Firmas

Tinta y tinto: por el triunfo de la sensatez

El otro día llegó a mi teléfono un mensaje ‘filtrado’ desde una conversación de Whatsapp de un grupo de hosteleros riojanos. Decía lo siguiente:

«Hola a todos, estoy totalmente de acuerdo con XXXXXXX y creo sinceramente que estamos equivocando la extrategia. No podemos exigir una apertura inmediata con una incidencia de riesgo extremo como la que tenemos. Estamos debilitando nuestra posición como sector, nos acusan de egoístas irresponsables, explotadores e incluso fascistas. Sigo pensando que nuestro camino es el de conseguir poner en marcha el protocolo de desescalada, que ya teníamos hecho. Este protocolo nos permitiría convivir con el virus hasta que esto pase y desgraciadamente aún puede durar la pesadilla muchos meses. La campaña de quién paga los platos rotos me parece un error tremendo. Sólo nos desprestigiamos. Creo que anular esa acción, no romper ningún plato, exigir la puesta en marcha de ayudas y el protocolo nos empoderaría y dejaría al gobierno bastante descolocado. Las comparaciones con Madrid tampoco sirven para nada. No vamos a conseguir nada por ese camino. Si seguimos presionando para abrir la hostelería y se volviera abrir con una incidencia acumulada de doscientos como en noviembre se hizo, volveríamos muy pronto a una cuarta ola y así hasta no sé cuanto tiempo. Por favor, reflexionemos».

«¡Hostia! Si por fin parece que hay alguien al otro lado», pensé. Incluso creo que solté algún taco más fuerte, pero esto pretende ser una columna seria. Una llamada a la sensatez para intentar construir entre todos la salida a esta crisis sanitaria y económica. Sin colgar a nadie en la plaza del pueblo y sin lanzar ningún discurso incendiario cargado de medias verdades con fines políticos. Un mensaje sin culpables ni ataques sino con posibles soluciones. ¡Aleluya!

Y es que es evidente que la hostelería es un sector duramente golpeado por la pandemia, pero que no se preocupen nuestros hosteleros. A partir de este lunes ahí nos van a tener apoyando fuertemente su liquidez. Que no paren ni las cañas ni los vinos. Y el próximo fin de semana… ¡ay el próximo fin de semana! Menos mal que hay toque de queda. Sólo tengo la duda si habrá más filas en los bares y los restaurantes que en las peluquerías. El mes de cierre ‘no esencial’ ha sido agotador para soportar según qué peinados.

Tras las duras críticas lanzadas por varios representantes de la hostelería riojana durante semanas, un nuevo rayo de luz se abría paso entre la tormenta. El primero gracias al descenso de las malas cifras epidemiológicas y asistenciales durante el último mes. El segundo, el nuevo semáforo diseñado por Salud. El tercero con la sensatez de quien pretende realmente mejorar el rumbo de su negocio sin hacer política contra un partido polítco que no es el suyo.

En esta nueva ola de sentido común, incluso hemos celebrado en Logroño una concentración en defensa de la libertad de expresión y en apoyo a Pablo Hasél sin alteracados. Un par de pancartas, los clásicos lemas de la «verdadera izquierda» y cada uno a su casa. La Rioja vuelve a ser ese remanso de paz en el que (casi) nunca pasa nada. Y que así sea. Alejados de práticamente todas las posiciones radicales (los platos rotos, el rapero y su condena, los disturbios, la violencia policial, Pablo Echenique, el fascismo, la nazi rubia con tics que habla de judíos…) se encuentra una gran mayoría de ciudadanos que lo único que quiere es seguir con su vida tranquilamente sin molestar al prójimo.

El centro. El verdadero centro. Ese que sólo pretende esta semana pedirse un vino y un champi ahora que los bares vuelven a estar abiertos y abrazar a sus seres queridos. Y ahí, en ese centro, es donde se ganan las elecciones y los debates. Y si no se lo creen, que le pregunten a Salvador Illa aunque los caprichos nacionalistas conviertan su empresa en un imposible por el momento. Sólo la sensatez nos ayudará a salir de esta. Qué pena que el sentido común sea el menos común de los sentidos.

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