma de dar las clases en el instituto Gonzalo de Berceo. «Hay muchas prácticas, ves que lo que estás aprendiendo va a servirte en un futuro y te das cuenta de que nunca es tarde para volver a intentarlo», dice.

Hugo Villar. 40 años. 15 después, vuelta a los estudios

Hugo Villar es posiblemente el ejemplo más claro de que la Formación Profesional da oportunidades que uno no cree tener más allá de los 25 años. «Yo era el típico chaval que no servía para estudiar, había repetido varias veces, conseguí con esfuerzo sacarme un grado medio pero en casa se me acabaron las oportunidades y me dijeron que me tenía que poner a trabajar.

Después de veinte años en el sistema laboral, un día Hugo pensó en cómo su padre, en la anterior crisis, había perdido su puesto de trabajo en una edad en la que casi era imposible volver a encontrar otro puesto en el que ganarse la vida. «El sector en el que trabajaba hasta entonces era muy inestable y hablando con el hijo de un amigo me explicó que ahora no hacía falta un curso de acceso para poder hacer un grado superior». Ese fue el empujón necesario. «Tenía claro que volver a estudiar asignaturas comunes como la Historia o el Inglés era algo inviable para mi, si no había curso de acceso podía intentarlo», explica.

Así, quince años después volvió a pasar por las aulas con un miedo atroz a lo que se iba a encontrar en un primer momento. «Entras en una clase en la que la mayoría son chavales de 20 años y tú ya rondas los 40 y al principio todo es un poco raro. pero la experiencia fue muy positiva, creo que ellos han estado encantados conmigo y yo con ellos», asegura.

En dos años logró su grado superior, el reconocimiento de toda su familia por haberlo intentado y, esta vez, haberlo conseguido y ahora trabaja encantado de la vida en algo que le gusta y que además le da una seguridad de cara al futuro.

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