La Rioja

Rossi Landazuri: «Hay que ser parte de la pareja, pero sin casarte»

‘¿Quieres casarte conmigo?’. Una vez pronunciada esa frase, con el consiguiente ‘sí, quiero’, todas las parejas se adentran en una nueva dimensión. Invitados, decoración, lugar, menú, música, fotos, vídeo, ¡la barra libre!, vestido, regalos y un sinfín de detalles que antes, ni siquiera, se habían planteado. Y si a esto le sumas una pandemia… ¡viva el amor!

Organizar cualquier evento no es fácil, pero, en pleno 2021, ¿hay algún ámbito de la vida que no cuente con un profesional? Rossi Landazuri es una de las ‘wedding planner’ revelación del panorama riojano e incluso nacional y es experta en convertir un día especial en el mejor de tu vida, además de disfrutar del proceso, que no es poco.

– ¿Cómo empezó en el mundo de la organización de bodas y eventos?

– Por casualidad. Estudié Filología Inglesa y empecé a dar clases particulares a la que era la propietaria de Eventus, además de a una decoradora. Descubrí que había una figura detrás de la organización de eventos que me llamaba mucho la atención e hice un Máster de Organización de Eventos. Continué con la docencia hasta que una amiga se casaba y me planteó ayudarle a organizar su boda. Ahí empezó todo.

– ¿Cómo fue la primera experiencia?

– Todo un reto. La familia confiaba plenamente en lo que les había demostrado y estuvimos nueve meses organizando la boda en un lugar donde no había nada y nunca antes había acogido una celebración como esta. No podíamos hacer uso de nada y tuvimos que alquilar hasta la última cucharilla. Gracias a esa boda aprendí lo que era un generador, los baños María para eventos… Había muchos invitados y fue todo un desafío. La cosa salió bien porque, a raíz de ahí, el boca a boca hizo el resto.

– ¿Cuáles son las funciones de un ‘wedding planner’?

Básicamente ser parte de la pareja pero sin casarte. Es fundamental empatizar para poder vivir cada momento como si el protagonista fueras tú. ‘El Día’ tiene que tener todo justo como te lo habías imaginado cienes y cienes de veces y claro, antes de eso hay mucho trabajo por hacer. Mi labor es filtrar los proveedores para que se ajusten tanto al estilo como al presupuesto de los novios, gestionarlos y llevar a cabo el proyecto de decoración para luego ejecutarlo y, por supuesto, coordinarlo el día del evento.

– ¿Hasta qué punto influye su opinión en la toma de decisiones?

– Cualquiera que me conozca sabe que no soy capaz de dejarme influenciar en algo que no creo. Para mí es muy importante que el evento refleje la esencia de los novios y la mía. Si veo que algo es una horterada de manual, lo digo. El problema es que muchas parejas tiene una sobreinformación visual impresionante por todas las bodas a las que van. Pero no vale todo en cualquier sitio. Hay que filtrar. Lo importante es que lo que quieran tenga coherencia con el lugar. No puedes pretender celebrar en el restaurante La Merced una boda campestre… Intento educar el gusto.

– ¿Con cuánta antelación hay que organizar una boda? ¿Ha cambiado la forma de trabajar con la pandemia?

– Si me llegas a preguntar esto hace un año te hubiera dicho que diez o doce meses, pero ahora, con la situación que tenemos, casi dos años. Desde marzo he pasado a trabajar 24/7 porque era la persona que tenía que dar respuesta a situaciones que no se habían planteado nunca, pero es que yo tampoco tenía contestación. Lo que iban a ser quince días lo seguimos arrastrando y eso es muy difícil de gestionar, además de los nervios de una pareja con mucha incertidumbre, la misma que su familia, por no hablar del tiempo libre… A raíz de la pandemia, el proceso natural de la organización ha tenido que reducirse a escasos meses incluso semanas, con todo lo que eso conlleva: encaje de bolillos con los proveedores, modificar fechas, aforos, adaptarse a la normativa que cambiaba cada dos por tres… Hemos tenido que tener una capacidad de reacción y adaptación mucho más rápida porque había que salvar el evento. Incluso, aún tirándome piedras a mi propio tejado, les decía a los novios: no os caséis ahora, pero muchos no renunciaron. Lo he pasado muy mal, pero luego, cuando ves que el evento sale bien lo compensa todo. No he llorado tanto como en las bodas de este último año viendo que, al final, se casaban felices.

– ¿Cuál es la dinámica de trabajo de Rossi Landazuri?

– Intento llevar a cabo un proceso dosificado para que cuando llegue el día no estén agotados física y mentalmente, así que les envío unos correos puntuales y nos reunimos cuando tenemos que hacer un resumen de todo. Además, un mes antes de la boda, ellos ya van a tener el evento escrito detalladamente: desde las 8 de la mañana cuando llega la maquilladora hasta cuando se suben al autobús al final de la noche, cuando yo me quedo para asegurarme de que todo se queda recogido y el espacio exactamente igual que como estaba.

Cuando me contactan les hago un cuestionario general para que ellos se sientan partícipes de su boda y, a partir de ahí, según las necesidades que tienen, les paso un resumen para que se hagan una idea y ellos decidan si les cuadra o no. Cuando tengo su ‘ok’ les mando un ‘planning’ de los meses en los que hay que hacer cosas y creo un tablero para que ellos mismos vayan metiendo ideas que les gusten. Así profundizo en su estilo. Además, les indico cómo organizarse en tiempos y económicamente.

– ¿Qué secreto esconden sus bodas?

– Soy una loca de las velas. En todas mis bodas hay velas de una forma u otra y, por supuesto, el detalle. Puedes hacer una decoración muy bonita pero tienes que prestarle mucha atención a los detalles más pequeños. Esos elementos son cien mil veces más importantes que lo que más se pueda ver.

– ¿Qué es lo más raro que le han pedido para una celebración?

– No es extraño pero algo que suele provocar conflictos con los espacios y la gente demanda mucho son los fuegos artificiales. Dile tú a los dueños de una bodega que vas a poner una traca de pólvora en mitad de sus viñedos… Además, siempre hay al que le hace ilusión que algún grupo o cantante famoso actúe en la boda. Una noria… Luego hay proyectos muy especiales como una boda que estoy organizando en un pueblo. Utilizaremos toda la localidad para la celebración: la plaza, el frontón.. y haremos partícipe a todo el lugar.

– ¿La Rioja es un buen escenario para casarse?

– Por supuesto. En La Rioja hay sitios muy bonitos que ya de por sí hablan y cuentan cosas preciosas, sin mucho ornamento. Además, las bodegas eran muy endogámicas hace años y no aceptaban que entrara gente a hacer fiestas. Algo que, afortunadamente, ha cambiado de forma radical y ahora se hacen cosas increíbles en sus espacios.

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