Google Fonts

400: Too many fonts requested for Internet Explorer

Please request fewer web fonts for Internet Explorer or only the fonts which are used on this page. Older versions of Internet Explorer block and download ALL requested web fonts, whether they are used or not.

Requested (8) web fonts: Family{name=Montserrat, foundry=Google, namespace=api, version=v15} (style: normal, weight: 400),Family{name=Open Sans, foundry=Google, namespace=api, version=v18} (style: normal, weight: 800),Family{name=Oswald, foundry=Google, namespace=api, version=v35} (style: normal, weight: 400, {wght=400.0}),Family{name=Playfair Display, foundry=Google, namespace=api, version=v21} (style: normal, weight: 400, {wght=400.0}),Family{name=Quicksand, foundry=Google, namespace=api, version=v21} (style: normal, weight: 400, {wght=400.0}),Family{name=Raleway, foundry=Google, namespace=api, version=v18} (style: normal, weight: 400, {wght=400.0}),Family{name=Roboto Slab, foundry=Google, namespace=api, version=v12} (style: normal, weight: 400, {wght=400.0}),Family{name=Work Sans, foundry=Google, namespace=api, version=v8} (style: normal, weight: 400, {wght=900.0})

For reference, see the Google Fonts API documentation.

Crisis del Coronavirus

Y cuatro meses después, el silencio volvió a reinar en las calles riojanas

El silencio ha vuelto a adueñarse de las calles riojanas. Cualquier domingo a las once de la noche es complicado encontrar un alma en los ríos de cemento de la comunidad. Pero este domingo, además, es ilegal salvo causa justificada.

A las once en punto de la noche el silencio se ha convertido en amo y señor de las calles riojanas, como ya hiciera la pasada primavera. Un silencio solo roto por el quejido de las ambulancias o los pasos de los trabajadores esenciales que van y vienen. Un silencio anticipado dos horas antes por el crujir de las persianas de bares y restaurantes echando el cierre. Un silencio más incómodo que los que viajan en ascensor. La nada en la calle. Todos a casa, aquí no hay nada que ver.

Cuatro meses después, las calles y avenidas han vuelto a enmudecer con la declaración de un estado de alarma que en poco o nada se parece al decretado en marzo, salvo por la constatación de que hemos tenido que llegar a medidas drásticas para enmendar la irresponsabilidad colectiva.

Toca acostumbrarse de nuevo al silencio. A las once en casa, como el preadolescente que paladea sus primeros sorbos de libertad lejos del nido. Rompamos el silencio a golpe de responsabilidad colectiva, para que lo antes posible podamos volver a tomar las calles y las noches en casa pasen a ser una opción y no una obligación.

Subir