La Rioja

La sexta ola golpea de lleno a la línea de flotación: la Atención Primaria

La burocracia y las dudas ralentizan un sistema que lleva dos años complicados por la carencia de personal

Las caras de cansancio son evidentes entre el personal de Atención Primaria en La Rioja. La mascarilla oculta la sonrisa exhausta de Esther Lorente, coordinadora del Centro de Salud de Arnedo. La situación de la ciudad riojabajeña no es ni más ni menos que la del resto de los centros de Salud y consultorios de La Rioja. La sexta ola, con miles de contagios en el último mes, ha golpeado de lleno a la línea de flotación del sistema de salud riojano: la Atención Primaria. Con una importante falta de sanitarios ya antes de la pandemia, y después de cinco olas para ellos interminables, la sexta (con un índice muy menor en la hospitalaria) está minando a los médicos de cabecera, a sus enfermeras; esos que están cara a cara con el paciente, la primera línea en una guerra en la que siempre ellos salen malparados.

Entrar en el Centro de Salud de Salud de Arnedo es ver cómo la Atención Primaria no deja de atender, ni siquiera un día de semifiesta (5 de enero), a decenas de vecinos. Unos llegan a sus consultas habituales, otros a «¿Me podéis poner bien los datos en la tarjeta que no podemos descargarnos el pasaporte COVID?», analíticas, dudas, más consultas… En apenas cinco minutos han pasado más de quince personas por una recepción en la que cuatro personas además atienden las dudas telefónicas: «Acabo de dar positivo en un test de antígenos, ¿qué hago?».

Esther nos explica el trabajo diario. «Es verdad que a determinadas horas los teléfonos no dejan de sonar, pero hay a otras que estamos un poco más tranquilas en esta zona». Mientras, las dudas de sus compañeras recaen en ella. «Esa es una vacuna pediátrica, hay que llevarla a la zona del fondo». «Nos han llegado estos nuevos test de antígenos, te los dejo en la sala»… Esther tenía pensado cogerse vacaciones estos días, pero las ha retrasado como tantos compañeros suyos a lo largo y ancho de La Rioja. «Ahora mismo estamos con 32 bajas en Atención Primaria, cada día sale una nueva, y todo eso hay que gestionarlo con las vacaciones que hay que gastar siempre a finales de año; los sanitarios son personas, también se contagian, también hacen cuarentenas y también necesitan descansar», explica Paula Guerrero, gerente de Atención Primaria.

En el caso de Esther las vacaciones llegarán en unos días. «Tenía claro que ahora no era el momento, con la sexta ola desbocada y con la vacunación de mis niños había que esperar unos días más». Y es que en Arnedo, Esther lo tuvo claro desde el principio. «Quería que todos los niños de la zona pudiesen empezar el colegio con la primera dosis puesta. Hemos trabajado sin descanso para que fuese posible y te podría decir que a día de hoy el 98 % de los niños vacunables de nuestro centro de Salud ya la tienen», confirma. Quedan algunos que acaban de pasar el virus y tienen que esperar cuatro semanas, unos pocos que se han ido de vacaciones a otros lugares durante estos días y otros niños a los que sus padres aún no han entregado el consentimiento, que son relativamente pocos. «Ha habido días que hemos trabajado 13 horas para conseguirlo», resume. «La gente lo tiene que ver, hemos vacunado en un año a toda la población de La Rioja que ha querido con dos dosis, a los vulnerables con tres, ahora estamos con los niños, las de refuerzo para los mayores de cuarenta, la vacuna de la gripe… eso es una cantidad de horas ingentes que han recaído especialmente, aunque compartidas con las enfermeras de los hospitales, en las de Atención Primaria».

El sentimiento de culpa hacia sus médicos y enfermeras sobrevuela la conversación. «Sé que estiro de ellos a veces más incluso de lo que pueden dar, pero es que el objetivo es poder atender a todo el mundo en las mejores condiciones, pero hay veces que no podemos hacer más de lo que hacemos. El bicho no sé si nos va a matar, pero la desesperación y el agotamiento, sí».

En La Rioja se han emitido un total de 6.900 bajas en el mes de diciembre. «Y las que llevamos ya en enero», asegura Esther. El papeleo supone en estos momentos una carga infernal de trabajo. «La sexta ola está siendo la más estresante por toda la burocracia que tenemos que hacer, han sido infinidad de casos, con sus altas, sus bajas, rara es la familia que no tiene uno o dos casos, pese al nuevo protocolo en el que se hace un seguimiento estrecho sólo a personas vulnerables; si alguien pasa por su médico y es positivo lo sigues hasta el final, los rastreadores no pueden con todo, y muchos casos saltan a la primaria o directamente nos los derivan», detalla.

«Además, la vida continúa y sigue habiendo otro tipo de patologías, la gente sigue siendo operada y luego hay que hacer seguimiento a la gente cuando vuelve a su casa, seguimos teniendo personas con revisiones anuales de diabetes, tensión, colesterol, patologías reumáticas; eso es presencial, no podemos hacerlo por teléfono a diferencia de unas recetas o las bajas», va explicando. En Pediatría siguen las revisiones: «Son 17 revisiones en los primeros 14 años de vida y eso no se ha dejado de hacer. Las buenas costumbres que teníamos antes las seguimos teniendo, pero a eso hay que sumar los centenares de llamadas con dudas», asegura.

«Somos menos de los que deberíamos ser, ya éramos menos antes de la pandemia, los años de recortes se notan, pero es que nosotros también nos infectamos porque estamos todo el día en contacto con positivos, nosotros también tenemos que guardar las cuarentenas, y para esto no hay repuesto como en los coches, tenemos déficit de sanitarios desde antes de la pandemia, pero no en La Rioja, en toda España, y esa falta de profesionales la estamos paliando con otro tipo de políticas y especialmente con un sobresfuerzo de los sanitarios de Atención Primaria que, a veces, los usuarios no tienen en cuenta». «Qué más quisiéramos nosotros que tener controlada a toda la población, pero es imposible. No damos más de sí. No tenemos una varita mágica y solo tenemos dos manos y dos orejas», asegura.

Ella lo tiene claro. «Si esto no se ha ido al traste con las incidencias que estamos teniendo y después de los dos años tan complicados que hemos tenido es porque realmente nos gusta lo que hacemos y porque tenemos una responsabilidad y una vocación de cuidado ejemplar, y eso hay gente que lo entiende y hay otra gente que no, que sólo piensa en su ombligo y que lo suyo vaya en primer lugar».

Por eso le pidió a los Reyes Magos «que los de arriba comprendan la situación en la que estamos y que sigan trabajando por reforzar la Primaria, no tanto con recursos materiales como con personal; y que los usuarios tengan paciencia: una baja se puede tramitar dos días después con la fecha determinada, pero no se pueden colapsar los teléfonos y que la gente que realmente nos necesita no pueda acceder a nosotros».

Subir