Crisis del Coronavirus

Investigación riojana para conseguir un fármaco accesible y barato contra el COVID

Alejandro Jesús Bermejo, médico e investigador bioquímico

La llegada de la vacuna contra el COVID-19 ha supuesto un haz de luz en la investigación contra la enfermedad y ahora todas las miradas se enfocan en las dosis que van llegando a los centros sanitarios y residencias de mayores para atajar, poco a poco, el avance el virus.

Mientras tanto, no hay que desechar otras alternativas de tratamientos frente al coronavirus que ya han sido testadas y corroboradas. Es el caso de la ciclosporina A, un fármaco empleado en tratamientos oncológicos que sorprendentemente también tiene su efecto en los casos críticos relacionados con la insuficiencia pulmonar provocada por el Síndrome Respiratorio Agudo Severo 2 (SARS-CoV-2). Se trata de un inmunosupresor de fácil acceso en el mercado y bajo coste, ya que el precio de una dosis diaria no alcanza los cinco euros.

En concreto, permite modificar la evolución severa de la enfermedad y reducir en más de un 80 por ciento la probabilidad de fallecer por coronavirus, según publicó el Grupo Hospitalario Quirón de Madrid. Ahora, Alejandro Jesús Bermejo y su equipo trabajan en ofrecer un estudio prospectivo a nivel internacional a través de un ensayo clínico «que solidifique al máximo y de forma estadística» lo ya expuesto anteriormente.

Este médico e investigador especialista en bioquímica trabaja de la mano del Servicio Riojano de Salud a la hora de realizar todo este tipo de investigaciones, siendo precursor y autor principal del estudio que dio sus primeros pasos en febrero, en plena cuarentena y mediante un laboratorio de química computacional. Ahora, casi un año después, está casi listo para salir del cascarón después de presentar su protocolo para emplearlo en la comunidad al jefe de Investigaciones del CIBIR.

«Solo queda esperar a los trámites más burocráticos para poder ver la ciclosporina A en las plantas de los hospitales, porque la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ya clasificó nuestro ensayo adaptativo y novedoso como uno clínico», apunta Bermejo. Sin embargo, la llegada de la esperada vacuna se ha producido antes de lo previsto según las cuentas del investigador.

«Esto nos ha trastocado un poco los planes porque con las dosis inyectadas se reducirá la incidencia del virus en los próximos meses, coincidiendo por tanto con el momento en el que el ensayo puede estar listo previsiblemente. Ahora estamos estudiando cómo va a marcar esa disminución de la incidencia del COVID-19 en La Rioja para que nuestro trabajo no suponga un gasto innecesario al comenzar con el ensayo clínico en una situación poco productiva», considera el bioquímico.

Alejandro remarca que el fármaco es más eficaz en momentos de olas o picos de contagios por coronavirus, por lo que «la presencia de la vacuna y la consecuente reducción de casos puede afectar al ensayo al no conseguir la cantidad de pacientes necesaria para tener una distribución normal de frecuencia». La cosa cambiaría si la ciclosporina A pudiera suministrarse ya en los centros sanitarios, «alcanzando en estos momentos una recepción excelente por la gran incidencia que hay del virus en la comunidad».

Mientras tanto, el trabajo sigue adelante, sin frenos, con la confianza plena en el uso del fármaco, pero «llegado el momento en el que se decida seriamente la parte final, donde está el Comité de Ética y Aprobación directa por la Agencia Española de Medicamentos, se valorará la situación epidemiológica actual y se actuará en consecuencia».

Aunque llegue fuera de fecha, o más tarde de lo esperado, «no deja de ser un tratamiento complementario con una base científica muy consolidada que puede ser de gran utilidad para aquellas personas para las cuales la vacuna no ha resultado del todo práctica, ya que la de Pfizer tiene una efectividad del 95 por ciento».

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