Gastronomía

El restaurante Iruña resiste: «Ya vemos la luz al final del túnel»

Por si alguien tenía dudas, permanece abierto. El restaurante Iruña cambia de tornas y se aferra al corazón gastronómico de Logroño «con muchas ganas». La llegada de la pandemia revolucionó todas las ideas de sus propietarios hasta el punto de plantearse el traspaso a Portugal, concretamente al Algarve, pero han sido varios los impulsos y apoyos que han evitado la fuga de un emblemático de la calle Laurel.

Carlos Martínez se mantiene a la espera de recibir la autorización del ERE que en su día solicitó. Sin embargo, él y su mujer ya tienen una respuesta: «Aunque nos lo aprueben, lo vamos a rechazar. Han cambiado muchas cosas desde que tomamos la decisión de cerrar en cuanto fuera posible. Ahora ya vemos la luz al final del túnel».

Son varias las circunstancias que han motivado este giro de los acontecimientos. «Primero, el acuerdo al que hemos llegado con la propiedad del local, bastante satisfactorio, en lo que respecta al alquiler. También la posibilidad de abrir por las noches que, aunque no sea en el horario deseado, permite dar mayor servicio. Pero además el anuncio de la llegada de las primeras vacunas ha supuesto un punto de inflexión».

Las emociones irrumpen con fuerza en los fogones del Iruña. «Lo que queremos es trabajar y durante más tiempo, por eso no vendría nada mal que ampliasen las restricciones horarias a las 00:00 horas. Apenas una hora más supondría mayor público en el servicio de cenas y una ampliación de los contratos de los empleados de media a jornada completa», señala el propietario.

Durante el mes de noviembre que permanecieron cerrados, al igual que toda la hostelería logroñesa, el del futuro Restaurante Iruña pendía de un hilo: «Si en ese momento nos conceden el ERE, lo aceptamos. Han sido meses de nos saber hacia dónde tirar, pero somos conscientes de que el turismo es el motor de este país, uno en el que a la gente le gusta salir de bares».

Toda una fusión de sentimientos encontrados entre la desesperación y la incertidumbre provocados por la pandemia y los mensajes de ánimo, aprecio y apoyo recibidos por parte del público asiduo. Sin duda, los segundos han vencido la balanza. «Toca hacer caso al corazón para salir adelante en lugar de mirar tanto los números que dejamos atrás. Nos ha sorprendido muchísimo ver a la gente pidiéndonos no cerrar. Ha sido como una inyección de moral. Muy emocionante», describe Martínez.

Los nueve meses de pérdidas que acumulan un agujero de unos 30.000 euros no les quitan las fuerzas de avanzar y sacar unas sonrisas a sus clientes. Ahora (después de la vuelta de sus vacaciones de Navidad, el próximo 11 de enero) se presentan unos meses cruciales en los que el Restaurante Iruña pretende seguir en pie después de trece años deleitando con sus platos: «Todavía me quedan 20 años de contrato, así que espero que permanezcamos aquí muchos más». Cámaras llenas, fogones listos… ¡ y a cocinar!

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