CARTA AL DIRECTOR

‘Logroño, ¿ciudad en guerra?’

«Pacificar las calles», «urbanismo táctico», «ciudad abierta», ¿a qué puede deberse la obsesión del Ayuntamiento de Logroño por aplicar un lenguaje bélico a la planificación urbanística de la ciudad? Pareciera que el consistorio estuviera deseoso de hallar en cada esquina un conflicto social en el que intervenir con sus salvíficas soluciones, y a falta de ellos, crearlos artificialmente.

La ordenación del territorio, así como la planificación urbanística, deberían ser procesos reflexivos, pausados, ponderados, en los que la participación ciudadana ocupara un papel central, en el que se tuvieran en cuenta todos los intereses en juego, desde los relacionados directamente con la movilidad, a los usos del espacio público, el impacto en el comercio o el medio ambiente, y hasta el gusto estético y la armonía de la ciudad. La sensación de urgencia que transmite este Ayuntamiento para adoptar sus controvertidas medidas es contraria a todo lo anterior.

Para empeorar la situación, las salvas que se lanzan desde el cuartel de Doce Ligero abundan en reprochar a la ciudadanía su escaso nivel de aceptación, sugiriendo que los logroñeses se han resignado a vivir en una ciudad incómoda que agrede al peatón. Las declaraciones del concejal de Urbanismo sobre estos asuntos suelen venir acompañadas de un retintín caricaturesco, en el que el vecino es más bien un paisano de boina enroscada, refractario a las ventajas de la «nueva movilidad».

La respuesta ciudadana plasmada en la manifestación del día 22 parece sugerir que son las medidas del Ayuntamiento las que incomodan al común de los logroñeses y no su ciudad, tan querida con sus virtudes y defectos.

FOTO: Cs Logroño.

Lo cierto es que, para decepción del edil socialista, la bicicleta se usa poco. No invita a ese uso el trazado irregular, por no decir suicida, del carril bici actual, que lo mismo surge como un Guadiana color tinto que desparece súbitamente engullido por una pared o bloqueado cualquier otro elemento del mobiliario urbano. Por otro lado, el «sistema de transporte público» que se nos invita tan activamente a adoptar consiste únicamente en líneas de autobús mejor o peor planificadas y masificadas. Triste sistema este, compuesto tan sólo de un elemento. La pandemia tampoco incentiva a los ciudadanos a abandonar la seguridad e intimidad de sus coches por un habitáculo idóneo para el contagio.

La última ocurrencia de este Ayuntamiento-activista es forrar la ciudad con cartelería informativa de un singular «metro» logroñés. Para todo ciudadano sorprendido que se haya aproximado a esos carteles del bautizado «metro minuto» esperando un ambicioso plan que amplíe la oferta pública de transportes solo le aguardará la mayor de las decepciones.
Este «metro minuto» es, observado benignamente, una simpática iniciativa que invita a los ciudadanos a recurrir al bipedismo para desplazarse por la ciudad, indicando la distancia y tiempo entre puntos emblemáticos del mapa urbano.

Pero si le echamos algo de mala leche al asunto, al autónomo, o al ciudadano con una familiar dependiente, o niños de los que cuidar, le parecerá una broma chusca costeada a cuenta de las arcas públicas. Por ejemplo, echando mano de este simpático plano, si usted vive en el barrio de Yagüe y desea visitar a un familiar ingresado en el Hospital Provincial deberá prepararse para una mini odisea de 43 agradables minutos recorriendo las calles de la capital. Y otros tantos de vuelta.

El anonadado ciudadano lógicamente aguardará con temor las próximas retro futuristas ocurrencias del ayuntamiento para mejorar sus vida cotidiana: la paloma mensajera para reducir el uso del móvil y el candil para abaratar la factura eléctrica.
En un año de extrema zozobra causada por la pandemia y la sucesión de ERE y ERTE, por citar alguna de las desgracias que se van acumulando sin solución a la vista, el Ayuntamiento ha aprovechado para adoptar decisiones de calado en materia de urbanismo y movilidad como suprimir plazas de aparcamiento o deformar el trazado urbano permitiendo las terrazas en plena calzada.

Lo mínimo que se puede pedir en esas circunstancias es una actitud de escucha y diálogo con los vecinos. El ciudadano debe percibir que, al menos la Administración que siente más cercana, tiene en cierta estima su forma de vida y trabaja en pro de su bienestar, incluso si ello supone renunciar a postulados ideológicos que encajan muy bien en un titular y una rueda de prensa, pero que no encuentran acomodo, estos sí, en las coordenadas mentales del ciudadano medio.

*Puedes enviar tu ‘Carta al director’ a través del correo electrónico o al WhatsApp 602262881.

Subir