La Rioja

Emociones en la reapertura hostelera: «Queremos trabajar para poder pagar»

La hostelería logroñesa vuelve este domingo con sensaciones contrapuestas de «alegría» e «incertidumbre»

Nunca una vuelta al trabajo había sido tan gratificante. Volver a girar la llave, subir la verja y colocar el cartel de ‘abierto’ ha generado una emoción en los hosteleros logroñeses que jamás se hubieran imaginado. Para muchos de ellos, este domingo ha sido el día. El día para regresar a tras la barra, coger la bandeja y servir a su público de siempre que ya contaba los días para volver a tomarse ese café en taza.

Mientras sirve un par de cafés, Elisa, propietaria de la Cafetería Marbella, reconoce que «había ganas», pero todavía se está adaptando a las nuevas medidas y con la «incertidumbre» muy presente por ver cómo se desarrollan las próximas semanas y si se aplican nuevas restricciones. Fuera, uno grupo de cuatro personas ya ha estrenado el servicio de terraza y la sensación común es de «libertad». «Soy cliente de este bar desde hace 25 años y añoraba volver a sentarme en esta terraza», relata un vecino que desde primera hora de la mañana ha acudido al local.

Elisa (al fondo), propietaria de la cafetería, posa con algunos de sus primeros cliente de este domingo.

Elisa remarca que lo que les mueve a seguir adelante es el afán de «trabajar para poder pagar, tanto a los trabajadores, como la hipoteca y demás gastos». Pero a pesar de contar con una terraza ubicada en una amplia calle (Juan XXIII), asegura que «habilitar la terraza en condiciones para el invierno supone un desembolso de 30.000 euros, contando con la incertidumbre presente de que nos pueden volver a mandar cerrar. El invierno da miedo porque estamos a medio gas en el interior, sin barra y con el frío en la calle».

Francisco Javier, camarero del Café Cakao.

El desarrollo de la mañana en el centro de Logroño ha pasado de terrazas en pleno despliegue a primera hora de la mañana a calles copadas de mesas y sillas con vecinos que han aprovechado los rayos de sol para tomar el vermú, «porque el frío no acompaña y con las restricciones en el interior del local se hace complicado», apunta desde el Café Cakao el camarero Francisco Javier, quien, a pesar de todo, ha comenzado la jornada con «ilusión».

Sin embargo, no muchos establecimientos han levantado la persiana este domingo. Por la calle Laurel eran más los barres cerrados que atendiendo a la clientela, la cual se ha cruzado con varios agentes municipales que vigilaban el cumplimiento de las medidas de seguridad. «Poca gente y confusión» entre los hosteleros por las restricciones comunicadas a última hora, apuntaban algunos viandantes, pero que ya desde mayo formaban parte de la normativa, tal como ha señalado el concejal Jaime Caballero.

Por otro lado, el uso de la aplicación COVID QR, bien visible a la entrada de muchos de los establecimientos, ha generado también confusión entre algunos propietarios que desconocían la  obligatoriedad de que los clientes la usen.

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